Javier Alatorre, conductor estrella de TV Azteca, llamó ayer en su noticiero a que la gente “ya no le haga caso a Hugo López-Gatell”. “Se lo decimos con todas sus palabras”, sentenció el comunicador: “sus cifras y sus conferencias ya se volvieron irrelevantes”. Luego, “respaldó” su dicho con las afirmaciones del gobernador morenista de Baja California, Jaime Bonilla, quien la víspera había acusado a López-Gatell de ocultar las cifras sobre el número de contagiados y muertos en ese entidad. No importó que en la conferencia de las siete se hubiera aclarado que las cifras que reporta el gobierno federal son las que proporcionan los gobiernos estatales.

¿Qué es lo que está en disputa?, ¿por qué la bravuconada del empresario y su vocero? El 23 de marzo pasado, Hugo López-Gatell, quien diseño la estrategia del gobierno de Andrés Manuel López Obrador para enfrentar la pandemia de la Covid-19 y comanda al grupo de científicos encargados de implementarla, anunció la suspensión de actividades no básicas durante un mes con la finalidad de ralentizar la velocidad de contagio del nuevo virus causante de la enfermedad. “Quédate en casa, es nuestra última oportunidad para frenar el contagio”, urgió.

Un día después, Ricardo Salinas Pliego, unos de los cinco magnates que detentan la riqueza en México y patrón de Javier Alatorre, desdeñó ante sus empleados las medidas anunciadas: “Paralizar toda la actividad económica de tajo significa hambre”, sentenció. “La vida no puede detenerse, pues hay que salir a luchar para detener este tempestad económica”; “hoy estamos mal, las calles vacías, todo cerrado: escuelas vacías, hoteles vacíos, restaurantes vacíos… esto no puede ser, la vida tiene que continuar”, contradijo al epidemiólogo y desacató el llamado a parar actividades, obligando a sus empleados, que él llama “colaboradores”, a seguir trabajando en vez de confinarse en sus hogares.

En una primera lectura hay aquí una disputa entre un manejo científico de la pandemia y un manejo “empresarial”. Desde un inicio, Hugo López-Gatell explicó que la pandemia era inevitable, al tratarse de un nuevo virus para el que ningún ser humano tiene anticuerpos y no hay medicina ni vacunas para hacerle frente. Ante un panorama así, sólo queda la alternativa de evitar al máximo la propagación del virus, lo cual se logra con el confinamiento de la gente en sus casas y reducir la circulación de las personas en el espacio público. En una sociedad precarizada como la mexicana, donde la desigualdad entre ricos y pobres es mayúscula y la mayoría de la población vive al día, el epidemiólogo enfatizó que la estrategia tenía como objetivo salvar el mayor número de vidas y afectar la economía lo menos posible con la paralización de actividades.

Para Ricardo Salinas Pliego, en cambio, “el aislamiento general NO es útil para contener la epidemia, pero sí afecta gravemente a los más necesitados y a los que menos tienen”, como sermonea desde su cuenta de Twitter. “Hay otra salida y es urgente tomarla: 1.- Aislar solo a personas en riesgo (adultos mayores, personas con enfermedades crónicas, etc.). 2.- Todos los demás a vivir de manera normal, usando medidas sanitarias sensatas como lavarse las manos, usar tapa bocas, evitar cercanía, etc. Salvar la economía significa salvar MÁS vidas. Esto es lo RAZONABLE”.

La diferencia entre una perspectiva y otra no es una discusión que se resuelva a futuro, basta con voltear la vista a lo sucedido en otros país que ya enfrentaron la realidad de la pandemia. China, donde brotó la enfermedad, hizo un parón; en cambio, en algunos países europeos continuó la actividad económica y se esparció el virus. Quién tiene la razón lo dice el número de muertos: al día de hoy el gigante asiático registra 4 mil 632, mientras que Estados Unidos —cuyo presidente desdeño la peligrosidad del virus— cuenta ya 33 mil 418. Un abismo de diferencia entre detener o no las actividades económicas, entre “salvar” la economía o salvar vidas humanas.

Ricardo Salinas Pliego, dueño de Banco Azteca y las tiendas Elektra, cuyo negocio se fundamenta en otorgar créditos a la población pobre a tasas de agiotista, los llamados “abonos chiquitos”, inspira su propuesta en las ideas de Michael Burry, un neurólogo que abandonó la medicina para convertirse en un gestor de fondos de cobertura, el eufemismo para los fundos buitre. Con la crisis del 2008 Burry se embolsó al menos mil millones de dólares. Además el magnate acaba de leer el libro Zag, de Marty Neumeier. “El punto fundamental del libro es: cuando todo el mundo hace ‘zig’, tú debes de hacer ‘zag’, es decir, marcar una diferencia radical frente a tu competencia”. (El hombre de negocios está inspirado, debemos tener cuidado.)

