Feminicidio en la universidad: que arda todo

El feminicidio de Nazaret Bautista Lara en la Universidad Autónoma Chapingo (UACh) debe mover nuestras conciencias para dilucidar qué está pasando en el país y cómo podemos contribuir al bienestar de todas y todos. La tarea no es fácil. Aunque entre los actores convencionales dentro de la universidad se llegue a la conclusión de que más cámaras arreglarán el problema porque creen que una mayor vigilancia podría resolver la violencia, no es así: el riesgo de que la violencia se desborde está latente y nuestra tarea es repensar las acciones reales que nos permitan una vida armoniosa.

Las fuerzas políticas resentidas realizarán una campaña contra la administración por su negligencia y poco tacto para manejar el asunto, pero no son conscientes de que la situación de nuestro país es de suma gravedad y que los responsables de la debacle somos todos, así que todos debemos participar de forma decidida en su  solución; pero, sin duda, la tarea más importante la realizarán las alumnas y alumnos de esta muy noble institución, si ellas y ellos quieren vivir seguras y con la tranquilidad necesaria —no tengo duda que todos deseamos eso.

Así, pues, las alumnas en primer lugar, pero en realidad todos, debemos reflexionar sobre las acciones que debemos tomar para garantizarnos la seguridad que merecemos; se requiere un plan de autodefensa, de autocuidado, en el reconocimiento de que sólo entre nosotros podemos cuidarnos de la mejor manera, entre amigos, entre compañeros que nos apreciamos y nos queremos.

Compañeras y compañeros deben reflexionar sobre este punto en los grupos académicos, debemos darnos un espacio en las clases con nuestras maestras y maestros de confianza para generar las propuestas necesarias y urgentes de seguridad, mismas que deben ser canalizadas a través de los jefes de grupo y delegados al Consejo General de Representantes.

Las propuestas son múltiples, pero sólo funcionarán si son generadas y consensuadas en los grupos académicos. Por ejemplo, debemos enfrentar la violencia verbal y gráfica. Tengo chats de Whatsapp  con mis grupos académicos donde compartimos trabajo y en muchas ocasiones los conflictos que se generan ahí son brutales, sin importar que haya un mentor. Para contenerlos he pedido moderación, adviertiendo que de lo contrario saldré del chat y así se han calmado, pero más allá de ese espacio sin duda hay sitios de comunicación violentos, sin control.

Es importante contemplar un violentómetro, instrumento que se usa en otras instituciones, donde se aprecian focos rojos de acuerdo con el grado de violencia, que puede ir desde agresiones verbales hasta amenazas y agresiones físicas. Este instrumento permitiría tener una dimensión de la gravedad de algunos actos. Por otro lado, se requieren grupos de apoyo entre compañeras y compañeros que ven de primera mano la violencia, donde no llega la vista del académico o del disciplinario.

Necesitamos hacer uso de la tecnología, requerimos más y mejores cámaras, pero se debe tener cuidado de no violar la intimidad de la vida personal y comunitaria. Un recurso fundamental son los grupos de emergencia en los celulares; sin embargo, dada la brutal deficiencia de nuestro servicio de cómputo universitario, no podemos usar el internet. Por ello, propongo el uso de la aplicación Bridgefy, que se comunica con el bluetooth, esto es de celular a celular; la app tiene un alcance de cien metros, pero en el grupo de emergencia se podría mandar un mensaje que en fracción de segundos llegue de Autoconstrucción al Gallo, atravesando toda la universidad. Esta aplicación se usó con éxito en el sismo de hace un par de años en la ciudad de México y hay experiencias  exitosas en varias partes del mundo.

Sin duda habrá abundantes propuestas para mejorar la seguridad, pero esas medidas son sólo una parte de la solución. Hay dos puntos estructurales que requieren atención urgente y que de no resolverse no se podrá alcanzar la seguridad necesaria:

  1. a) Uno es de orden didáctico, educativo. Sabemos que Chapingo forma a los técnicos mejor preparados en su área, pero lo que es urgente es que formemos a las mejores personas, que no se corrompan, que comprendan la equidad de género, que reconozcan los derechos humanos, que cuiden el medio ambiente, que sean solidarios; es decir, debemos trascender la educación competitiva, dejar atrás la educación egoísta que nos hace pensar que nada ni nadie importa sólo nosotros y trabajar por el bien común. Esta es una tarea larga pero debemos emprenderla, considero que las alumnas y alumnos deben tomar en sus manos estas transformaciones.
  2. b) El otro punto fundamental es revisar nuestro sistema de gobierno. Para todos es una realidad que el Estatuto Universitario requiere revisión, que todo en Chapingo requiere reestructurarse. Para ello se hace necesario impulsar un Congreso General Universitario que rediseñe a la UACh que demanda el siglo XXI. Un ejemplo de la necesidad de transformación está en el Consejo Universitario, debemos preguntarnos si nos representa, si representa a las mujeres, a los indígenas, a las y los estudiantes de alto rendimiento, a las profesoras y profesores que están comprometidos con esta universidad (según evidencias de trabajo sólo uno de cada cuatro); hay que preguntarnos a quién representan los consejeros por el tercio, estos consejeros deben desaparecer, son múltiples las razones, pero al menos la que tiene que ver con la representatividad es suficiente: no representan a nadie o acaso a sus grupos políticos; es decir, si un consejero de Fitotecnia o Zootecnia requieren consultar a su comunidad sobre un punto delicado pueden organizar una asamblea, pero los del tercio no.

Para nadie es un secreto la capacidad corruptora de algunos grupos políticos. La vergonzosa compra-venta de votos en la elección del año pasado, por ejemplo; pero la corrupción no sólo es en dinero: ha trascendido que se compran voluntades no sólo con pagos de cinco cifras para algunos consejeros, sino con viajes a otros continentes o apoyos académicos de diversa índole.

Este sistema está agotado y debemos tomar medidas urgentes; se requiere que dentro del Consejo Universitario haya equidad de género, es decir que la mitad sean mujeres y la otra mitad sean hombres, se necesita que haya una comisión de equidad de género que promueva las iniciativas que esta muy noble institución necesita; ninguna otra propuesta garantizaría que se tomen las medidas que nuestro tiempo demanda; hay que recordar que es en el Consejo Universitario donde se decide entre muchas otras cosas el presupuesto y debe ejercerse con perspectiva de género.

Hay que innovar, hasta ahora el Consejo se integra por representantes por departamento, pero podrían buscarse otras formas, por grado académico, por ejemplo, donde se elijan una compañera y un compañero, de esta forma tendríamos 12 compañeras y 12 compañeros alumnos. Hay otras posibilidades considerando, por ejemplo, unidades de representación por cada mil alumnos; en realidad debemos trabajar entre todos para contribuir a que nuestra muy noble universidad incremente su desarrollo académico y el bienestar de todas y todos.

En conclusión, el feminicidio no es un asunto de un asesino solitario, es un tema de las acciones que debemos tomar como comunidad para enfrentarlo, dentro de un contexto de violencia generalizada; si no vamos a fondo como comunidad universitaria nos enfrentaremos ante la violencia brutal de forma reiterada .