Imagen sacada de Internet

Ese día mientras te esperaba en el interior de tu casa, observaba fotografías donde posabas con una sonrisa cautivadora, con el semblante del hombre desafiante y triunfador que eras. Vino a mi mente la connotación que hacías de las cosas más simples como: el atardecer, el canto de las aves, el olor de las flores; mismas que a tu lado tomaban significados maravillosos.

            El atardecer mostraba la conclusión de un día, en el que habíamos tenido la oportunidad de amar y vivir intensamente. El canto de las aves eran las voces de los enamorados que habían tenido que dejar en la tierra a su amor y bajaban a deleitar sus oídos con melodías de amor eterno. De las flores emanaban ricos olores que evocaban a tus  seres queridos, como las rosas el olor de tu madre o el de tu hijo a gardenias.

            Recordé todas las veces que recostados sobre el pasto hicimos viajes sobre las nubes, mientras atrapábamos estrellas y nos columpiábamos en la luna. Cómo olvidar las veces que tuve que reír a todo pulmón porque los ríos necesitaban cascadas de agua cristalina y pura. Cómo olvidar que contigo aprendí a vivir.

            Cómo olvidar el día que te conocí, justo cuando se llevaba a cabo una de las acostumbradas discusiones con quien en ese momento era mi novio:

            —Claro que le coqueteabas, vi claramente que le sonreías, ¡por Dios crees que soy tonto!

            —¡Te juro que no! Espera, no te vayas, escúchame…

Te acercaste a mi preguntando:

            —¿Sabes dónde está la uam

            —Claro, en la siguiente calle. Al mirarte, sin pensarlo, me ofrecí a llevarte.

            Una vez en el plantel y ya en ventanilla, me di cuenta que ibas a recoger tu certificado, sorprendida te pregunté que si ya conocías la escuela, ¿por qué me habías dicho que no?, con palabras suaves y sonriendo, me dijiste que jamás habías mencionado no conocer el plantel, simplemente me habías preguntado, si yo sabía donde estaba, me dio tanta risa tu precisión, era cierta, también era cierto que me sentía cautivada por ti.

             Al salir de la escuela era mediodía, me tomaste de la mano y empezamos a caminar.

            —¿Te gusta el cine?

            —¡Me encanta!

La Cineteca fue nuestro primer lugar juntos, luego vino Chapultepec, Xochimilco, Cuernavaca, Veracruz, Oaxaca, y cada día se fue haciendo más larga la lista de lugares a visitar y mientras más  lejano se encontraban más tiempo pasábamos juntos.

            Cómo olvidar mi primera vez, estaba muy nerviosa, me habían dicho que dolía tanto, que por eso los hombres lo tomaban como una muestra de amor, pues sólo  el amor te hace soportable el dolor. Fue una gran mentira, nunca sentí dolor, sólo hubo pasión y el momento climático llegó justo cuando sentí mi cuerpo fundido a ti. Hacer el amor contigo era disfrutar, experimentar, caer al vacío para después elevarse hasta lo más alto, donde todo era dos cuerpos fundidos en un solo  y  con una sola alma.

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Nació en la ciudad de México. Egresada de la Carrera de Letras Hispánicas de la UAM-Iztapalapa. Docente Tutor Investigador de la materia Lengua y Literatura en la Preparatoria Iztapalapa 1 del IEMS de la Ciudad de México. Ha publicado en La aparecida, Molino de Letras y en el libro colectivo Cartas Marcadas (Cofradía de Coyotes, 2014) y en la antología Escribir para leer y no morir en el intento (Ed. AMEICAH, 2015).