Recobrar
Los fantasmas caminan / para reconocer el fuego. / Sólo tiempo inerte / fulmina las entrañas / de la ciudad vorágine.
Los fantasmas caminan / para reconocer el fuego. / Sólo tiempo inerte / fulmina las entrañas / de la ciudad vorágine.
Uso la tinta / para reciclar / mis demonios / y sus consecuencias. / Se posan contundentes / en cada verso, / en el andar, / en los sueños…
Ahí descubrí con terror que el verano era ese monstruo hambriento que insistentemente, desde mayo hasta septiembre, buscaba devorarnos. Lo sé, viví su furia desesperada y percibí su estómago hambriento, sus gritos aterrorizantes y también sentí en el suelo el golpe amenazante de su furia.
Sentado en la esquina del espacio que se sumerge en las entrañas subterráneas de aquel que engulle distancias tiempo
En la historia de Tornactus se hablaba de la soledad, de la mesa con un par de sillas, de la sala de dos piezas, de la comida enlatada, la tevé y la colección de libros de historia, de irse a la cama a cierta hora y levantarse a cierta hora también para cumplir con el horario del trabajo, recalentar la comida de la noche anterior y volver a la rutina en las aulas con alumnos aburridos de leer de la prehistoria y las grandes civilizaciones, de Máximo Modesto y Carlo Magno, de César, de Moisés, de Caín y de Abel.
Clavados en él / el misterio que dibuja tu sonrisa, / la luz iluminada en tu voz, / aventura dibujada en tus pupilas.
Cómo explicar la emoción de andar en el auto en ese tramo que les llevaba hasta quince minutos recorrerlo a pie después de las dos de la tarde, a la hora de la salida de la escuela en lo que bromeaba con los amigos de la infancia, muchos de ellos ya señores con dos o tres hijos y algunos otros, como el primo Beto, que ya no nos acompañan. Imagina, piensa e imagina, mientras un grupo de perros ladra y corre detrás del auto y lanzan mordidas a los neumáticos.
entramos al agua / y somos felices / y la poesía desaparece / ¿para qué tantas palabras? / si el sol es feliz, / si la piedra ríe con nosotros / y supura espasmos de dicha
Cambia el mundo luego de tres sonrisas. / Ambiguo es, ahora, cada movimiento. / Supone un destierro consensuado / dejando de lado la palabra.
Me gustaría contarte en esta carta, con tinta y papel, lo que he visto en casa de los abuelos, contarte de las conversaciones que he tenido con su gente, con su río, con la nutria que aún habita ahí y las garzas y las zancudas, con la ceiba gigante que ya no crece pero que cada año renueva sus hojas y regala al viento y al tiempo sus frutos y semillas.