Crónica

Rogelio Naranjo y Carlos Monsiváis en Chapingo

I. Le puedo decir a Carlos Monsiváis que hable, me dijo Rogelio Naranjo, cuando le pregunté si nos podía dar una plática de su obra, en la inauguración de la exposición de sus dibujos en Chapingo. Esto fue en su casa ubicada en Coyoacán, cuando fui a recoger los dibujos que nos prestó.

En 1987 yo era estudiante de sexto en el Departamento de Fitotecnia, y nuestra generación organizó la “Semana de la hierba”, con actividades académicas, deportivas y culturales.

Fui a la Dirección de Difusión Cultural para comentar lo que nos interesaba. Ellos hicieron los contactos y me avisaron qué día tenía que ir. Un chofer de la Universidad me llevó. Yo estaba emocionado de tener en mis manos la obra de ese destacado caricaturista. Le agradecí su generosidad para apoyarnos. Regresamos a Chapingo.

II. Al cruzar las vías del tren, se encuentra la caseta de vigilancia para ingresar a Chapingo, luego el periférico y el edificio con patas, donde inicia la calzada de los agrónomos ilustres. A un costado del edificio está el Auditorio Emiliano Zapata, que en los años ochenta se llamaba Auditorio Esmeralda. El vestíbulo del auditorio tiene ventanales de metal y cristal por ambos lados, y alfombra en el piso.

En ese fin de semana las mamparas de madera estaban recién pintadas de blanco. Artemio Rodríguez era un joven de primero de prepa que dibujaba muy bien, realizó carteles para actividades culturales y también mantas para las manifestaciones estudiantiles. Entre Artemio y yo distribuimos los dibujos, que tenían un marco de cartón negro llamado marialuisa. Las mamparas estaban dispuestas en forma triangular y sobre ellas colocamos dos dibujos, de las alrededor de cuarenta piezas. Cada dibujo se apoyaba sobre pequeños clavos que íbamos poniendo, y enfrente, un vidrio de alrededor de 40 x 60 cm.; al final colocamos otros dos clavitos arriba del vidrio. Se sacó un volante para invitar a la comunidad universitaria.

El lunes llegaron puntuales Rogelio Naranjo y Carlos Monsiváis, caminaron entre las mamparas, subieron al estrado del auditorio y se sentaron frente al micrófono que estaba en una mesa de madera. El Jefe del Departamento de Fitotecnia haría la inauguración de la exposición y presentaría a los invitados, pero como no llegó, subí y de pie dije algo muy breve para darle la palabra a Carlos Monsiváis.

Monsiváis, de manera magistral, comentó los dibujos de Rogelio Naranjo, la importancia de atreverse a reír de las frases de los políticos, incluido el presidente de la República, en una época en la que eran intocables.

Habló también de las condiciones de miseria de la población del campo y la ciudad, y de cómo los lectores del semanario Proceso muchas veces comenzaban su lectura después de haber visto la caricatura de Rogelio Naranjo.

Al final de la plática hubo un diálogo con los maestros y alumnos. Después recorrieron la exposición, comentaron las caricaturas y rieron.

III. Ahora que han pasado los años, recuerdo a los personajes de este relato. A Monsiváis lo escuché cuando presentó al poeta José Emilio Pacheco y al argentino Juan Gelman, en una lectura de su obra, en el entonces Distrito Federal. Monsiváis fue el intelectual más conocido en su tiempo, por hacer una colaboración en el noticiero televisivo más visto en los años 80 y 90.

Fui a una expo de la obra de Naranjo en un museo de la UNAM en la Ciudad de México.

Artemio Rodríguez es ahora un artista del grabado, con mucha actividad. En 2019 fui a una expo suya en un recinto cultural de Morelia, y a su galería en Pátzcuaro, Michoacán.

Andrés Zurita Zafra

Nació en San Mateo Tunuchi, Oaxaca, en 1965. Egresó de la Universidad Autónoma Chapingo en 1988. En 2003 publicó el poemario 'Deshuesadero', bajo el sello de Molino de Letras. Actualmente reside en Tláhuac, Ciudad de México.

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