Hace 120 años nació Antoine de Saint-Exupéry. Instruido como aviador viajó por el mundo en diferentes misiones que le brindaron múltiples referencias que posteriormente le marcaron y sirvieron de inspiración para la creación de su trabajo como literato. Su repertorio engloba títulos como El aviador, Correo del Sur, Vuelo nocturno, Tierra de hombres, entre otros.

Si bien el catálogo de Saint-Exupéry incluye más de diez libros, el que lo catapultó es El principito, categorizado por muchos como material infantil, debido a que en una primera impresión el estilo de escritura, el ritmo y los personajes utilizados para contar la historia ofrecen ese panorama; sin embargo, la densidad emocional y psicológica de la obra es mucho más profunda de lo que aparenta.

Para ahondar en los conflictos presentados en el subtexto de la historia habrá que analizar que entre todas las acepciones que percibimos sobre la muerte, tal vez la menos común entre ellas sea aceptar el duelo generado por el “asesinato” simbólico de nuestra infancia a manos de nuestros padres o la sociedad; probablemente no es parte de las experiencias más exteriorizadas, pero sí de las más significativas.

El principito es un claro análisis de este fenómeno de la vida humana, descrito de manera afable. Dentro del marco de la historia es el narrador quien nos ofrece la primera muestra: los adultos que le rodean le obligan a razonar y dejar de actuar como un niño para percibir el mundo a través de los ojos de una persona mayor, tal como puede apreciarse con el dilema del “sombrero”.

Por lo general, los duelos de la infancia suelen manifestarse de diferentes maneras, pero los adultos los callan, ya que se vuelven excluyentes con quienes suelen expresarlo de manera abierta —la vida del narrador es un ejemplo. El ser responsables de otros, así como los requerimientos y obligaciones de la vida cotidiana, provocan una sensación de la pérdida de la libertad y la independencia de tomar decisiones sin que éstas repercutan a mayor escala. De igual manera, la pérdida de las figuras de seguridad representa desasosiego, puesto que ahora muchos son padres y deben alejarse del papel de hijos.

Respecto al personaje principal, el principito, vive bajo sus propios estándares y su planeta representa su propia existencia, por lo cual su naturaleza le obliga a cuestionarse el sentido de la vida, la propia y la de aquellos que le rodean, incitando al narrador a cuestionar su modo de vivir, sumergiéndolo en una caja mental como el cordero, preguntándose si él vive o sólo sobrevive.

Por otra parte, los personajes secundarios representan la difícil condición del hombre de estrechar relaciones con otros y cómo puede ser herido por dichas conexiones, tal como se observa en las historias de la rosa y el zorro, ya que muestran al amor, la soledad y la tristeza como elementos que moldean una vida y la personalidad.

Si bien el análisis podría extenderse a cada elemento y personaje, es prudente aconsejar que como lector optes por releer la obra y obtener conclusiones propias, hilando el texto con experiencias significativas personales para poder disfrutar de todos los matices del libro y revalorizar el lugar que ocupa en la literatura universal.

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