Llueve esta noche, relámpagosy truenos que en pausa se presentan e iluminan la ventana por donde veo una fugaz luz, allá en la penumbra nocturnal; parece que así pasará la noche. No es una lluvia fuerte, es ligera, parsimoniosa, rayando en lo uniforme.

La temperatura baja, mi esposa da la espalda a la ventana al tiempo en que se acomoda la sabana, presiento que tendré una noche de arrullo lluvioso. Estoy acostado pero inquieto, no puedo dormir, no termino de acostumbrar mi mente al sonido de la lluvia. No termino de comprender por qué está lloviendo en abril.

Abandono el dormitorio y me dirijo a la sala, subo las escaleras y me asomo al balcón, la calle se ve vacía de transeúntes, son las 10:30 pm. Un hilo de agua corre a un costado de la carretera, las ramas de las jacarandas apenas y se mueven por un viento que no se siente, el cable del teléfono ligeramente inclinado que va del poste a una casa se vuelve una pista de carrera donde ininterrumpidamente corre el agua de la lluvia, pareciera como si el correr del agua de atrás empujara a la de adelante a velocidad constante. Al mirar hacia el este, a unos mil metros de distancia, se ven las luces de los autos que se dirigen a algún destino, es la carretera federal que a unos veinte minutos hacia el norte conecta con la supercarretera. Esto hizo que recordara que ayer, cuando íbamos a la ciudad, vimos un tránsito vehicular como no había antes presenciado, una gran cantidad de autos abandonaban la ciudad, algunos llevaban la imagen de la Virgen de Juquila en la defensa de sus coches. Sorprendidos, yo, mi esposa e hijos bromeábamos sobre si acaso la ciudad se estaba hundiendo o algo había pasado, que lo abandonaban; era domingo y primera semana santa de vacaciones.

La lluvia ha cesado, son las 11:15 pm, la noche está fresca y el silencio aún no es distraído, excepto por la caída de agua en chorro de los techos. La casa tiene una gotera que cae justo en el segundo escalón; diez metros arriba hay un tragaluz de policarbonato Macrolux que tal vez está fisurado, lo pienso así porque he visto en otros momentos que algunas aves picotean el plástico buscando atrapar insectos que se guardan entre los espacios acanalados. Sólo cuando llueve me acuerdo de que se debe arreglar y así han transcurrido dos o tres años. Esta vez creo que sí lo arreglaré, me han llamado la atención por ese descuido.

Soy el único de la casa que está dejando pasar el sueño, debo aprovechar la noche fresca que invita a transferir calor, mi esposa está sola en la cama. Los truenos se oyen más lejos allá en las montañas y amenazan con regresar. Sólo Pitao Cocijo sabe lo que trama en estos días de abril por estos lares.