Cuando la utopía aprendió a leer
Silvio Rodríguez: Mi primera tarea
Si existe un momento en la historia moderna donde la utopía se sentó a escribir en un cuaderno, fue durante la Campaña de Alfabetización de 1961 en Cuba. En este material documental, el cantautor Silvio Rodríguez no habla desde el pedestal del mito, sino desde la memoria de un adolescente de 14 años que, por primera vez, dejó la seguridad del hogar para enfrentarse a la “realidad pura y dura”.
El documental es una pieza de una honestidad sobrecogedora. Silvio narra cómo pasó de ser un estudiante de ciudad a convertirse, de golpe, en maestro, partero improvisado y testigo de un país en guerra. A través de su testimonio, la alfabetización aparece no solo como un proceso educativo, sino como un choque cultural profundo, casi sísmico.
Hay una escena reveladora cuando recuerda haber descubierto que sus alumnos campesinos no sabían que la Tierra era redonda. Ese instante condensa el dilema central del documental: ¿cómo enseñar a leer sin mundo?, ¿cómo alfabetizar cuando antes hay que explicar dónde se vive? A partir de ahí, la experiencia deja de ser pedagógica para volverse humana, incluso filosófica.
Más que insistir en el contexto político, Mi primera tarea opta por algo más elocuente: encarnarlo. La Revolución no se discute, se vive en el hambre, en los días de arroz con manteca, en los mangos arrancados a kilómetros de distancia, en la marca tóxica del guao sobre la piel. Detalles mínimos que dotan a la narración de una textura casi literaria y evitan cualquier tentación épica fácil.
El documental sostiene, sin subrayarlo, una de sus ideas más potentes: quienes más aprendieron fueron quienes enseñaban. Silvio reconoce que aquella experiencia amplió su manera de entender el mundo y lo vinculó, para siempre, con una forma de crecer como ser humano. La pobreza del campo le reveló que la suya, en la ciudad, no lo era tanto; que la supervivencia cotidiana tiene un peso que no se aprende en los libros.
Así, Mi primera tarea resulta fundamental para comprender la génesis de la sensibilidad de Silvio Rodríguez. Aquí no está el músico de las grandes plazas, sino el muchacho que aprendió lo que cuesta sembrar una malanga, lo que pesa un farol en la noche y lo que significa hacerse responsable de otros.
En el fondo, el documental es una reflexión sobre la formación del carácter y sobre cómo una experiencia temprana puede orientar una vida entera: el deseo de aventura, la vocación de servicio, la necesidad de lanzarse al mundo para comprenderlo. No idealiza a la juventud, pero la entiende bien: cuando hay tareas grandes y nobles, responde; cuando no, se pierde en miserias pequeñas.
Hoy, en tiempos de cinismo y desmemoria, Mi primera tarea recuerda algo que parece subversivo: que educar puede ser una epopeya y que la cultura no nace en los salones, sino muchas veces en el barro, el hambre y la intemperie. Todo comienza con un cuaderno, un lápiz y un farol encendido en medio de la noche.
El documental se encuentra en el canal de YouTube de Maestra Productions.
Duración: 25 minutos.
