Donde habite el olvido
Este verso de Luis Cernuda, refugiado español en México, nombra nuestro ser; no lo sabía en los años de infancia, cuando la memoria era uno de los mejores dones que pude desarrollar, dado que no tuve ojos verdes ni pelo rojo y, mixteco como soy, me han dicho chino, japonés o coreano en esos andurriales donde me he ido a meter. Ahora lo retomo como nombre de esta columna que será publicada en el Molino de Letras que, como Odiseo, vuelve del inframundo, mejor conocido en estos lares como el Mictlán.
Por fortuna olvidamos, el olvido habita por todas partes; sin duda, lo hemos padecido. Hay muchas cosas que queremos recordar, pero de manera frecuente olvidamos, no solo en los días de escuela, cuando estudiábamos y nuestro mejor activo debería ser la memoria: noches de estudio con café y bebidas energéticas que nos volvieron adictos. A veces olvido las llaves, pero también olvido donde he guardado cosas que son importantes.
La vida es donde habita el olvido, a veces necesito que recuerden las cosas por mí. Uno de mis mayores temores es olvidar lugares y personas que he querido o que me han odiado; aunque debo reconocer que no es mi mayor temor, pues mi primer temor es no ver, quedar ciego de pronto, como si se me vaciaran los ojos y entonces tuviera que andar a tientas.
Por otro lado, he querido olvidar cosas, sobre todo las cosas que hago cuando estoy fuera de mí, esos rencores que no me dejan, esos dolores que callados permanecen; aunque sé que, si los olvido, empezaría a perder el ser que soy. Sé, pues, que el destino de todo es el olvido, por eso escribo; por eso, creo, escribimos, para no olvidar el ser que somos.
Esta columna pretende tener crónicas, el recuento de lo que hemos sido, de viajes a Ítaca o Troya; en un camino bastante largo desde Tunuchi, en la Mixteca oaxaqueña, hasta la zona del silencio con mezcalito o los niños santos; los pasos del rupestre por la música, los colores y sabores; además de algunas cosas que ya no existen, que se van borrando poco a poco. Acaso, ¿lo recuerdas?, ¿cómo era el mundo sin internet?, ¿cómo era la cocina sin microondas?
El nuevo mundo apenas nos comprende o nosotros apenas comprendemos al nuevo mundo. Crecimos con lápiz, papel y libros; con música viva o en acetatos; con la idea de que terminaría el capitalismo con una revolución global, pero lo que estamos viendo puede ser el fin del mundo porque no pudimos contener al capitalismo; aunque la historia se sigue escribiendo, como en estas crónicas del rupestre.
