La toma de Tenochtitlan, «una de las mayores crueldades que se han hecho en esta tierra»
Hace 500 años, el 13 de agosto de 1521, “día que era de San Hipólito Mártir”, “hiciéronse este día”, cuando
Hace 500 años, el 13 de agosto de 1521, “día que era de San Hipólito Mártir”, “hiciéronse este día”, cuando
Como oaxaqueños que somos, o yo sintiéndome oaxaqueño, tal vez somos cabezas duras. Conservadores de nuestra belleza y al mismo tiempo el respeto a la naturaleza y a los dioses. Quizá soy muy tonto o cabeza dura, pero decidí vivir aquí, así. Y ofrecer la belleza de los oaxaqueños, de las oaxaqueñas.
José Ángel Santiago (Juchitán, Oaxaca, 1990) ha expuesto en el Museo de Arte Carrillo Gil, el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca y en diversos museos y ciudades mexicanas, así como en Inglaterra, Marruecos, Estados Unidos, Vietnam, Indonesia y Tailandia. En 2017 residió en la Villa de Arts de Rabat, Marruecos, donde curiosamente aprendió sobre el color, porque su obra era monocromática. Su trabajo puede apreciarse en distintos formatos y técnicas, el dibujo, el óleo y el fresco, la creta y la sanguina. Recientemente obtuvo el Premio de Nueva Pintura Mexicana en Reino Unido.
A las mujeres se nos pide que nos quedemos quietecitas, que no hagamos ruido, que cerremos las piernas cuando nos sentamos para que no se nos vean los calzones cuando somos niñas y que las cerremos para no embarazarnos cuando somos jóvenes. También se nos pide que no hablemos fuerte, ni mucho, ni muy rápido. Se nos pide que pensemos antes de hablar, que lo que hablemos sea hilado, que tenga sentido, coherencia, que sea lógico, sensato. Algunas se tragan el cuento completo, otras nos lo tragamos un poco y muy pocas no se lo tragan para nada.
Enseguida pensé en Pola. Quizá a Pola le encantaría ver esta luna como rojiza, este paisaje de cerros con divisiones de cercas vivas, árboles de cocoite, mulato, bojón, frutales, todo verde. Quizá le habría gustado venir de copiloto disfrutando de la caída de la noche, tomando quizá un café que habríamos comprado kilómetros atrás, o de una cocacola, no lo sé, pero quizá le habría gustado.
Las madres nos cansamos y nos hartamos. Algunas tenemos el lujo o privilegio de descansar de vez en cuando, pero muchas otras no, y tienen que hacer de su vida cuadritos. Mientras un estadio más idóneo no ocurra, sería bueno al menos abrir las mentes y la escucha para permitir a las mujeres hablar de su ambivalencia o de su arrepentimiento sin culpa, sin hacernos sentir seres abominables y raros.
Cada palabra habla en ‘Tu’uk ayuujk’. No sólo nombra el mundo material, a la par da cuenta del entorno geográfico, de la variada tierra, de la manera como se vive la música, de lo que se siembra y se bebe. Habla del ocote y la madera, de la importancia del trabajo y del descanso. Del tiempo. De las dificultades y las formas que tienen para hacerles frente. Del bienestar. De los días y las noches en Ayutla, comunidad a la que el autor describe a través de la palabra lluvia.
‘Toledo ve’ reúne piezas que van desde el dibujo y el grabado hasta la acción comunitaria, la gráfica intervenida y la elaboración de objetos en piel, plata, textiles, vidrio y fibras naturales, además de joyería elaborada con piel, cuero y oro, e inspirada en la fauna local del Istmo de Tehuantepec, con animales como cangrejos, monos, peces, chapulines o saltamontes, perros y lagartos.
Nos pidieron cavar nuestras propias tumbas. / Nos tenían cavando. / Nos orinaron encima, nos prendieron fuego. / Ni siquiera se molestaron en quemarnos por completo.
Hace una semana murió mi padre. Y ahora, aquí, en la soledad de su cuarto, reviso sus cosas. Veo su cama tendida, sus zapatos gastados, el sombrero que usó por años; tristes objetos inanimados que despiertan recuerdos: mi padre bajo el inclemente sol arando la tierra o almorzando bajo la sombra de un árbol.