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Ramiro Rodríguez y la poesía del mar en Playa Bagdad

Bagdad, de Ramiro Rodríguez

Hace algunos ayeres recibí un paquete de libros de Alja Ediciones, y dentro de ese paquete venía incluido un libro de color Salmon, con una fotografía de Gloria Rodríguez en portada del mar, una piedra y algunas algas dorándose al sol. El autor, Ramiro Rodríguez, que además de ser profesor es escritor, divulgador y director de Alja, es también poeta, y eso es lo que nos comparte en esta obra. Este libro, titulado Bagdad, es una colección de poemas relacionados con la playa, el amor y la nostalgia. Consta de dos secciones generales, con 18 odas en la primera y 21 poemas en la segunda. Además, apertura con un epígrafe de Elsa Cross y Héctor Carreto, a quienes también está dedicado. Fue impreso en Charleston, S.C., EE. UU., en 2012, bajo el sello de Alja, 132 páginas. Desde entonces está en la lista de pendientes y por fin me digné a darle el tiempo que se merece.

La obra de Ramiro, poeta mexicanoamericano, no por nacimiento, pero sí por destino, retoma la forma de las odas para tejer pequeñas obras donde el mar es el principal de sus personajes, donde todo ocurre, que todo lo contiene, y que es lo que queda al final de cuentas, cuando la marea y la pasión disminuyen; si es que acaso eso llegase a suceder en el pecho secreto de quienes tienen como símbolo el estandarte de la palabra. En este libro en particular se puede sentir una vena joven, ilusionada por la vida, que canta a la mujer que se adora y que se adorna con los elementos marinos que va recogiendo la vista a su paso, cangrejos incluidos, que son tan propios del imaginario tamaulipeco. Muchos de los textos se mecen en el sonido armonioso de la algarabía, y son hasta cierto punto un testimonio alegre de la voz, que se mantiene esperanzada de que esa Playa Bagdad, en el Norte de México, es un santuario a la nostalgia, al amor sentido desde esa juventud que no se extingue nunca.

Así, nos dice: “¿Cuándo se pierde la noción del tiempo?/ ¿Cómo prevenirnos del naufragio?/ ¿Para qué los murmullos de caracoles al oído/ si las orquestas del mar son suficientes?”. Y se contesta a sí mismo posteriormente: “Volverás a tierra firme en nombre del amor”. Aunque el tono a veces parece lóbrego y desesperanzado, regresa a la pasión y la belleza, desde donde construye casi la totalidad de sus imágenes metafóricas; quizá por mera afición personal me he centrado en citar versos de carácter más melancólico por autorreconocimiento. Más adelante continúa: “Nos miramos sin mirarnos en la playa,/ insomnes en el sueño, reducidos a viento:/ nos celebramos en el encuentro lírico,/ en la mirada vertiginosa de tu ojo”. El canto se hace.

La obra de Ramiro Rodríguez, específicamente ésta, circunda el mar de aquellas impresiones bellas sobre la mujer que se tiene como objeto de la devoción del escritor, y que de alguna manera se perpetúa entre pequeños símbolos de vidas que ocurren paralelas a la naturaleza, coronado por la espuma del mar, por los caracoles, y por ese travieso cangrejo que una y otra vez aparece entre los versos; y lo cual me parece un agradable guiño a la inmortalidad, a la fragilidad de la mente del escritor que se revuelve dentro de sí misma para no adelantarse a los hechos, a los cambios. Es en sí, tanto la dama como la playa, ese objeto de lo que más se aprecia, lo que es merecedor de sus cantos y pensamientos.

Este poemario es un pequeño viaje a la felicidad del poeta, y me agrada vislumbrar entre sus versos al maestro que comparte lo que significa el acto escritural, un testimonio de momentos donde la vida y el mundo son todo cuanto importa, y que son traducidos a la tinta para llegar en algún momento a su lector. Así, cuando nos dice “—Por tu culpa me abrazo a esta barca— será/ un dulce reclamo—, navego mares rebeldes,/ me invade la luna, se incrustan en el cuerpo/ con hambre las estrellas”, no es otra cosa sino una declaración de lo que hace la poesía, y en este caso, esa pasión juvenil que se desborda en adjetivos para encontrar la manera adecuada de expresión antes de desfallecer ante el objeto amado.

Esta colección de poemas es un testimonio de un hombre sensible, de un poeta que se admira no sólo de las personas a las que conoce, sino de los sitios que han marcado su vida, e indirectamente nos deja pasear por detrás de él en esas playas, mientras el drama del romance acontece, independientemente de que haya concretado algo más que lindos versos o desgracias, porque lo que se mantiene estático en esa eternidad es la espuma que deslava los pasos de quienes van, y mientras la vida ocurre, somos testigos de esa inmediata belleza del mundo, que ocurre en la periferia de nuestras vida, y que a veces, es el mayor legado de quienes abordan en la escritura un diario emotivo que les permite comunicarse a la distancia con otros resplandecientes espejos en la arena.

Adair Zepeda

(Texcoco, México, 1986). M.C., Economista. Director de Ediciones Ave Azul (aveazul.com.mx). Premio Internacional Iberoamericano José Gorostiza 2025; Certamen Literario José Arrese 2023, 1.º lugar en poesía; Premio Nacional de cuento Gabriel Borunda 2021; XVI Premio Nacional de poesía Tintanueva 2014; 1.º lugar III certamen Buscando la Muerte, del Centro Cultural Mexiquense Bicentenario, 2014. Finalista en el Concurso Internacional de cuento Libre 2023 del Festival Rulfiano de las artes. Publicaciones recientes: Sacrificar mariposas (Diablura, 2025), La lira encantada (Alja Ediciones, 2025), Corona de ascuas (Letras de Barro, 2024), Los pasillos de la muerte (Tintanueva, 2022), Los ojos del gato (Ave Azul-Alja, 2021), Glosa del reproche (Letras de barro, 2020), Ofrenda de palabras (Versoterapia, 2020), Reminiscencias (Tintanueva, 2014; Ave Azul, 2019), y Raíces bajo las rocas (Alja Ediciones, 2016). Miembro y editor del Colectivo Entrópico (2003-2024). Columnista en Opinión de Yucatán. Disponibles en Amazon y SmashWords.

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