Nomás
Está bien, Carmona, me voy contigo porque, de todas maneras, ¿a dónde podía escaparme, a dónde?
Yo sabía que los federales iban a perseguirme, y estoy cansado de esconderme; y tú eres federal, estás cumpliendo con las órdenes de tus generales, no tengo nada que reclamarte, Carmona, estoy cansado de correrle al destino.
Por eso me vine al camino, aquí sobre la terracería, para que no fuera difícil que me hallaran. ¿Para qué correr tanto? Yo no soy tan matrero. Tú me conoces, eres mi amigo, o fuiste, pero lo sabes, sabes que yo nunca he sido coyote. Tienes las órdenes de llevarme al paredón, lo sé, ese es el destino de los asesinos. Ni modo, Carmona, así es esto. No voy a ponerme a justificar lo que hice, ¿qué caso tiene?
Si maté a cinco o a nueve, como dijeron al último, ¿qué más da? Tú traes tu encomienda, yo sé mi cuento. De todas maneras tengo que ir a dónde te dijeron que me llevaras, y yo voy, no me resisto. Nomás, nomás déjame llegar de paso a Juquila, allí a donde iba; nomás déjame llegar a la casa de mi madre para que no esté con el pendiente. Nomás para avisarle a dónde me llevas, para que no ande luego buscando muertos en otras partes, nomás hazme ese favor y vamos.
Te prometo, de hombre a hombre, que no voy a escaparme, ya ando cansado de eso. Aquí están mis juramentos y mi rifle, es todo lo que me queda. Pero vamos, déjame pasar a la casa, y nomás decir los últimos adioses a mi madre, a mi Rosario y a mis hijos, para que no anden con el pendiente, Carmona, para que no me sueñen tan lejos y sepan dónde quedé al último; nomás eso, Carmona. Para que puedan reclamarme ahí, con tus generales.
Por favor, déjame decirle a mi madre que ya no se preocupe, que los asesinos de mi padre y de mi hermano ya están muertos, como yo, que ya no se preocupe ni se dilate en angustias, que ya está hecho, que ya los maté yo, Carmona; nomás déjame quitarle ese peso del dolor de la venganza, de la vergüenza con la que se mueren los que no tienen a nadie quien les llore; nomás eso, Carmona.
Déjame y vamos, yo sigo su escolta, que no está lejos, después nos vamos hasta la milicia, a que te den los honores por agarrarme, que, al cabo, ya no tengo a ningún lugar a dónde escapar, porque cuando uno mata se pierde para siempre, ya no existe lugar al que uno pueda ir o estar en paz; no, Carmona, ya no hay lugar a dónde ir a descansar y dormir, ya no hay.
Por eso, por eso, déjame llegar a mi casa, el último lugar en el que quise estar, ese lugar en el que dejé a mis parientes muertos, como yo, Carmona, como yo. Nomás eso te pido, Carmona, nomás déjame llegar y despedirme, eso te pido nomás.
