Narrativa

La historia de Tornactus

En la historia de Tornactus se hablaba de la soledad, de la mesa con un par de sillas, de la sala de dos piezas, de la comida enlatada, la tevé y la colección de libros de historia, de irse a la cama a cierta hora y levantarse a cierta hora también para cumplir con el horario del trabajo, recalentar la comida de la noche anterior y volver a la rutina en las aulas con alumnos aburridos de leer de la prehistoria y las grandes civilizaciones, de Máximo Modesto y Carlo Magno, de César, de Moisés, de Caín y de Abel.

Flor de abril

Cómo explicar la emoción de andar en el auto en ese tramo que les llevaba hasta quince minutos recorrerlo a pie después de las dos de la tarde, a la hora de la salida de la escuela en lo que bromeaba con los amigos de la infancia, muchos de ellos ya señores con dos o tres hijos y algunos otros, como el primo Beto, que ya no nos acompañan. Imagina, piensa e imagina, mientras un grupo de perros ladra y corre detrás del auto y lanzan mordidas a los neumáticos.

Carta a Gloria

Me gustaría contarte en esta carta, con tinta y papel, lo que he visto en casa de los abuelos, contarte de las conversaciones que he tenido con su gente, con su río, con la nutria que aún habita ahí y las garzas y las zancudas, con la ceiba gigante que ya no crece pero que cada año renueva sus hojas y regala al viento y al tiempo sus frutos y semillas.

De gatos y rasguños

Bueno, como sea, era un gato y fue en la época de la onceava plaga que azotó a San Juan: la plaga de las garrapatas. Algunos dicen que la plaga llegó porque la esposa de Felipe Pérez había regalado a su hijo a otra familia, otros dicen que estaba asociado a la locura de María y que era uno de sus conjuros. Yo creo que fue por la canícula de verano.

Te daré un corazón

—Es mi amada, pero no la amo —respondió.

Esa respuesta me tomó por sorpresa. ¿Cómo podía ser?

—Al inicio creí que lo hacía —agregó el hombre—, pero el tiempo me reveló mi error. Nunca la amé. Amo verdaderamente a otra. A ella le reservo mi corazón.

—¿Y por qué si no la ama le debe dar un corazón? — las palabras me salieron quebradas, incrédulo totalmente.

Plenilunio

Pasaban tantas cosas por mi mente: ¿y si el rehén hablaba del barbero que les pasa información y los acompañó con la bruja que bien conoce Torres? Tampoco sé si ella guarda el secreto de quienes van a cruzarse… Si seguía pensando iba a enloquecer antes de que apareciera el capitán y me llenara de plomo. Lo mejor que me quedaba por hacer era tener mis navajas listas por si tuviera que utilizarlas para defenderme, las saqué y acomodé en el mostrador.

El espanto

El que jugaba conmigo a las canicas en el patio, se fue al ver que a mi casa algo malo había llegado. A poco de entrar me quedé inerme, flotando en mi propio miedo, sosteniéndome solamente por el ruido de las patas de los caballos. Mi padre inició un ardoroso cuchicheo, tal vez para regresar la realidad que se nos había escapado.

Los Gemelos y el Garrobo

Lo sucedido aquel aciago Sábado de Gloria también marcó el principio del fin de la vida de Germán y Vicente, aquellos niños de la sandía, que sólo por querer saborearla se encontraron con la fatalidad que no pudo impedir la curandera con sus oraciones fervorosas y rociadas de agua bendita en todo el cuerpo.