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Arte contra la zafra infantil

“Que la infancia no trabaje, que imagine”: Clara Sánchez

En las zonas cañeras del país, la zafra no es solo una temporada agrícola. Es un tiempo que altera rutinas, cuerpos y destinos. Durante meses, el trabajo se vuelve más duro, los días más largos y la vida comunitaria gira en torno al corte y la molienda de la caña. En ese engranaje, todavía hoy, niñas, niños y adolescentes quedan atrapados en una lógica que normaliza lo inaceptable: trabajar antes de tiempo.

El trabajo infantil en contextos agrícolas suele justificarse con argumentos conocidos —la necesidad económica, la costumbre, la idea de que “así se aprende a trabajar”—, pero sus consecuencias son claras: abandono escolar, riesgos físicos graves, desgaste emocional y la pérdida del derecho a jugar y a crecer sin miedo. Frente a ese panorama, el proyecto La zafra, libres de trabajo infantil… decidió cambiar el punto de vista. No hablar por las infancias, sino abrir un espacio para que hablen por sí mismas.

A través de laboratorios creativos, conversatorios y ejercicios de escritura y expresión plástica, niñas, niños y jóvenes reflexionan sobre su entorno, la zafra y los riesgos del trabajo infantil. Lo hacen con palabras propias, con dibujos, con juegos y con preguntas que a menudo incomodan más que cualquier diagnóstico técnico. Los textos surgidos en esta primera etapa no dejan lugar a dudas: quienes viven la zafra saben exactamente lo que implica trabajar en ella y también saben que no es un lugar para la infancia.

En estos escritos aparecen los machetes, las quemas de caña, el sol implacable, los golpes de calor. Pero también aparece algo más potente: una conciencia temprana de los derechos humanos y una postura firme frente a los argumentos que intentan justificar la explotación. No son ejercicios escolares ni testimonios aislados. Son pensamientos situados, lúcidos, difíciles de ignorar.

Detrás de este trabajo está Clara Sánchez Hernández, promotora y gestora cultural independiente, con una trayectoria de más de dos décadas acompañando procesos comunitarios con niñas, niños y adolescentes, principalmente en Oaxaca. Desde 1999, su labor se ha centrado en el arte como herramienta para fortalecer la identidad, el autorreconocimiento y el cuidado del cuerpo entendido como territorio.

Conversamos con ella para entender cómo nació La zafra, libres de trabajo infantil…, qué ocurrió en estos primeros meses de trabajo y hacia dónde se dirige el proyecto en su siguiente fase.

—Este proyecto no surge de una idea abstracta —dice Clara Sánchez—. Surge de escuchar. De estar en las comunidades y notar que, una y otra vez, las niñas y los niños hablaban del trabajo, del cansancio, del peligro. Ahí entendí que era necesario abrir un espacio donde pudieran decirlo con libertad.

La primera etapa del proyecto se desarrolló en comunidades cañeras de Veracruz y Oaxaca. Durante esos meses, niñas, niños y adolescentes participaron en laboratorios creativos donde el arte fue el eje para hablar de derechos, territorio, cuerpo y memoria colectiva.

—No llegamos con discursos cerrados —explica—. El objetivo no es decirles qué pensar, sino generar condiciones para que puedan expresarse. El arte ayuda mucho en eso. Permite hablar de temas difíciles desde el juego, desde lo que sienten, sin imponer una sola mirada.

En los encuentros, la palabra circula. Se escribe, se dibuja, se conversa. Poco a poco, las infancias van nombrando lo que viven: los riesgos del trabajo en la zafra, el miedo a los accidentes, la interrupción de la escuela, la falta de descanso. Para Clara, uno de los logros más importantes de esta etapa fue ver cómo niñas y niños se reconocían como sujetos con voz propia.

—Cuando un niño puede decir “esto no está bien” y además explicarlo, escribirlo, compartirlo con otros, algo cambia. Cambia en él o en ella, pero también en quienes escuchan.

La metodología del proyecto parte de una idea central: el cuerpo es un territorio que se cuida. Desde las artes visuales y los cruces con la creatividad, Clara propone una lectura y escritura del arte como práctica liberadora, capaz de fortalecer la sensibilidad, la autoestima y el ejercicio de la participación infantil.

—Hablar de trabajo infantil es hablar de salud, de dignidad, de riesgos físicos y emocionales —señala—. El arte permite que todo eso se entienda desde la experiencia, no solo desde la teoría.

El proyecto se prepara para continuar su recorrido. La segunda etapa se realizará durante el mes de marzo, con laboratorios creativos en otras zonas cañeras del país:

Municipio de Cuauhtémoc, Colima

Municipio de Ameca, Jalisco

Municipio de El Naranjo, San Luis Potosí

—Cada territorio tiene sus particularidades —dice Clara—, pero hay problemas que se repiten. La intención es seguir escuchando, seguir acompañando y construir, junto con las infancias, espacios donde puedan imaginar otras formas de vivir.

La zafra, libres de trabajo infantil… no ofrece soluciones fáciles ni recetas rápidas. Propone algo más complejo y urgente: tomar en serio la palabra de la niñez. Escuchar lo que dicen cuando se les da tiempo, espacio y confianza. Porque erradicar el trabajo infantil no empieza con un decreto, sino con una decisión colectiva: dejar que las infancias sean infancias.

El proyecto La zafra, libres de trabajo infantil…, está auspiciado por el Sistema de Apoyos a la Creación y Proyectos Culturales, en la vertiente de Fomento a Proyectos y Coinversiones Culturales de la Secretaria de Cultura.