López-Gatell, en cambio, es un científico que lleva años dedicado a la tarea. Al menos desde el 2008, como director general adjunto de Epidemiología de la Secretaría de Salud, se enfocó a construir un sistema nacional de alerta epidemiológica y advirtió de la fragilidad de los sistemas estatales de salud. Diseñó y ejecutó el proyecto de reforma del Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica, hoy conocido como Centinela, orientado a  generar “inteligencia epidemiológica para orientar la política pública en salud”. Desde ese entonces explicó que el “sistema no intenta recabar información de las 19 mil unidades de salud sobre influenza, ese no es el modelo de trabajo; lo que interesa es ver tendencias, porque las tendencias nos dan señales tempranas, pero ningún país intenta tener una cobertura de 100 por ciento de lo que ocurre”.

Este sistema, de acuerdo con lo que ha explicado en las conferencias, permitió conocer el punto en que era necesario decretar la cuarentena, ordenar la suspensión de actividades no esenciales para el funcionamiento de la sociedad y las medidas de sana distancia para tratar de mitigar el contagio, además de las medidas higiénicas básicas como lavarse las manos. A medida que se fue conociendo el comportamiento del coronavirus se supo que los grupos vulnerables son los ancianos y quienes padecen enfermedades crónicas degenerativas y mujeres embarazadas, sobre todo. La cuarentena es, entonces, una medida drástica para proteger a los más débiles ante un virus que causa una enfermedad para la que no hay cura, aun a costa de la economía y el sacrificio de los jóvenes. Solidaridad, se llama.

Pero Ricardo Salinas Pliego, unos de los hombres más acaudalados del mundo, piensa diferente: hay que aislar sólo a las personas en riesgo y todos los demás a “vivir de manera normal, usando medidas sanitarias sensatas como lavarse las manos, usar tapa bocas, evitar cercanía, etc.” En el peor de los sentidos, esto ya lo hacen los más de 110 mil trabajadores —“colaboradores”, diría él— que generan su fortuna, los cuales forman parte de los millones de mexicanas y mexicanos que no tienen acceso al agua ya no digamos potable, sino entubada, y que todos los días tienen que abarrotarse en el transporte público exponiéndose a ser contagiados, muchos de ellos jóvenes pero con enfermedades crónicas degenerativas, con empleos precarios como trabajar en Elektra, sin prestaciones sociales y sin cobertura médica. Además, en una casa de interés social o en una vecindad es imposible aislar a nadie. Llamar a romper la cuarentena es un crimen.

Aunque el presidente López Obrador dio ya un espaldarazo al subsecretario Hugo López-Gatell a propósito de las nefastas declaraciones de Salinas Pliego a través de Alatorre, la sociedad debe mantenerse atenta, pues los métodos gansteriles del magnate lo han hecho famoso para conseguir sus fines. Nadie debería olvidar que a punta de pistola, con un grupo de sicarios, se apoderó de Canal 40, los mismos métodos que utiliza para cobrar saldos vencidos en Elektra. Sabido también que utiliza su televisora para amagar y chantajear a la población, a grupos o al gobierno mismo para lograr sus objetivos. La impunidad ha sido su principal arma.

El verdadero respaldo al trabajo de mitigación del contagio que realiza la sociedad mexicana es que el ejecutivo aplique las sanciones previstas en la ley —la clausura inclusive— a los empresarios que se niegan a acatar el paro de actividades no esenciales, como lo advirtió López-Gatell en clara respuesta al desafío planteado por Salinas Pliego. (Esta ni siquiera es una medida radical y ya se contempla en la ley, pues el no hacerlo pone en desventaja a los capitalistas competidores. Esto en parte explica las acusaciones del Grupo Empresarial Ángeles, del cual es vocero Ciro Gómez Leyva, contra Salinas Pliego, quien además tiene cuentas pendientes con Gómez Leyva desde el pleito por el Canal 40.)

Este es el desafío del momento: privilegiar la ciencia sobre las creencias, el bienestar común sobre las ganancias privadas; que esta pandemia no sea uno de esos asaltos en los que los criminales se suben al pesero, sacan la pistola y nos dan elegir entre la cartera o la vida.