Giros para zurdos y diestros
Yo no sé de mi infancia más que un miedo luminoso
y una mano que me arrastra a mi otra orilla
Alejandra Pizarnik
Menos vida, más felicidad para festejar mi mundo al revés. Soy una perforación en la cuchara, con lo lento dejé al olvido las canicas y mis huesos rotos. Soy zurda pensando, reconociéndome miedosa, pero valiente, pero distinta.
Hace años me costaba escribir, hacer letras derechitas y redondas, en cada línea sentí el lápiz cincuenta veces más pesado, lo intenté, fue un reto quitar mi listón azul de la mano izquierda, gastar mi tosferina.
En momentos intento ser diestra: se siente como tener miedos y vencerlos. Es el mundo que gira, da vueltas, duelen los dedos, se entumen, la mano tiembla, se adormece, tiene sed, es rueda de párrafos, intenta una vida de ensayo y error.
Escribir y quebrarme el diente, olvidar cajitas de sonidos pálidos, quitarme kilos con acupuntura en días disparejos, repetirme en distintos sitios. Cansa ser normal, hagamos del instante garabatos, enredemos ángulos de latas borrosas.
Pretende ser zurdo, zurda; intenta, se siente —cómo decirlo— se siente habitar otro mundo, habitar el viento vivo, muerto, habitar vagabundo por el agua, habitar libremente la propia ciudad.
