Poesía

El día que Hulk dejó la Tutsi Pop

Para Ana

Cinco años de calma,
un plato hecho migajas.
La silla contra el piso,
yo sin saber parar.

Mi cabeza no respondía,
perdí el control sobre mis manos.
La sangre hervía por dentro,
la paz se fue a dar un paseo.

Era mi propia sombra,
nombrada así por Carl Jung.
En lo más profundo de una caja
contenida, entretenida.
Lamiendo una Tutsi Pop.

Primero mi esposo,
después mi hermana.
Ambos se acercaron sin juzgar.

No sé en qué momento
me perdí en la oscuridad.
Cerré los ojos suavemente
mientras mi hermana me abrazaba.
Respirábamos juntas.
Solo podía sentirla a ella,
su contacto trayéndome de vuelta.

Respiré de más
hasta quedarme vacía.
Mi herida sanaba
mientras juntábamos los pedazos.

No me reconocí ese día,
pero sí reconozco esta culpa
que pesa y que enseña.

Pedir perdón no arregla la silla,
pero me ayuda a sentarme
de nuevo conmigo, en calma.

Tampoco me devuelve el plato roto,
sus miles de pedazos
parecían nieve en el suelo.
Verlos juntos sobre el recogedor
me demuestra que hay esperanza.

Recupero el control.
Me abrazo, me acepto.
Vuelvo a esta hoja
donde Hulk también aprende
a quedarse quieto.

Mayu Montero

Soy María Lucía Montero Rubio, aunque todos me dicen Mayu. Nací en Mérida, Yucatán, el 16 de mayo de 1986. Soy hija, esposa, hermana, amiga y, desde hace ocho meses, madre. En la escritura encontré una forma de desconectarme del mundo y de convertir mi creatividad en palabras. Escribo para que otras personas puedan reconocerse en lo cotidiano: en lo vergonzoso, en la culpa, en el caos de ser humanos. Escribo, también, como una manera de decir sin decirlo: no estás solo.

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