Después de recorrer comunidades cañeras de ocho estados del país, La zafra, libres de trabajo infantil… cierra su recorrido con un catálogo y una exposición en el Museo de Arte Contemporáneo y de las Culturas Oaxaqueñas.
Primero fueron conversaciones alrededor de una mesa, hojas en blanco, pinceles, juegos y preguntas. Después aparecieron los machetes, la caña quemada, el cansancio de los padres, las mudanzas cuando termina la temporada, la escuela, los amigos y el deseo de seguir estudiando.
Entre noviembre de 2025 y agosto de 2026, el proyecto recorrió comunidades cañeras de ocho estados del país, donde 409 niñas, niños y adolescentes participaron en 12 laboratorios creativos. Allí hablaron de la zafra desde el lugar que pocas veces ocupa la infancia cuando se cuenta la vida en el campo: el de quien mira, comprende y tiene algo que decir.
Una parte de esas voces llegará ahora a un museo. El próximo 30 de septiembre, a las 17:30 horas, el Museo de Arte Contemporáneo y de las Culturas Oaxaqueñas (MACCO) presentará el catálogo LA ZAFRA, libres de trabajo infantil… e inaugurará una exposición con ocho lienzos de gran formato realizados durante los laboratorios creativos del proyecto.
De los cañaverales al museo
Molino de Letras acompañó el proyecto desde sus primeras etapas. En enero, cuando los laboratorios comenzaban su recorrido, Clara Sánchez Hernández explicaba que la intención no era llegar a las comunidades con un discurso cerrado sobre el trabajo infantil, sino crear las condiciones para que niñas, niños y adolescentes pudieran hablar desde su propia experiencia.
Meses después, cuando el proyecto había atravesado ya varias regiones cañeras, comenzaron a aparecer historias que mostraban la complejidad de esa experiencia.
Había niños cuyos padres cortaban caña; otros acompañaban ocasionalmente a sus familias al campo. Algunos conocían de cerca los machetes, el sol, las quemas y los animales ponzoñosos. También estaban quienes hablaban de la migración temporal, de la falta de empleo cuando termina la cosecha o del esfuerzo familiar para mantener a los hijos en la escuela.
Pero los laboratorios no produjeron solamente relatos sobre el trabajo. Las conversaciones se extendieron hacia la identidad, las lenguas, la discriminación, la salud, la amistad, los miedos y los proyectos de vida. Hablar de la zafra terminó siendo también una manera de hablar de aquello que una niña o un niño necesita para poder vivir su infancia.
En cada uno hubo dibujo, pintura y escritura, pero sobre todo un principio que atravesó todo el proyecto: no hablar en nombre de las infancias, sino escucharlas.
De ahí surge el catálogo que ahora se presentará en Oaxaca. La publicación reúne una selección de textos y obra plástica producidos durante los encuentros y conserva algo difícil de trasladar a los informes institucionales: la manera concreta en que niñas, niños y adolescentes nombran aquello que sucede alrededor suyo.
No se trata solamente de decir que el trabajo infantil es peligroso. En sus textos aparecen las contradicciones de una economía familiar que necesita ingresos, padres y madres sometidos a jornadas difíciles, niños que desean ayudar y, al mismo tiempo, adultos que quieren para sus hijos una vida distinta.
Aparece también la conciencia de que estudiar, jugar, descansar, conservar la propia lengua y no poner el cuerpo en riesgo no son privilegios.
Ocho lienzos en el MACCO
La exposición reúne ocho piezas que forman parte de la colección pictórica producida durante los laboratorios.
Son lienzos colectivos de gran formato realizados en las distintas comunidades visitadas por el proyecto. Su llegada al museo cambia también el lugar desde el cual serán mirados.
Lo que comenzó como ejercicio de creación en una comunidad cañera deja de pertenecer únicamente al espacio del taller. Las imágenes entran en una sala de exposición y obligan al público adulto a colocarse, por un momento, frente a aquello que las infancias decidieron pintar.
Ese desplazamiento quizá sea uno de los resultados más significativos del proyecto. El trabajo infantil agrícola suele explicarse mediante estadísticas, diagnósticos, leyes y programas institucionales. La zafra, libres de trabajo infantil… eligió otra entrada: preguntar a quienes crecen dentro de esos territorios qué saben de lo que sucede, qué sienten y qué futuro imaginan.
El catálogo y la exposición no pretenden ofrecer una respuesta definitiva al problema. Tampoco convertir la experiencia de 409 participantes en una sola voz. Hacen algo más sencillo y acaso más difícil: dejan registro de muchas voces distintas. Por ejemplo, una niña que quiere estudiar, un niño que sabe lo que pesa el trabajo de su padre, alguien que ha visto partir a una familia cuando termina la temporada, otra niña que descubre que hablar su lengua también es un derecho.
El 30 de septiembre, una parte de esas voces llegará a las páginas de un catálogo, a las lecturas de las propias infancias y a las paredes de un museo. Y esta vez serán los adultos quienes tendrán que detenerse a escucharlas.
Proyecto realizado con apoyo del Sistema de Apoyos a la Creación y Proyectos Culturales, vertiente de Fomento a Proyectos y Conversaciones Culturales, Emisión 24.
