Los cadáveres encontrados compartían siempre tres elementos; el primero y que dejaba bastantes incógnitas a los investigadores, era que no había una marca de agresión a simple vista; el segundo, un ramo de rosas rojas junto al finado; y el tercero y más importante: una tarjeta con la palabra “Infiel” impresa en ella y firmada por “La Florista”.

El escándalo estalló pronto en los medios de comunicación y las clásicas bromas ante un tema serio, no se hicieron esperar por parte de los usuarios de internet: el meme de La Florista con figuras públicas bien conocidas por sus infidelidades, e imágenes como el famoso “Keep Calm and no seas Infiel Cabrón”, se pusieron pronto de moda.

Lo que para algunos era tema de una conversación trivial o comentario de relleno, para otros era cosa seria. Lo cierto es que saber de una asesina en serie de hombres infieles, ponía nervioso a más de uno. Pero también están los que andan por la vida como si nada, porque en efecto, tienen la conciencia tranquila.

Uno de ellos es Arango, un oficinista de clase media que se mata nueve horas diarias, para que su jefe se pare el cuello, firmando el trabajo que él realiza. Pero lo importante no es el trabajo que hace para el pendejazo de su jefe, lo primordial de él es que tiene novia. Y no, no le es infiel, así que no tendría por qué ser importante para esta historia, ni mucho menos para la Florista. Pero para su desgracia es distraído y muy soñador. En pocas palabras, es medio pendejo y la caga constantemente, y esto como aquello de “estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado”, es lo que lo puso en la mira de La Florista.

Una noche al salir de la oficina, mientras se fumaba un cigarrillo antes de ir a ver a Jovana (porque a la señorita controladora no le gustaba que fumara frente a ella), lo agarraron sus compañeros de trabajo y buenos amigos: Héctor, quién siempre traía fotos y videos de viejas encueradas en el celular, por lo que se había ganado el apodo de “Erector”, y Luis, “El Hacker”; ese cabrón no es hacker ni nada, pero así le pusieron porque es el típico amigo que te baja rolas, películas y series de internet. Pues Erector y el Hacker, además de gorrearle un cigarro, le pidieron que los acompañara al cajero, por aquello de que es más seguro ir en bola. Arango los acompañó y terminó accediendo a ir por unas cervezas. Ya era viernes, quincena, y le había avisado a Jovana que no iría a verla esa noche, sino a la mañana siguiente, porque se la estaba pasando bien con los muchachos.

Pues tan bien se la estaban pasando, que antes de que Arango se diera cuenta, la noche se había desenlazado en una serie de circunstancias que los llevó al table de siempre.