La comida es el punto de reunión y socialización de los seres humanos, a través de ella crecemos, nos relacionamos y convivimos.

Desde que somos bebés nuestro primer acercamiento a nuestra madre está ligado a la comida. Cuando fuimos niños y enfermábamos nos hacían un “caldito de pollo”, cuando había fiestas la comida era el punto central, cuando vivimos el primer desamor seguro alguien nos regaló algún alimento para endulzarnos la vida.

Aún resuenan en mi cabeza las palabras de mi abuela sobre comerse todo lo del plato y no dejar nada, una cucharadita y ya, me decía y la vida se iba construyendo alrededor de buenos y malos momentos que se relacionaban con la comida.

Los grandes negocios se cierran en restaurantes, la vida, incluso, se despide con comida y así nuestro desarrollo y socialización nos va reuniendo alrededor de ella.

Y es por este tipo de hechos que nuestra relación con la comida se define. En terapia he conocido pacientes que a pesar de tener enfermedades graves, diabetes u otras, no podían dejar de consumir pan o alimentos azucarados. Cuando exploraba sobre su relación con la comida, podía darme cuenta que la utilizaban como un refugio para sus problemas emocionales y que en ocasiones podía representarles recuerdos reconfortantes. En contraste, para las personas que padecen anorexia, la comida se vuelve para ellas una pesadilla, le rehuyen pero suele representar una manera de querer desaparecer, de morir lentamente.

Si bien el alimento es nuestro sustento vital, para muchos se convierte en un problema que no pueden manejar, pero ¿qué sucede en esta relación que puede llevar a la comida a ser el peor de los tormentos?

Pareciera ser que el tema de la salud y la alimentación ha cobrado gran auge hoy en día, las dietas y los productos light se han puesto de moda, esto no es una casualidad, más bien, es el resultado de estudios que demuestran que nuestro peso tiene una relación con nuestras emociones.

La mayoría de las personas tenemos una mala relación con la comida, lo que provoca que tengamos conductas que se denominan compensatorias, que son las que nos hacen comer para poder evadir nuestros sentimientos.

Al tener una mala relación con la comida con frecuencia se tienen sentimientos de culpa y tendemos a querer hacer dietas, mismas que fracasan, porque pensamos tener el control de lo que comemos, pero es un control irreal, pues provoca que no tengamos contacto con nuestras emociones, escondemos lo que sentimos, no distinguimos lo que nos pasa a nivel emocional y entonces mejor comemos. Es por ello que, en la mayoría de las ocasiones una persona que tiene problemas de peso requiere no solo de una dieta sino de un tratamiento que incluya la atención psicológica, que le ayude a entender su relación con la comida y a reconocer sus emociones sin confundirlas.

Los comedores emocionales generalmente tienen un nivel de compulsión grande, la  compulsión es una especie de desesperación a nivel emocional, se le teme a las emociones y se manifiesta de forma compulsiva.

En la actualidad es mucho más común de lo que parece el que las personas sean comedores emocionales. Las situaciones que suelen desencadenar este tipo de problemas están ligadas a problemas en las relaciones personales, ansiedad, depresión, soledad, estrés, cansancio, problemas de salud, económicos, por mencionar algunos. Estas situaciones provocan emociones negativas que se suelen querer compensar mediante el consumo de alimentos que generalmente no son saludables.

Se trata generalmente de alimentos como azúcares, sodio y grasas, que tienen poco o ningún valor nutricional, que provocan que subamos de peso o incluso que enfermemos.

Y es así como esto se suele volver un círculo vicioso, donde la culpa juega un factor muy importante que nos hace volver una y otra vez a una forma de comer compulsivamente.

La intención de compartir estas líneas es poder ayudar a tomar conciencia de nuestra relación con la comida. Se dice, incluso, que si logramos mejorar esa relación nuestra vida cambiará notoriamente y nos sentiremos mejor con nosotros mismos. De ahí la importancia de saber qué hacer al respecto.

¿Qué se puede hacer para tener una relación más saludable con la comida?

  • Darse cuenta. Reconocer nuestra mala relación con la comida y aceptarlo.
  • Dejar de querer controlar. Vivir a dieta no va a proporcionar el control que requerimos sobre nuestra vida.
  • Distinguir cuando tenemos hambre emocional, del hambre como una necesidad básica, ya que de esta forma podremos satisfacer el hambre real y poner límites a nuestra hambre emocional.
  • Comprender y sentir a nuestro cuerpo cuando nos señala que ya estamos satisfechos y dejar de comer de más. Hasta que aprendamos a separar estos tipos de hambre podremos modificar nuestra relación con la comida y por ende no solo mejorar nuestra salud física, sino también la salud emocional.
  • Liberar la mente. Relajarse y hacer meditación ayuda a liberar tensiones y a calmar la ansiedad que puede surgir a la hora de comer.
  • Ver a la comida como el sustento de la vida. Un punto central es entender que la comida no es compañía, no es amor y que está bien disfrutarla pero no como algo más.
  • Oler, saborear y masticar despacio. Darse el tiempo para comer. Haciendo esto se puede notar como uno va sintiéndose satisfecho, cuando comemos de prisa no notamos este tipo de sensación.

Como señalé al inicio, a lo largo de nuestra vida aprendemos a relacionarnos con la comida de diferentes formas, en el momento en que decidamos que esa forma ya no nos interesa o no nos es útil, podremos aprender otra forma diferente de interacción con la comida que nos permita disfrutarnos mejor.

La comida es nuestro sustento, se puede convertir en nuestro peor tormento pero también en nuestra mayor fuente de satisfacción, así que si logras comprender estas líneas, descubrirás que pueden ayudarte a sentirte mejor, cuidar tu salud y encontrar calma cuando comes.

Existen instituciones gubernamentales y asociaciones civiles que brindan ayuda gratuita o a bajo costo y que pueden apoyarte a encontrar y entender tu relación con la comida. Si tienes dudas o comentarios también puedes dirigirte a profalaviniae@gmail.com