Julio Macossay y la ética de la lucha popular
Julio Macossay Vallado, luchador y activista social, rebelde e independiente siempre, falleció el 7 de mayo de 2006, a los 54 años.
En aquel mayo de 2006 acababa de suceder la bárbara y feroz represión policiaca PRI-PANISTA-PERREDISTA contra las y los pobladores de San Salvador Atenco, que hasta hoy, 20 años después, continúa impune.
Continuaba con fuerza la “otra campaña” zapatista y de muchos pequeños grupos por todo el país, que denunciaba a las elecciones como una opción que no llevaría realmente a ningún cambio significativo para el pueblo trabajador.
Las elecciones presidenciales de julio de aquel año, terminarían con un fraude enorme orquestado por el gobierno federal con el PAN y el PRI y con la imposición de la presidencia que encabezaría hasta 2012 el panista Felipe Calderón; grupo que profundizó el neoliberalismo y la corrupción de los gobiernos e inició el terrible ciclo de violencia que hasta hoy sufrimos, con miles de personas muertas y desaparecidas y siguió entregando las riquezas nacionales a las corporaciones internacionales y nacionales.
La fuerza social del PRD y del movimiento que encabezaba López Obrador no fueron suficiente para derrotar a las fuerzas políticas neoliberales desatadas y dispuestas a todo para continuar en el gobierno.
La resistencia al fraude no fue suficiente y continuó empeorando el neoliberalismo en el país y la entrega a los más oscuros intereses internacionales y del imperialismo estadounidense.
El país todo y el pueblo trabajador siguieron empeorando paso a paso. La imposición y las maniobras oligárquicas e imperiales permitieron que en 2012, con la compra masiva de votos y a pesar del gran movimiento nacional cívico-estudiantil “Yo Soy 132”, se impusiera el PRI con Enrique Peña Nieto, del Grupo Atlacomulco de la oligarquía mexiquense, construido como político local y nacional por Televisa desde 2005, cuando en elecciones manipuladas se impuso como Gobernador del Estado de México y desde ahí construiría su candidatura a la presidencia, que lograría imponerse en 2012.
El PRD se entregaba al PRI y al PAN e iniciaría su debacle y desaparición en 2024.
En septiembre de 2014 se dio una brutal represión contra jóvenes normalistas de Ayotzinapa en Iguala, Guerrero, con saldo de 6 muertos, decenas de heridos y 43 muchachos desaparecidos (impune hasta hoy), mientras continuaban las desapariciones de decenas de miles de personas por todo el país y la violencia del crimen organizado y el narco, con una enorme corrupción e ineficiencia de los gobiernos federal, estatales y municipales y los aparatos judiciales federal y estatales.
La resistencia social se mantenía con grandes dificultades por todo el país, el zapatismo continuaba su camino de autonomía e independencia ideológica, política y económica contra viento y marea.
Morena, bajo el liderazgo de López Obrador, creado como asociación civil en 2011 se convirtió en partido político en 2014 y creció impetuosamente hasta ganar claramente la elección presidencial de 2018, aprovechando y capitalizando el enorme descontento social generalizado contra los partidos y los gobiernos neoliberales.
El zapatismo lanzó en 2017 una campaña nacional encabezada por Marichuy Patricio, vocera principal del Congreso Nacional Indígena, para construir una candidatura presidencial independiente, realmente alternativa a las candidaturas de los partidos registrados tradicionales y de Morena, que no logró crecer lo suficiente ni lograr el registro legal. Se juntaron 282 mil firmas de aval para el registro, pero se necesitaban 750 mil firmas.
Morena y López Obrador capitalizaron el descontento popular profundo y enorme de 2018.
El gobierno de López Obrador y Morena, de la llamada “Cuarta Transformación”, gobernó hasta 2024 con amplio respaldo social y fuertes y fallidas campañas de las derechas partidarias y oligárquicas y del mismo imperialismo estadounidense. Ganaron claramente las elecciones presidenciales de ese año con Claudia Sheinbaum, instaurando lo que llaman el “segundo piso de la 4 T”, que mantiene las mismas políticas obradoristas, social-demócratas, desarrollistas, que brindan algunas mejoras económicas y políticas, aunque insuficientes.
Las opciones políticas de la izquierda social, anticapitalista y socialista, han enfrentado todo tipo de obstáculos y problemas, pero se mantienen resistiendo como pueden.
20 años después Julio sigue vivo, presente y actuante en las luchas populares de la península y del México de hoy, por su ejemplo y compromiso con éstas, pero sobre todo por su sensibilidad, su consecuencia y sus métodos de lucha y acción.
Seguramente continuaría siendo parte activa de la izquierda social socialista, consecuente con toda su trayectoria.
Julio se sumó a la lucha social popular a los 22 años. 3 años lo hizo en y desde Campeche, de 1974 a 1977. 22 años en Yucatán, desde Mérida, de 1977 a 1999 y 7 años en Quintana Roo, desde Playa del Carmen, de 1999 a 2006.
Se sumó y participó en múltiples movimientos sociales obreros, populares y campesinos, principalmente con sindicatos independientes obreros, por medio de la asesoría legal y jurídica que brindaba como abogado, sumando sus esfuerzos y talentos sin acaudillar, analizando los hechos y circunstancias, las fuerzas sociales en movimiento, las relaciones entre dichas fuerzas, aconsejando sobre las maneras y caminos para lograr los intereses y satisfacer las legítimas necesidades, participando siempre junto con los dirigentes y comisionados en negociaciones con patrones y gobiernos, respetando profunda y efectivamente las maneras populares de pensar, expresarse, analizar y organizarse, sin imponer ni abusar de su presencia y prestigio, convencido que la emancipación popular solo puede ser obra de la misma gente consciente y actuante.
