Me lo mataron, jefe, me lo mataron
Yo era sordo, yo era mi perro muerto que tenía un machete, yo no era yo, era él, mi perro ahorcado, mi perro amarrado de patas y de boca, yo era él.
Yo era sordo, yo era mi perro muerto que tenía un machete, yo no era yo, era él, mi perro ahorcado, mi perro amarrado de patas y de boca, yo era él.
En las zonas cañeras del país, la zafra no es solo una temporada agrícola. Es un tiempo que altera rutinas, cuerpos y destinos. En ese engranaje, todavía hoy, niñas, niños y adolescentes quedan atrapados en una lógica que normaliza lo inaceptable: trabajar antes de tiempo.
Nunca me ha quitado el sueño el hecho de pertenecer a las minorías. Nací con mis defectos, son mis defectos, amo mis defectos. Soy zurda y vivo en un mundo de diestros.
Las mujeres, principalmente, son ese títere mutilado que se manipula por la sociedad. Pinocho, por otra parte, personifica la falacia. A lo largo de sus textos, la autora nos hace disfrutar, e incluso estremecernos, con su elegante prosa.
Quién sabe si Ana Arcos
sea una malla paramétrica
La reforma política-electoral es pertinente y necesaria. Compararla con el fascismo es una analogía forzada que ignora la historia, la teoría democrática y la realidad mexicana.
Sara más amarás reúne las cartas que Juan José Arreola escribió a su esposa Sara López: un retrato honesto del amor cotidiano, con miedos, carencias y silencios, lejos de la prosa idealizada y más cerca de la vida real.
República del excremento, una obra germano-latinoamericana sobre migración, frontera y cuerpo, se presenta el 27 de enero en la Universidad Autónoma Chapingo.
Necesitaba morirse. Sí, él quería morirse, y no lo culpo. Por eso lo maté: porque me lo pidió, porque me lo suplicó.
Todo ocurría bajo la atmósfera del metro de Ciudad Monstruo, en sus entrañas, junto a la agonía de un año que terminaría en unas horas.