De gatos y rasguños

Bueno, como sea, era un gato y fue en la época de la onceava plaga que azotó a San Juan: la plaga de las garrapatas. Algunos dicen que la plaga llegó porque la esposa de Felipe Pérez había regalado a su hijo a otra familia, otros dicen que estaba asociado a la locura de María y que era uno de sus conjuros. Yo creo que fue por la canícula de verano.

Al forjador de ilusiones

Todas estas vivencias sumaron siete años de magia, de ilusión, de transformación. Siete años en los que descubrí que la vida no es cuadrada ni redonda; que hoy puedes ser esto y mañana aquello y, claro, sin dejar de ser tú. Aprendí que la vida puede vivirse con innumerables matices y, gracias al maestro, me permití vivir casi todos: reí, lloré, amé, grité, canté, disfruté, brinqué, enloquecí y, en cada papel, descubrí un poco más de mí. Y me asumí, me acepté, aprendí a vivir conmigo, lo que a veces no resulta del todo tarea fácil.

«Bixhia», la huella de lo cotidiano

«Crecí rodeada de textiles, mi madre fue costurera del barrio de Vixhana, donde se elaboran los tanguyús, estas muñecas de barro decoradas de colores vivos. En mi familia se dedicaron a varios oficios: carpinteros, campesinos, cocineros. Entonces, esto es como trabajar el telar, la cerámica, recordar los peces…»

Te daré un corazón

—Es mi amada, pero no la amo —respondió.

Esa respuesta me tomó por sorpresa. ¿Cómo podía ser?

—Al inicio creí que lo hacía —agregó el hombre—, pero el tiempo me reveló mi error. Nunca la amé. Amo verdaderamente a otra. A ella le reservo mi corazón.

—¿Y por qué si no la ama le debe dar un corazón? — las palabras me salieron quebradas, incrédulo totalmente.