Crónica potosina
Habíamos ignorado a un muchacho
con ojos de barranco.
Nos habíamos balanceado en la orilla clara: esa era
la forma última de hacer, que es morir.
Cómo por los pasillos andábamos diciendo “no sé
quién soy, de dónde vengo, a dónde voy”
con la voz posada en la orilla de la nariz,
atorándose en las fosas.
Nos pidieron cavar nuestras propias tumbas.
Nos tenían cavando.
Nos orinaron encima, nos prendieron fuego.
Ni siquiera se molestaron en quemarnos por completo.
¿Cómo se disuelve un cuerpo?
¿Cómo, por los cerros,
andábamos buscando?
Quiero encontrar todo lo inédito.
Qué ha vivido el corazón de un hombre
para ser capaz de esto.
Qué ha vivido el corazón de un hombre
después de las barbaries cometidas.
Cómo arranca un trozo de tortilla
para pizcar un poco de frijol,
con qué gusto se lo mete a la boca,
y aspira por la /iːʂ/ de lo picante,
o lo doloroso.
Quiero meterme en su corazón de paja.
Bailar banda en la angostura de la mesa.
Amarlo.
*
(después de Todo,
de Alexander Hutchison)
en los tejados
en los tinacos
ámense, ámense
en los montes
en las cruces
ámense, ámense
en las asambleas
en las escoltas
ámense, ámense
en el cemento
en los nogales
ámense, ámense
en Wiricuta
en las minas
ámense, ámense
en los blindados
en los chalecos
ámense, ámense
en los nopales
en los Oxxos
ámense, ámense
en el guajillo
en la argamasa
ámense, ámense
en la jarana
en los sintes
ámense, ámense
en Matehuala
en Valles
ámense, ámense
en huracanes
en terremotos
ámense, ámense
en el agua
en los bailes
*
Tenemos el recuerdo de haber estado aquí antes,
de haberlo recorrido a caballo
sintiendo confianza en sus pezuñas
en su manera de balancearse
por los senderos junto al barranco de los muertos
flanqueando el cerro quemado
