Tocata del derrumbamiento
Penosamente se abren los telones del día,
al dispersarse profieren anónimos lenguajes;
la destrucción en pruritos devastadores
encumbra en retablos donde la ternura
segrega anodinas intenciones.
La miseria en solaz argumento penetra la sangre,
la monstruosidad del hambre es una tempestad
de infaustos artificios. El hombre yace sobre urentes
algarabías, magnifica los ecos Beligerantes
en acordes de una sonata deletérea.
El estruendo de las horas se acumula en vidriosas
impiedades, transcribe requiebros en delirios ulteriores.
Pátinas de la dialéctica propugnan gritos
que disipan los perfiles de la respiración,
encarnan en el vuelo de misiles que provocan
el derrumbamiento de apócrifos arcángeles;
monseñores abatidos acallando sus alas
sobrecogidas por el miedo;
acaece su llanto en claroscuros movimientos.
Soy el hombre, origen, bestia-hermano,
tu Caín sempiterno. Leviatán regocijado
ante los páramos de la desolación,
ante los cadáveres que ornamentan los límenes
de asolados muros…
Por:Eduardo H. González
