Impertinente y Carta de una loca
Impertinente
Oye tú; si tú
el que anda entre la maleza de mi vientre,
que sube y baja entre la redondez de mi sur.
Sí, tú, que te atreves a ser aguacero en mis parcelas.
Que siembra inquietud entre mis deseos.
Sí, tú, el que deja descuidadamente
más de tres recuerdos tirados entre mis ganas.
El que sucede una y otra vez sin descanso
si, tú, el que hace sonar mi cascabel
tan solo para bailar una rumba.
El que se atreve a ser conjuro para no olvidar,
sinalefa para cuadrar.
El que come más de tres veces al día
todas mis reservas de cordura
Y bebe de un jalón todo mi sexo.
Sábete, que si no he dicho nada
Es porque aún no me regresa el aliento.
Pero ¡Ay, de ti! Si te atreves
A no regresar.

Carta de una loca
Disculpe usted si ha sufrido mi acoso textual,
esta impertinente forma de llamar su atención.
Trepar entre lo agudo de su nombre,
recorrer con mis labios cada consonante,
y con descarada urgencia apretar cada vocal
hasta que mis dedos se hundan en su horizonte.
Perdone usted por desear más de tres veces al día
tocar la intimidad de su pensamiento,
Tratar de provocarlo con tropos semidesnudos.
Llenarlo de frases no pedidas:
Descarados intentos de que lea mi poesía.
Dispense nuevamente el atrevimiento de importunar
su tiempo y su vida con escandalosos puntos y comas.
Simplemente no puedo detener la palabra que usted provoca.
¡Que me encierren de una vez, sin pluma, ni hoja!
Que se condene mi mano por tanta elegía,
pero ¡Por favor! no deje que muera
sin escribirle una vez más este día.
Gabriela Soberanis
Estudió en la Universidad del Claustro de Sor Juana. Ha trabajado como editora e impartidoclases de Filosofía y Literatura. Asiste al Taller Literario de Ethel Krause.
