Chapingo, por antonomasia, es un sitio de expresiones multiculturales. No solamente por la comunicación ininterrumpida que ha llevado a cabo con estudiantes de intercambio o los pueblos originarios de México, por ejemplo. También por las tendencias artísticas que tienen nacimiento y desarrollo en sus instalaciones. A manera de evidenciar que lo anterior es un proceso vigente y, en definitiva, no se ha detenido en figuras como los celebérrimos Mario Moreno Cantinflas o Álvaro Carrillo, se sostuvo una entrevista con los integrantes de la banda Azul & Guerra, quienes compartieron sus puntos de vista sobre el panorama musical y como egresados de la Universidad Autónoma Chapingo (UACh).

Molino de Letras (ML) les pide que se presenten.

Guerra (G): Yo soy Alexis Guerra, soy originario de la Ciudad de México, aunque mi familia es de San Luis Potosí y Michoacán. Crecí en la Ciudad y, al mudarme a Texcoco, la máxima referencia de estudios era Chapingo. Con mucho orgullo, soy chapinguero egresado de la Ingeniería en Recursos Naturales Renovables y toda la vida me han dicho Guerra. En cuanto a la ingeniería, es algo que me interesa totalmente. Creo que los momentos más felices no los he pasado en una ciudad sino entre la naturaleza y es algo en lo que siempre me ha gustado poner mi granito de arena para ayudar.

Azul (A): Me llamo Juan José Juárez Velázquez, soy originario de la Ciudad de México, pero me siento de San Gerónimo Amanalco, Estado de México, y también soy egresado de Chapingo, de la carrera de Ingeniería Forestal Industrial. Elegí esta carrera, en principio, porque de donde es mi familia, al pie de las montañas, a mí me gustaba pasar el tiempo acompañándolos en sus labores agrícolas. Para llegar a esos terrenos había que cruzar tramos con bosque. Fue un poco por la nostalgia. Y la industria, tal vez un poco porque ahí está el dinero (risas). He aprendido que no se pelean la conservación y concientización de los recursos naturales con generar ingresos monetarios para los pobladores de esas zonas.

ML: Teniendo estos trasfondos en cuenta, ¿cómo se conocieron para iniciar con el proyecto Azul & Guerra?

G: Fue una de las casualidades de la vida. En la preparatoria, yo tenía la típica banda con unos amigos que es nada más para divertirse. Un día llegó un amigo en común que se llama Marco. Él trajo a Azul y dijo: él también va a tocar con nosotros. Esa banda terminó por separarse, pero nosotros vimos que teníamos la misma idea musical, nos gustaban cosas similares, específicamente en el género acústico y de ahí empezamos a sacar algunas canciones. Así fue el inicio.

A: El nombre Azul & Guerra viene para evidenciar que sólo somos nosotros dos interpretando la música. Si quisiéramos darle un significado un tanto más profundo, más allá de nosotros, sería la dualidad: esa calma que existe en el cielo color azul y la energía, el caos de la guerra.

ML: ¿Ha habido diferencias entre ustedes?

A: Más que diferencias creativas, ha habido influencias. Yo venía del metal, el folk, el balkan, la trova y géneros así que, aunque no tengan nada que ver entre ellos, me gustan. Guerra viene de un entorno más roquero, más progresivo.

ML: ¿Azul & Guerra siempre ha sido concebido como un dúo?

G: Sí, aunque nunca nos hemos cerrado a otras posibilidades. El proyecto surgió así por las influencias que teníamos en común, como Rodrigo y Gabriela o Strunz y Fahra. Digamos, una corriente de duetos acústicos instrumentales. Y también fue por la practicidad. Tener una banda es como tener una familia que tienes que organizar. Hay quienes no pueden, quienes no le echan ganas. Y vimos que la creatividad y la organización fluye muy bien entre dos. De una forma más fácil. Pero no nos cerramos a otras colaboraciones.

ML: Teniendo en cuenta la cantidad de música disponible, ¿por qué hacer música?

A: La música es un lenguaje. Es como preguntar, ¿para qué hablar si todos dicen las mismas palabras? El sentido no es decir algo sino la manera en que lo decimos. Nosotros, al tener una formación chapinguera sobre la concientización ambiental, es lo que rescatamos. De muchas de las cosas que han incidido en nuestra formación, hemos pensado: “Esto debería conocerlo toda la gente”.

G: Para hacer música se necesita el mínimo pretexto. Es parte de la vida cotidiana. Hablando como músico y egresado de Chapingo, queremos transmitir a las personas algunos de los privilegios que nos caracterizan a los estudiantes universitarios.

ML: Respecto a lo anterior que comentan, ¿hay algún mensaje político en Azul & Guerra?

A: No. Nosotros no tenemos nada que ver con el juego de poderes. Si quisiéramos señalar algo con nuestra música es el poder sobre uno mismo. Que uno sea quien decida, que uno tenga la información y uno pueda contribuir al entorno. Es un el mensaje al que aspiramos.

G: Tenemos nuestras posturas. Preferimos no involucrarlas en la creación de música.

ML: Como músicos, ¿de qué manera influye haber estudiado en Chapingo?

G: Yo lo veo mucho con Azul (risas). Él es muy meticuloso. Desde estudiante y al ejercer su profesión, es muy organizado y siento que es algo que traslada hacia la banda.

