La escuela es el escenario de esta obra de teatro antropomórfica donde el actor principal la damisela en peligro y el personaje que siempre está tras bambalinas tendrán que lidiar con sus sentimientos y sus instintos. En un mundo donde carnívoros y herbívoros interpretan sin chistar los papeles que les han sido asignados al nacer, estos tres se cuestionarán su lugar en el mundo, la naturaleza de sus elecciones y el rol que interpretan.

Beastars es un anime de 2019 basado en el manga homónimo de Paru Itagaki y que se estrenará para latinoamérica en marzo de 2020 por Netflix. Cuenta con 12 capítulos en su primera temporada y nos lleva a un mundo de animales antropomórficos con una división de clases marcada entre herbívoros y carnívoros. La trama se centra en los conflictos amorosos y sentimentales de los estudiantes de la Academia Cherryton, en especial de un lobo gris, una coneja y un ciervo rojo.

Beastars es una obra que ha tenido que vencer el estigma que pesa sobre el furry fandom (amantes de los dibujos de animales antropomórficos) -porque sin duda no hay rincón de internet libre de los memes que encuentran en esta comunidad su blanco preferido de mofas, a la par de los otakus-, para asentarse entre el gusto del público en general por tratarse de un anime que va más allá de los convencionalismos del género escolar/romántico.

Imagen tomada sin fines de lucro.

El conflicto principal, claro, está en la tensión romántica no resulta entre Haru, una coneja enana  acomplejada por su pequeño tamaño que se involucra sólo sexualmente con los hombres porque prefiere ser objeto de deseo antes que de compasión, y Legoshi, un lobo gris que tiende a evitar el conflicto por todos los medios, incluso si tiene que fingirse débil y achicar su presencia para no perturbar a los demás. ¿Están enamorados de verdad o solo actúan bajo una dinámica de cazador/presa? ¿Legoshi es capaz de sobreponerse a sus instintos carnívoros para no hacerle daño a Haru? ¿Haru aprenderá a vincularse sentimentalmente con alguien dejando de lado el temor a ser herida o vista como alguien inferior? La serie desarrolla a fuego lento las respuestas a estas y otras interrogantes en el marco de un club de teatro, un gran evento próximo a suceder y un asesinato misterioso en la escuela. Y lo hace se forma esplendida, con minuciosos estudios de personaje (diálogos expositivos a parte porque, bueno, es un animé y así funciona el medio) y una animación detallada y artística (tanto el opening como la primera secuencia del primer capítulo, una brutalidad).

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Pero lo que hace de verdad rica a la obra de Itagaki es el subtexto que tiene que ver con una crítica interesante a una sociedad japonesa cuya convivencia pacífica se sustenta en las apariencias y mentiras, en no luchar contra tus instintos violentos o inclinaciones perversas sino simplemente ocultarlas, apartar la vista de ellas, desfogarlos solo en el foro privado, fuera de la luz, en los tugurios donde las ataduras morales no son impedimento porque no hay nadie para juzgarte. Esto se pone de manifiesto en la lucha interna de Legoshi entre lo que cree correcto y lo que se espera de él como carnívoro. En la subtrama de Louis, el presidente de la clase, un herbívoro que ambiciona la fuerza de los carnívoros, para el que las apariencias lo son todo y quien estará dispuesto a jugarse el físico antes que revelar sus inseguridades. Y en Haru, una coneja que enfrenta con resignación su condición de depredada y cuyo mecanismo de defensa ante las injusticias que sufre es voltear la vista y seguir adelante.

Lamentablemente Beastars lleva su conflicto con la dualidad a nivel trama y por eso mismo tropieza. En toda la regla, esta obra es un historias de la vida, un drama escolar, y como tal funciona de maravilla porque profundiza como pocas en la naturaleza de los personajes y cómo estos se relacionan con el mundo, pero sus mayores problemas a nivel argumental nacen en cuanto empieza a coquetear con la acción y el seinen de peleas, con lo que a partir de capítulo 9 el tono de la serie da un giro brusco que rompe con la experiencia.

Porque no es que Beastars haga de Legoshi un peleador salvaje y lo libere de sus anclas morales para que se entregue a sus instintos de carnívoro y reparta mordidas a diestra y siniestra, sino que lo hace en un escenario francamente inverosímil y con un cambio muy abrupto de tono. Los antagonistas del último arco de la temporada son más, están mejor armados y prácticamente representan a un grupo estilo yakusa tan poderoso que ni siquiera el alcalde de la ciudad se quiere meter con ellos. La disparidad de condiciones entre bandos no abona a que creamos en que un lobo de 17 años, desarmado y con la ayuda de un secundario, pueda salir avante de esta situación con apenas unos golpes.

Incluso este arco juega en detrimento de Haru, objetivizándola al punto de convertirla en lo que ella tanto detestaba: ser una frágil víctima a la que el pretendiente de turno tiene que salvar, incluso si éste está enamorado de ella, y, sin embargo, esto no representa ninguna molestia para ella ni desata ninguna clase de frustración para las aspiraciones del personaje. Para ser francos, Haru la menos desarrollado en el trío de protagonista y cuya conclusión de conflicto se siente insatisfactorio. Su arco es confuso y su cierre parece más una involución del personaje, quien ha quedado reducida al interés amoroso del protagonista y un elemento dramático para que sea él quien aprenda y se desarrolle; ella simplemente se ha rendido ante la idea de que gusta de Legoshi solo cuando, como todos los hombres de su vida, la ha rescatado, ignorando su deseo de dejar de ser tratada como una flor de ornato, un ser tan frágil que siempre estará dependiendo de lo que otros hagan por ella.

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Beastars es conflicto amoroso, es un camino de autodescubrimiento y es una obra que, aunque tropieza un poco en su recta final, prevalece gracias a su esencia fresca de animales antropomórficos hablando al espectador de la manera más humana posible. Los chistes de furrys no volverán a ser lo mismo después de esta obra magnifica de la animación japonesa.