Foto: Jeremi Ensaldo Sánchez

Para el oriente del Estado de México, Texcoco despunta como un referente formativo inmediato. Obviando al Centro Cultural Mexiquense Bicentenario —recinto que ha albergado puestas en escena de talla internacional—, el municipio cuenta con una de las agendas culturales de mayor relevancia.

Polémico en cuanto a festivales que han sufrido de altibajos —léase Feria Internacional del Caballo, Skatex, Festival Cultural Texcoco Rey Poeta Nezahualcóyotl, Hell & Heaven—, esta ocasión llegó el turno para el Texcoco Beerfest 2020, el cual se llevó a cabo los pasados 1 y 2 de febrero en las instalaciones del Rancho Victoria, San Bernardino.

Foto: Jeremi Ensaldo Sánchez

Para sorpresa del público asistente, la dedicación podía percibirse desde el arribo a las taquillas del rancho. Con agilidad y presteza, el ingreso al evento fue fluido, sin que por ello se demeritaran las medidas de seguridad que deben ser imperantes en programas de la magnitud aspirada.

Las zonas se encontraban bien delimitadas entre un área para la comercialización de productos hechos en la región, gastronomía, dos escenarios musicales rodeados por pabellones de venta de cerveza e incluso un área de guardería. Los precios estuvieron equilibrados; por el contrario, la camaradería fue constante. Mención aparte merecen los conceptos de cada casa cervecera: desde la temática vikinga hasta la prehispánica lucieron en sus stands respectivos.

Foto: Jeremi Ensaldo Sánchez

Quizá si algo negativo debiera mencionarse serían los horarios del segundo día. Debido a algún retraso sufrido por parte del equipo técnico, los músicos considerados tuvieron que iniciar aproximadamente con media hora de retraso, lo que complicó un tanto el itinerario del domingo. Sin embargo, la buena disposición y profesionalismo de quienes realizaron el festival pudo superar este inconveniente que, visto en una perspectiva comparativa con otros incidentes muchísimo más graves suscitados en otros espacios, pareciera diminuto.

En un ambiente impecablemente familiar, el Beerfest demostró que los festivales culturales de grandes proporciones no son ajenos a la buena organización.