Narrativa

Corriente abajo

Aquí estoy hoy, tembloroso y frío, escondido en el monte como una rata, a la sombra de los pinabetes, al resguardo de la lluvia.

Dijeron que iban a matarme, yo sé que eso dijeron porque los escuché mientras huía, porque me quemaron mi casa y me mataron a mis animales y yo les maté a sus esposas y a sus hijos. Y ellos dijeron que iban a matarme, que ellos iban a matarme.

Por eso llevo tres días aquí, comiendo malvas y mariposas y víboras; por eso sigo en el monte, espiando desde lo alto de los pinos que no vengan, pero en el fondo sé que ellos vendrán, porque ellos dijeron que iban a matarme como yo maté a sus parientes. Dijeron que iban a venir y tengo miedo de que vengan, porque van a matarme y yo no quiero morirme y ya tampoco quiero matar.

Por eso no duermo, por eso no hago lumbre, por eso me inyecto veneno de alacrán y me unto cardanchi en las patas y savia de cardo en los ojos, para no dormir, para que los párpados no se me cierren. Por eso, a fuerza, trago quelites y yerbasanta, para amargarme la lengua y poder velarme solo, con el machete y la pistola a la mano, porque tengo miedo.

Pero ellos tuvieron la culpa. Si no hubieran quemado mi rancho, si no hubieran matado a mi Enriqueta primero, no hubiera habido necesidad de andar así. Pero ellos lo hicieron y me la mataron. Y yo tuve que matar a sus gentes, ni modo que dejara las cosas así, no hubiera podido con el remordimiento.

Y ya sé que van a venir, que me están cazando, que me van a matar entre todos. Porque a veces escucho sus caballos a lo lejos, oigo que se preguntan si me vieron, porque yo ando en las cuevas y oigo el eco de sus voces que dicen: “Vamos a matarte, Nicolás, te vamos a matar”. Primero los oía lejos, pero cada día los oigo más y más cerquita, como si los mirara a todos enfrente de mí, los sueño despierto, con sus caras hoscas, llenas de rabia, con sus cuchillos y sus fusiles frente a mi cara, con sus venas negras llenas de odio, rechinando los dientes: “Te vamos a matar”.

Y yo no quiero morirme, me da miedo morirme. Porque cuando yo maté a los que maté, supe que el que mata está matando algo de uno mismo, como si se cortara uno una mano o un ojo, porque cuando uno mata se desintegra, se deshace un poco de uno mismo. Por eso ya no quiero matar, porque conozco a la muerte, porque la he visto a los ojos, porque la siento adentro, guardada en mi garganta, porque ella misma me repite: “Te van a matar, Nicolás, te voy a matar”.

Pero ellos vienen, lo sé. Sé que están demasiado cerca, porque no les importa que llueva, porque a ellos les urge matarme y yo estoy escondido aquí como una rata, debajo de estos árboles, temblando de frío y de miedo. Y el miedo se huele, el miedo se cuela en el agua, se va corriente abajo, donde ellos están, y van a saber que estoy aquí, y van a venir a matarme y yo tengo mucho sueño, estoy tan cansado de correr, de esconderme, y ellos van a venir a matarme y yo no quiero morirme, no quiero.

El Fortino

Soy originario de Vicente Guerrero, Durango, México. Tengo la edad de 37 años. Egresé de la Universidad Autónoma Chapingo en el año 2013, donde cursé una licenciatura en Economía Agrícola. Me han publicado en algunas revistas como 'Salmón', 'Cisne', 'Nocturnario', 'Herederos del Caos' y, recientemente, en 'Trinando' y en 'Puerta Blanca Ediciones'. En el mes de julio obtuve una mención honorífica en el Premio Nacional de Poesía Infantil Becky Rubinstein 2022. En 2018, fui seleccionado para una compilación del Concurso Nacional de Cuentos Campiranos Marte R. Gómez, de la Universidad de Chapingo.

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