A: Volviendo a la parte de la industria, es muy importante saber procesos, planeación y tener en claro los objetivos. Es algo que he retomado y aplicado en nuestro proyecto. En la producción musical, nuestras canciones definitivamente están inspiradas en lo que hemos vivido en Chapingo. En la parte visual, las referencias y simbolismos con los que identificamos a Azul & Guerra están abocados a lo ambiental, la agricultura y lo social.

ML: Con estos elementos, ¿a cuál es el público al que les gustaría llegar? ¿O hay alguien a quien no esté dirigida su música?

A: Si alguien no quiere escuchar nuestra música, tampoco queremos obligarlo. Aunque mientras más personas podamos alcanzar con ella, para nosotros es mejor. No nos cerramos a un sector, pero notamos a quienes nos escuchan. Hablando de edades, es aproximadamente de 21 a 35 años. Pero el perfil es muy variado.

G: Es lo bonito de la música instrumental. Podemos tratar de trasmitir algo, pero la mayor parte queda en los sentidos del oyente. Por ejemplo, hemos visto a niños o adultos mayores encontrando algo que disfrutar en nuestra música y así nos lo han expresado.

ML: Eso debe ser sumamente alentador para un músico pero, ¿ha habido experiencias desalentadoras para Azul & Guerra?

A: Con el público nunca. Siempre hay al menos una persona que, al bajar del escenario, nos dice: “Gracias, nos gustó mucho, no se detengan”. Esas frases son enormes impulsos. Lo que desmotiva es más la organización de eventos, con los foros, quienes piensan que una retribución suficiente es la difusión de proyectos.

G: Para mí, más que desalentador, es a veces agotante ejercer la ingeniería a la par de la música. En realidad, no veo alguno de estos dos aspectos como trabajo. Una me refugia de otra (risas).

ML: ¿Hay algún mensaje en específico en la banda? Como creadores, ¿qué les interesa transmitir?

A: Tenemos tres ejes que nos importa abordar. La naturaleza, la literatura de autores como Ray Bradbury o Patrick Rothfuss, y la conservación de la lengua indígena.

ML: ¿Cómo perciben la comunidad musical de Texcoco?

G: Hemos visto cosas negativas y positivas. Iniciando en Chapingo y ahora en Texcoco. En las llamadas “batallas de bandas”, sin el ánimo de competir y más buscando generar comunidad, hemos conocido proyectos muy interesantes a los que ya podemos llamar amigos. En general, en Texcoco hay artistas que nos interesan mucho.

A: Escultores, diseñadores, yo mencionaría incluso ingenieros en audio que son igual de importantes. Un show también depende de ellos. El staff, la ingeniería. Todos ellos con quienes trabajando en conjunto nos hemos dado cuenta que los procesos se facilitan.

Nunca hemos querido tener la actitud de “yo soy mejor que tú”. Lo que buscamos conociendo a otras bandas y sus alcances es más orientado a cuestionarnos: “¿y qué estamos haciendo nosotros?” Esa misma competitividad nos da pie a mejorar nuestra ejecución.

G: Si alguien tiene la idea de crear arte, tarde o temprano, todos se conocen. En la historia musical texcocana puedes encontrar desde Tex-Tex hasta Muerte Chiquita, que lograron cosas impresionantes. Los Cienpies, que incluso tienen canciones en el soundtrack de una película.

ML: ¿Qué bandas activas de Texcoco recomendarían?

A: Yo creo que con los que hemos estado tocando más: Moctezuma, Patasola y Los Cienpies.

G: Son muchísimas. No quisiera dejar a alguien fuera.

ML: ¿Cuál es el futuro para Azul & Guerra?

G: Terminar nuestro primer material. Tenemos un demo, aunque no es de la calidad que sabemos que podemos imprimirle. Nuestro objetivo es terminar el primer disco antes del primer semestre del año. Llevarlo hasta donde permitan los recursos y a final del año enfocarnos completamente a componer nuevo material.

A: También tendremos una celebración con los seguidores que hemos obtenido, quienes nos han apoyado, el 29 de febrero. Para noviembre, tendremos un concierto en Aldea Vikinga, Teotihuacan, junto a otras bandas que ellos seleccionaron. Por el equipo que está planeado utilizarse y los recursos que están siendo invertidos en ello, quizás sea el concierto con mayor profesionalización en el que habremos estado.

ML: Para finalizar, ¿hay un mensaje que quisieran compartir a quienes les gusta la música o al público en general?

G: Algo que he pensado mucho es que, si algunos tienen amor por el arte, no se intimiden. Es algo muy cultural, muchas veces, hasta de familia. Tal vez es bueno que te ayuden a poner los pies en la tierra, pero tal vez nos estamos perdiendo de muchos creadores que pueden trascender no sólo a nivel local sino nacional o internacional. Siempre habrá alguien que te puede apoyar. Si quieren dedicarse totalmente a ser creadores, creo que va a ser la mejor decisión de sus vidas.

A: Todos tenemos que ser más empáticos con todos. Los músicos con su público para ofrecerles algo de calidad, por ejemplo. No dejemos que nos corrompan los mercados. Si tienen amigos creando, debemos apoyarnos. Proyectarnos mutuamente en una relación de “si él pudo, yo también puedo” o, más bien, “si él logró algo que yo no estoy logrando, tengo la confianza de acercarme y preguntar en qué estoy fallando”.

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