Rosa
Caminaban en la oscuridad, en las calles resbaladizas por la fuerte pendiente y las areniscas. Atrás quedaban las voces de Las Jilguerillas, el dueto de voces agudas que los hombres del rancho preferían cuando tomaban
Caminaban en la oscuridad, en las calles resbaladizas por la fuerte pendiente y las areniscas. Atrás quedaban las voces de Las Jilguerillas, el dueto de voces agudas que los hombres del rancho preferían cuando tomaban
La respuesta la ofrenda el viento, el aire generoso de su vasto caudal poemático, así, sólo enciende, vamos, anímate, cualquier paraje, ritmo, cuánto ritmo, de su verso sensual, indomable, di, musita
Me habló tratando de tranquilizarme. Me dijo
que él había preparado todo para mí, pero su mirada maliciosa lo delataba, me sujetó con fuerza, yo manoteé tratando de rasguñarlo en la cara.
La niña pataleó, se estremeció y sangró, derramándose en mí. Estaba seguro de que mamá no se había resignado.
Al maestro Efrén Chávez Ochoa, en donde quiera que se encuentre. Cuando yo cursaba el cuarto año de primaria tenía
Descubrí que si bien no caminaba, sí podía hablar.
En un bar. —Un glendfiddish, por favor, la señorita aquí a mi lado invita. —¿Perdón? —dirigiéndose a él—. No le
En ese tiempo tenía veintitrés años, las mujeres eran su vicio, aún cuando era casado, le gustaban las mujeres ajenas.
Nos fuimos a vivir a una pequeña casa en las afueras de la ciudad. Y todos los días, no hacía más que preguntarme por la vida que llevaría ahora mi inmensa madre, y mi padre muerto de sueño tras su trabajo de vigilante en la bodega de conservas.
¿Hasta cuándo, Gabriel, hasta cuándo? –dice ella–. ¿Es que no te
cansas de no hacer nada?