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‘Detente, sombra’: la madurez poética de Ramiro Rodríguez

Quien se aficiona a algo tiene la fortuna, o quizá el infortunio, de volverse bueno en lo que hace, y eso sucede con el poemario Detente, sombra de Ramiro Rodríguez, que, en 57 poemas distribuidos a lo largo de seis secciones, nos comparte una madurez poética que se ha hecho a base de constancia y autocrítica. El libro apertura con un epígrafe de Sor Juana Inés de la Cruz, de donde obtiene el nombre, y otro de Santiago Daydí-Tolson. Fue editado en 2023 bajo el sello de Alja, en Columbia, S.C., USA. 132 pp. La imagen de portada es una pintura de Alejandro Rosales Lugo. También incluye un ejercicio ecfrástico sobre la obra fotográfica de Juan Rulfo. Además de que tuve la agradable oportunidad de tomar un taller sobre este tema de parte del propio autor.

En esta colección de poemas podemos ver la voz de la experiencia, que no sólo ha aprendido a hacer de la poesía una herramienta precisa de sus pensamientos, sino que ha ramificado en la profundidad de las imágenes y simbolismos con los que construye su obra. Es, a lo largo de su construcción, un único cuerpo que se ondula según la necesidad de cada sección, y que mantiene una sobriedad medida en la métrica de cada caso. Así, cuando dice: “Detente, sombra, / en la sombra abstracta de mi cuerpo, / en el vino absurdo de mi vientre, / en la negrura acústica de mi sombra”, nos da cuenta de esa interiorización de la poiesis en la conciencia, en los recuerdos, y que se extrapola para explicar la naturaleza del mundo, sus posibilidades. Es a mi parecer, una clase magistral de cómo versificar y guiar el sonido a través de cada página.

Este poemario tiene un lenguaje más sobrio que otra de las obras del mismo autor, y se construye en la elegante resonancia de la melancolía con la que hilvana el presente, el pasado y el porvenir, todo ello mediante la acústica de sus rimas internas, y la claridad de sus sentencias. Escribe: ‘como raíces de nogal,/ se abren mis raíces bajo la superficie de la sombra.’, para que sea el lector el testigo de esos afluentes que se desbordan de poema en poema, y que van trazando esa bruma por la que se mueve su visión de la poesía en general. La conversación que se suscita es más directa, y traspasa al lector para hacerse un lugar en sus pensamientos, a veces con los epígrafes que amplían la dimensionalidad de su voz entre lo ordinario y lo específico. Característica que se verá rematada en el cierre del libro, donde la técnica de la poesía ecfrástica retoma la de por sí poderosa visualidad del México rural rulfiano, esa Comala inagotable, para traducir en palabras la autopercepción de otro de los hijos de Pedro Páramo, fluyendo con tranquilidad entre las letras.

Aunque no se trata de poemas que glorifiquen el dolor, o que se decantan por la tristeza, nos permiten encontrar esa vena narrativa de la experiencia que reflexiona y que ofrece el consejo de una vida expuesta a la maduración a fuerza de experiencia, de la revisión de los días previos. Pero se sabe sobreponer para declarar: ‘Entonces olvidamos el suplicio de los días,/ el agujón de la sombra,/ el trastorno del orgasmo en las sábanas,/ el desdoblamiento involuntario de los relojes/ a través de la ventana.’. Así, el poeta reúne de una manera ordenada sus pensamientos, permitiendo que exista una coherencia argumentativa en su obra. Finalmente, nos comparte: ‘Todas las palabras en páginas sin tintas,/ discursos de luz en los labios resecos de Dios,’ para despedirse de los curiosos.

Tras la lectura del poemario, no queda ni el dejo de duda ni la pesadez de la rutina, sino que ayuda a sobresalir de la costumbre del pensamiento. Ramiro Rodríguez nos hunde en un extremo de la ribera para soltarnos la mano y poder emerger al otro lado, más libres. Es entonces cuando nos damos cuenta de que hay una vocación genuina y no sólo un gusto obsesivo por la poesía, ya que logra transmutar aquello que entra en contacto directo con su voz para encontrar otra de sus naturalezas, una fuente amplia que amplía la comprensión del mundo.

Este poemario es una de las más recientes obras del autor, que se mantiene editando a otras voces, que, para él, tienen un valor que necesita de ser compartido. Porque antes de ser un escritor, el poeta es un divulgador de la palabra, y eso se ve reflejado en la obra de Ramiro, tanto la personal como la profesional. Entonces el título del poemario resuena con un mayor significado, expresándonos la importancia que tiene para él el arte escrito como un mecanismo para preservar la memoria, la cordura y la inteligencia.

Adair Zepeda

(Texcoco, México, 1986). M.C., Economista. Director de Ediciones Ave Azul (aveazul.com.mx). Premio Internacional Iberoamericano José Gorostiza 2025; Certamen Literario José Arrese 2023, 1.º lugar en poesía; Premio Nacional de cuento Gabriel Borunda 2021; XVI Premio Nacional de poesía Tintanueva 2014; 1.º lugar III certamen Buscando la Muerte, del Centro Cultural Mexiquense Bicentenario, 2014. Finalista en el Concurso Internacional de cuento Libre 2023 del Festival Rulfiano de las artes. Publicaciones recientes: Sacrificar mariposas (Diablura, 2025), La lira encantada (Alja Ediciones, 2025), Corona de ascuas (Letras de Barro, 2024), Los pasillos de la muerte (Tintanueva, 2022), Los ojos del gato (Ave Azul-Alja, 2021), Glosa del reproche (Letras de barro, 2020), Ofrenda de palabras (Versoterapia, 2020), Reminiscencias (Tintanueva, 2014; Ave Azul, 2019), y Raíces bajo las rocas (Alja Ediciones, 2016). Miembro y editor del Colectivo Entrópico (2003-2024). Columnista en Opinión de Yucatán. Disponibles en Amazon y SmashWords.

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