El naufragio y la tormenta
Algo falta en la historia. Es como explicar un naufragio diciendo que hubo tormenta cuando, al amanecer, uno descubre otros barcos todavía navegando.
Algo falta en la historia. Es como explicar un naufragio diciendo que hubo tormenta cuando, al amanecer, uno descubre otros barcos todavía navegando.
La historia de Epstein incomoda porque no cabe en la categoría del monstruo solitario. No es el ogro que vive en el bosque ni el asesino que actúa en la sombra: es el anfitrión. El que invita. El que sonríe. El que anota nombres mientras sirve vino caro.
Los Reyes, cuenta la leyenda, siguieron una estrella. Hoy las estrellas son satélites y no guían a nadie: vigilan. Aquellos magos leían el cielo; los nuevos emperadores leen balances trimestrales. Unos buscaban a un niño; otros buscan yacimientos.
Hay muertos que todavía nos aconsejan al doblar una esquina, que nos hacen reír con una frase vieja, o que se asoman cada vez que repetimos sus gestos.
El cambio climático ha dejado de ser una metáfora. En los últimos días, la lluvia —esa vieja compañera de poetas y campesinos— se ha vuelto protagonista de una tragedia.