Inexistencia
Todos olvidan que existo,
quizá existo,
y también lo olvidé.
Nadie se da cuenta de que existo sin existir;
nadie se fija en que me extingo,
que me seco,
me deshojo,
me marchito
y se me van lavando las horas en la rutina diaria,
se diluyen,
en ratos, en días, hacen efervescencia
y calman las aguas del tedio por momentos
o alborotan las llagas humorales que cargan tanto a cuestas,
pero aun así las horas se diluyen, como sal en el mar, se diluyen,
y yo me voy diluyendo también,
me voy desvaneciendo como la neblina, pero yo no soy blanca neblina, yo soy neblina gris, casi borrasca y al alba me vuelvo incorpórea, etérea
porque me resisto a ser
lo que quieren que sea,
lo que no puedo
ni quiero ser;
y me resisto a hacer
lo que no deseo hacer;
y soy lo que soy, pero para ellos no soy;
hay tribulación en mi alma,
hay tribulación en mi corazón,
hay tribulación en mi pensar,
hay lucha dentro de mis huesos y mi piel,
por mí, contra mí, contra todos;
porque quiero ser libre
como un ave, libre:
libre de ser,
libre de hacer
y deshacer;
mas nadie me deja ni me dejo ser y me vuelvo invisible, intangible;
ya no soy lo que soy,
ya no soy lo que era,
ya no soy lo que fui;
y quizá, tal vez jamás ,
vuelva a ser;
quizá tan solo me vuelva un lejano recuerdo, tan lejano que, en una de esas, alcance la inexistencia
y logre un día,
un día, desaparecer…
