‘La inteligencia de las flores’ abre nuevo diálogo

'La inteligencia de las flores' incluye 17 imágenes a color de Silvana Andrade, fotógrafa e ingeniera especializada el área de microscopía electrónica

Oaxaca de Juárez. En época de crisis de sensibilidad, del boom de la tecnología y de explotación de los recursos naturales a nivel mundial y local, hay temas que pasan inadvertidos a nuestra mirada, como las flores, la luz, los insectos y el silencio –ya sea por su tamaño o porque hemos olvidado su valor cultural y fundamental en nuestra humanidad.

Entre esos temas minúsculos, pero con gran significado, un grupo de jóvenes dedicados a la cultura en Oaxaca encontró la posibilidad de abrir un nuevo diálogo y, para ello, reeditaron La inteligencia de las flores, del belga Maurice Maeterlinck (1862-1949), libro con el que se inaugura la editorial Zopilote Rey.

Para esta naciente editorial integrada por Karina Sosa, Guillermo Santos y Frida Castañeda, su interés radica en reflexionar sobre las pequeñas cosas y la posibilidad de obtener de ellas una lección para la vida, como la que nos dan las flores que, condenadas a la inmovilidad desde que nacen hasta que mueren, saben mejor que nosotros contra qué rebelarse, tal como anotó Maeterlinck en La inteligencia de las flores:

…la energía de su idea fija, que sube de las tinieblas de sus raíces para organizarse y manifestarse en la luz de su flor, es un espectáculo incomparable. Tiende toda entera a un mismo fin: escapar hacia arriba a la fatalidad de abajo, eludir, quebrantar la pesada y sombría ley, libertarse, romper la estrecha esfera, inventar o invocar alas, evadirse lo más lejos posible, vencer el espacio en que el destino la encierra, acercarse a otro reino, penetrar en un mundo moviente y animado […] Veremos que la flor da al hombre un prodigioso ejemplo de insumisión, de valor, de perseverancia y de ingeniosidad. Si desplegásemos nuestras energías en levantar las diversas necesidades que nos abruman, por ejemplo, las del dolor, de la vejez y de la muerte, sin duda, ese esfuerzo sería equivalente al que lleva a cabo la más pequeña flor de nuestros jardines.

Maurice Maeterlinck, ensayista, dramaturgo y botánico aficionado, observa, sugiere y evoca, en lo diminuto de la naturaleza, el indicio de una inteligencia universal.

Se diría que las ideas acuden a las flores de la misma manera que se nos ocurren a nosotros. Tantean en la misma oscuridad, encuentran los mismo obstáculos, la misma mala voluntad, el mismo desconocimiento. Conocen las mismas leyes, las mismas decepciones, los mismos triunfos lentos y difíciles. Parece que tienen nuestra paciencia, nuestra perseverancia, nuestro amor propio; la misma inteligencia matizada y diversa, casi la misma esperanza y el mismo ideal.

“Nos interesan estos temas pequeños porque no están de moda, porque el mundo en que vivimos los proyectos son de explotación natural y humana, por eso nos parece importante crear alternativas a través de propuestas estéticas”, comenta Guillermo Santos. Este equipo de jóvenes dedicados a la cultura considera también que todo está vinculado: las plantas, las flores, los insectos, los seres humanos y, en ese sentido, hallan necesario volver a mirar y hablar de estos temas atemporales pero con valor universal.

“Este es un buen libro para inaugurar nuestra editorial. Nos alegra quizá porque teniendo temas como las flores, las piedras y los insectos se abre un nuevo diálogo y nos da gusto que gente joven esté interesada en estos asuntos”, asevera Karina Sosa. Santos agrega que también existe interés en la reflexión sobre la tecnología como una técnica que la especie humana ha creado para poder sobrevivir, como una extensión de su propia mente.

La inteligencia de las flores, uno de los cien libros que hay que leer antes de morir, según sentenció Jorge Luis Borges, está acompañado de imágenes de Silvia Andrade, fotógrafa e ingeniera especializada en el área de microscopía electrónica, cuyas imágenes evidencian la interdisciplina entre el arte y la ciencia.

Foto: Silvia Andrade
Foto: Rocío Flores