LiteraturaNarrativa

Soneto senecto Soneto sin son

Soneto senecto

Cuando apenas me puedo el esqueleto, el tiempo se me va volviendo escaso y se me acorta cada día el paso, me ha dado por meterme en el soneto. Derrengada y audaz, acepto el reto de los catorce versos en mi ocaso. Si en los endecasílabos fracaso no ha de ser en la rima, me prometo. Duro y estrecho me resulta el traje que holgado y suave fue en mi juventud: soneto y vida van del mismo modo. Y sé, al llegar al último recodo, parada en el umbral del largo viaje, que será estrecho y duro el ataúd.

Soneto sin son

Ando con un soneto atravesado, se me van las palabras al olvido: tristes aves que no encuentran su nido en hostiles desiertos desolados. Voy buscando silencios y sonidos por rumbos conocidos y olvidados para hacer mi soneto malhadado que no sabe cantar sino hacer ruido. Las voces espontáneas no aparecen ni la rima gentil a mí se acerca ni mis invocaciones a Quevedo sirven de nada porque ya no puedo con estos versos. Y aunque soy muy terca estas vanas porfías no florecen.

Por: Ligeia Balladares Saavedra