Otoño

Foto: Adriana Aurora Arriaga Trejo

Estaba triste la mayor parte del tiempo, lo había descubierto un día mientras viajaba sentado en el vagón de un metro con rumbo desconocido; me lo contó él mismo cuando pintábamos galaxias y cosas sin sentido, mientras tarareábamos canciones que nos hacían sentir infinitos.
Hablamos de lo difícil que se hace la vida a medida que creces y en lo inútiles que se convierten las personas, incluido uno mismo, en situaciones específicas. También tocamos temas sobre lo solo que te sientes aun perteneciendo a un universo tan grande, y tratamos de descifrar cómo es nuestra vida en las infinitas dimensiones que están aún ocultas para nosotros y cómo algunas veces la realidad puede ser más confusa que aquellos otros espacios.
Me confesó irónicamente, con esa inquietud que posee al contar algo que le apasiona, que felizmente se dedicaría toda la vida a realizar la actividad a la que nos dedicábamos esa tarde.

No pronunciamos ni una sola palabra que tuviera que ver con aquel ciego alado.

Aún puedo revivir, si cierro mis ojos frente a cualquier atardecer de octubre, su compañía, la que tantas veces me hace falta, como ahora.