Todos coincidimos en que el derecho a la educación es una de las premisas fundamentales de nuestro tiempo, que es un derecho que nos permite el goce y disfrute de otros derechos como el acceso a la cultura y las bellas artes como la literatura, al empleo y la seguridad social; nadie podría oponerse a este derecho ni a ningún otro.

La movilización reciente de estudiantes en la Universidad Autónoma Chapingo reclamando su derecho a la educación me parece no sólo oportuna sino necesaria, debemos recordar que entre las actividades sustantivas de esta muy noble institución está la docencia en primer término, junto con la investigación, el servicio y la difusión de la cultura.

Así que no podemos menos que congratularnos por esta iniciativa que debe mover nuestras conciencias y hacernos partícipes de un proceso que, si bien es el inicio, no debe ser disminuido o atenuado, antes bien debe ser alentado y llegar a las consecuencias más altas en pro del buen desempeño de nuestra querida Universidad.

El derecho a la educación pasa, sin duda, porque la universidad sea una institución abierta y en funciones los 365 días del año, nadie en su sano juicio podría expresar lo contrario; no me equivoco al afirmar que todas y todos quienes convivimos en este espacio educativo, no sólo queremos el bien común, también sabemos que el bien de cada uno de los sectores es el bien de Chapingo.

El punto de la educación es trascendental, nuestro derecho no se reduce, en ningún caso, a que haya clases, nuestro derecho es que las clases sean de calidad, que cada día las maestras y maestros cumplan con su parte, que las compañeras y los compañeros administrativos hagan lo propio, que las alumnas y los alumnos hagan la tarea y pongan atención, y que las autoridades funcionen.

Debemos exigir nuestro derecho a la educación todos los días, no sólo cuando se acerca la huelga; no podemos ser complacientes cuando falta un maestro o maestra, saltar de felicidad cuando avisa que no habrá clase o salir corriendo al cuartazo, nuestro derecho a la educación también es un compromiso.

¿Hasta dónde llega nuestro derecho a la educación? Sin duda muy lejos, tenemos derecho a ser tratadas y tratados con respeto; si una maestra o maestro, o funcionario, o administrativo no nos trata con respeto debe dejar su lugar, entre todos debemos exigirlo; todo acoso debe ser castigado, no sólo el acoso sexual ventilado en el árbol de los acuerdos, también el acoso académico; todo abuso debe ser castigado, incluye las acusaciones en falso.

El derecho a la educación pasa por las calificaciones, los números no representan el conocimiento, los exámenes son un mecanismo antiguo que sólo se apoya en la memoria, no importa si saben usar ese conocimiento, es evidente que muchas maestras y maestros requieren no sólo actualización, sino aprendizaje didáctico.

Todas y todos sabemos de las maestras y maestros que reprueba a más de la mitad del grupo; es evidente que quien está mal es el maestro o la maestra. ¿Cuándo se ha hecho una movilización para contener y enmendar esta situación? Llegamos al exceso de que mafias ofrecen cursos “particulares” para aprobar extras y títulos; esto también debe estar en el pliego petitorio cuando reclamamos nuestro derecho a la educación.

Nuestra educación pasa por no ser corrompidos, debe incluirse en la petición un fuerte reclamo para erradicar la corrupción; no es posible que algunos profesores, que son los gurús de la corrupción, cada elección suelten carretadas de dinero para comprar votos, cada una de nosotras y nosotros lo hemos visto; nuestra educación es muy valiosa y debemos denunciar estas prácticas.

Esta movilización debe demandar que cada persona que compró votos para llegar a su puesto deba ser destituido, la compra de conciencias no sólo es en efectivo, también es con fiestas y calificaciones.

Es importante señalar que el derecho a la educación debe ser garantizado por el estado y por la autoridad, en nuestro caso por la Rectoría y el H. Consejo Universitario; si nuestro derecho se ve vulnerado, quien lo vulnera es la rectoría, nadie más puede violar nuestro derecho a la educación: ni las trabajadoras ni trabajadores administrativos y académicos.

Que las y los estudiantes cierren la universidad reclamando su derecho a la educación parece una paradoja, pero resulta necesario cuando los responsables no hacen su trabajo, es el último recurso para hacerse oír; hay grupos académicos que a un mes de iniciado el semestre no tienen maestra o maestro en algunos de sus cursos. ¿Tienen derecho a reclamar? Por supuesto pero, ¿quién es el culpable?, ¿algún sindicato o la autoridad? Evidentemente la autoridad; a semanas de denuncias sobre acoso a las alumnas, ¿qué avance hay?, La autoridad debe estar muy ocupada tratando de resolver todos los problemas.

Si queremos que nuestro derecho a la educación esté garantizado debemos hacer reformas profundas en nuestra institución; nuestra educación no sólo radica en el aprendizaje instrumental, saber sembrar, sino que debemos tener una educación para la paz, para el bien común, donde se erradique la discriminación y se trabaje por la equidad de género, donde todos nos tratemos con respeto; para ello se debe transformar el consejo universitario, se deben eliminar los consejeros por el tercio, se debe conservar la paridad, pero debe ser obligada la equidad de género.

Nuestra educación es un asunto muy importante. En la medida que se fortalece somos menos propensos a ser engañados, una demanda genuina se puede desvirtuar por nuestra ignorancia, el poder corruptor llega a todas partes, sólo con una educación de calidad podremos enfrentarlo.

La defensa de nuestro derecho a la educación es, pues, todos los días, con acciones concretas, no sólo con discursos.

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