El niño que quiso ser águila
—Algunas veces viene, en sueños, a visitarme, pero últimamente menos —dijo la madre, con los ojos tristes y la voz quebrada.
—Algunas veces viene, en sueños, a visitarme, pero últimamente menos —dijo la madre, con los ojos tristes y la voz quebrada.
Y caminaban. Pero el desierto es largo, casi eterno. Y los pies se hacen yunques, el sopor asfixia.
Cuando uno mata se pierde para siempre, ya no existe lugar al que uno pueda ir o estar en paz.
Respire profundo. Aspire. Sáquese el corazón con extremo cuidado…
Soy el eco repetido de otro eco en la memoriasoy la historia del olvido de la vida desgastadasoy la azada
Olvidé las matemáticas. Comenzamos a comunicarnos, algunas veces a silencios.
Yo era sordo, yo era mi perro muerto que tenía un machete, yo no era yo, era él, mi perro ahorcado, mi perro amarrado de patas y de boca, yo era él.