Asesoró a sindicatos independientes (algunos cuantos de la CROC, aunque por corto tiempo) de trabajadores manuales y administrativos universitarios, trabajadores madereros y de limpieza, obreros salineros, refresqueros, de comercios, obreros desfibradores, cerveceros, siderúrgicos, obreros avícolas, obreros porcícolas, albañiles y choferes del transporte urbano, entre otros. Asesoró a algunos grupos campesinos y organizaciones populares, también independientes.
Documentaba y denunciaba las violaciones generalizadas y sistemáticas a los derechos sociales laborales, económicos, políticos y ambientales.
Se sumó a la causa zapatista desde la sociedad civil y desde el pequeño colectivo Movimiento de Cultura Popular. Participó y colaboró en el periódico socialista libertario REBELDE, editado en aquellos años en Mérida, Yucatán y en Playa del Carmen, Q. Roo. Fue parte importante de la “otra campaña” zapatista en Quintana Roo en 2005 y 2006.
Murió cuando viajaba hacia Viena, Austria, para denunciar la devastación ambiental, económica, política y social que estaban y continúan provocando más y más, las transnacionales europeas en el caribe mexicano.
Aunque creció en el seno de una familia acomodada poco se guió por los patrones de vida y desarrollo de ésta. Su profesión de abogado y todo su actuar estuvo siempre al servicio de la lucha social obrera y popular, poco para su beneficio individual o familiar, nunca para enriquecerse y acumular bienes materiales.
Aunque tampoco sufrió en carne propia la pobreza, el hambre, la opresión, la explotación, el racismo, la discriminación o la injusticia social se identificó siempre con los grupos sociales explotados y oprimidos por esta injusta, hipócrita, racista, clasista y deforme sociedad capitalista mexicana que sufrimos.
El compromiso ético con la verdad, la justicia y la dignidad estuvieron siempre por delante en su vida personal y política.
De amplia cultura, crítico y humanista se identificaba con los planteamientos políticos y sociales libertarios del marxismo y del anarquismo, como guías para la acción y lucha populares, no como dogmas ni verdades reveladas.
Cuidando mucho la congruencia y la coherencia de sus posiciones y acciones políticas con su manera de pensar, la ética y el pensamiento crítico, guiaba sus pasos y enfrentaba todo tipo de presiones, intentos de soborno, ofrecimientos, amenazas, insultos, calumnias e incluso golpes y encarcelamientos.
En 1990 por asesorar al sindicato avícola independiente de Tetiz, Yucatán, estuvo encarcelado durante 55 días, y 50 de ellos mantuvo una complicada huelga de hambre, que levantó a petición expresa de la asamblea popular teticeña.
Fue asesor de una importante y significativa cooperativa teticeña, con cientos de mujeres y hombres participantes, producto de la gran lucha sindical avícola de 1990, que se mantuvo viva produciendo artesanías de 1990 a 1994, cuando la crisis económica capitalista del México de ese entonces, la quebró.
Nunca siguió y por el contrario criticaba duramente las posiciones políticas vanguardistas, que tanto abundan y son moneda corriente en la izquierda partidaria y social del país; las que consideran que las decisiones importantes en los movimientos sociales tienen que ser discutidas y tomadas por pequeños grupos de dirigentes y caudillos, para convencer posteriormente al grueso de los participantes. Posiciones que en el fondo coinciden con las concepciones burguesas de la política como territorio de las élites y de unos cuantos.
Invariablemente impulsaba que todas las decisiones importantes en los movimientos y luchas sociales tenían que ser ampliamente discutidas y tomadas en las asambleas generales, para luego ser instrumentadas y ejecutadas por comisiones, dirigentes y asesores.
Incluso en los momentos más críticos de los movimientos, cuando las decisiones eran cruciales, él como asesor, aun con la gran presencia que tenía, se negaba a dar sus opiniones personales sobre el camino a seguir, se limitaba a sistematizar la información, presentar los escenarios y ayudar a sopesar riesgos y posibilidades, reiterando que las decisiones tenían que ser colectivas y con el más amplio consenso posible y que su papel era el de aceptar y ejecutar las decisiones de las asambleas, aunque personalmente no estuviera de acuerdo con ellas. Fue parte fundamental de sus pautas de acción el respeto profundo a la dinámica popular y al sentir de la gente movilizada y luchando.
Aunque era en lo personal ateo, librepensador y crítico de muchas de las creencias y modos sociales, respetaba la religiosidad y las maneras populares porque estaba convencido de lo legítimo de estas identidades.
Al terminar el conflicto sindical avícola de Tetiz le regalaron una imagen de la virgen María Asunción, la pobre de Dios, patrona de Tetiz, al tiempo que le aseguraban que había sido la virgen la protectora del movimiento. Colocó dicha imagen en un lugar especial en su despacho, con otras imágenes de Marx, el Che y el Sub-Marcos, entre otros.
Julio vive y vivirá por mucho tiempo, en quienes lo conocimos y compartimos las trincheras, las maneras, la entrega y el compromiso auténticos con las causas y las luchas populares de este nuestro México de grandes pueblos originarios y mestizos.
Seguramente Julio suscribiría plenamente aquella frase famosa del Che:
“En cualquier lugar que nos sorprenda la muerte, bienvenida sea, siempre que ese, nuestro grito de guerra, haya llegado hasta un oído receptivo, y otra mano se tienda para empuñar nuestras armas…”
