Imposición ¿o voluntad colectiva de los universitarios? El último proceso electoral en la UACh

El escrutinio y conteo de los votos se hace a la vista del público. En esta elección, ejemplarmente, al tiempo que se contaba voto por voto los resultados parciales se iban anotando en el tablero electrónico. Foto: mzz

Los países del T-MEC deberán ratificar varios tratados internacionales sobre propiedad intelectual, entre ellos la Unión Internacional para la Protección de las Obtenciones Vegetales UPOV de 1991, al que Zedillo nos adhirió en 1997.

El T-MEC ratifica así “derechos de monopolio muy amplios a favor de los obtentores de variedades vegetales, a quienes define como “aquella persona que haya creado o descubierto y puesto a punto una variedad vegetal. Esos nuevos derechos abarcan toda la cadena productiva y reproductiva del vegetal en cuestión, incluyendo la producción, reproducción, venta, exportación e importación, que deberá ser autorizada por el obtentor. Esa ´autorización´ implica el pago por el uso”.

María Ramos Urzagaste

El T-MEC conserva todas las desventajas del TLCAN contra México y agrega nuevos elementos, entre ellos los aspectos de propiedad intelectual, especialmente en farmacéutica y agricultura, con el fin de aumentar los privilegios y el dominio de mercado de las empresas trasnacionales que dominan ambos sectores. Se agregan además secciones nuevas, como la de biotecnología agrícola, destinada a aumentar y facilitar la importación de maíz y otros transgénicos a México y presionar al país a aceptar su siembra y consumo. Obliga también a México a unirse en un plazo de cuatro años a la versión 1991 de la Unión de Protección de Obtenciones Vegetales (UPOV 91), la cual criminaliza y prohíbe a los agricultores replantar de su propia cosecha o intercambiar semillas registradas y restringe su uso para investigación pública, aunque esas semillas privatizadas puedan derivar directamente de semillas nativas o de producción pública.

Silvia Ribeiro

En este discurso trataremos de armar un cuadro comprensivo de los recientes acontecimientos que se han vivido en la UACh, con la pretensión no de agotar todo lo relacionado con los problemas e interpretaciones que mientras tanto se han suscitado, sino tan sólo de iniciar el tan necesario debate o la discusión de los mismos –que esperamos se masifique–, haciendo a un lado los mensajes aberrantes e injuriosos que circularon en las redes sociales antes y durante la contienda de junio 2019.

¿Qué problemas e interpretaciones fueron objeto de los intercambios?

  1. la elección misma,
  2. la democracia universitaria,
  3. la autonomía y
  4. un ¿supuesto? injerencismo.

Partamos del hecho de que la democracia en la Universidad Autónoma Chapingo (UACh) es un microfenómeno no sólo sorprendente sino auténticamente grandioso[1]. Por contraste, una de las democracias de peor calidad en el mundo es la mexicana. Desde la primera elección de Rogelio Posadas del Río como director de la Escuela Nacional de Agricultura (ENA) y la primera ya como rector de la UACh, en lo sucesivo se han tenido elecciones razonablemente libres, limpias, correctas, competitivas y justas. Para su existencia, esta institucionalidad electoral ha supuesto diversas libertades concomitantes: libertad de palabra y escritura, libertad de asociación (posibilidad de coaligarse dos o más personas con fines electorales), medios de información diversificados, derecho a votar y ser electo (con la salvedad que sólo pueden ser candidatos para los cargos de rector, directores generales, directores de departamentos, divisiones y de centros y unidades regionales, académicos[2]. El escrutinio y conteo de los votos se hace a la vista del público. En esta elección, ejemplarmente, al tiempo que se contaba voto por voto los resultados parciales se iban anotando en el tablero electrónico.

Aunque desde luego no todo es miel sobre hojuelas; si a nivel general nuestra institucionalidad y reglas aprobadas se acatan, no siempre sucede lo mismo en varias de nuestras unidades académicas donde suelen conculcarse[3]. Asimismo, nuestro talón de Aquiles –ya es moneda corriente– sigue estando en la compra y coacción del voto.

Un tormentoso contexto

“La UACh no es una isla”, se oye decir a menudo. En efecto, como toda entidad pública la UACh es un campo de fuerzas, rivalidades y antagonismos atravesado por una multiplicidad de ideologías políticas y asociaciones de tipo diverso que pueblan el México de nuestros días. Empecemos por enumerar algunos elementos contextuales que nos faciliten un mejor entendimiento de nuestro acontecer. El Partido Revolucionario Institucional (PRI), sustento del “sistema político mexicano”, pudo prolongar su existencia ligándose al Partido acción Nacional (PAN), partido que gobernará por dos sexenios (2000-2012), dando paso nuevamente al PRI (sexenio 2012 a 2018). Sin embargo, era una realidad manifiesta que el PRI venía cayendo en las preferencias del electorado desde el final de la presidencia de Zedillo (1994-2000). Ello no obstante, la magnitud de la catástrofe del 2018 no dejó de ser una sorpresa para todos. El primero de julio el PRI sufre una derrota que lo lleva casi a la extinción. El propio sistema de partidos incluso padecía de un tal descrédito que también es arrastrado a un trágico desplome, temor que la comunidad politológica mexicana había percibido catorce años atrás, y que terminaría por materializarse cual profecía autocumplida[4]. Quizás el Movimiento Nacional Antonchista (MNA) no calibró adecuadamente los devastadores efectos que tendría en su propia organización la estrepitosa caída del PRI. Al inicio de la presidencia de Obrador hubo incidentes violentos; incluso choques (altercados) aparatosos de algunos dirigentes y grupos del MNA con el Presidente. ¿Acaso se ilusionaron con la idea que el Tlatoani era un Tlatoani débil?

En medio de tal maremágnum era de esperarse que la disputa por la Rectoría de la UACh fuese una disputa encarnizada, descartando, gracias a nuestras propias fortalezas institucionales, que pudiera desatarse la violencia. Dos tendencias dominaron todo el juego de la sucesión rectoral: la corriente del MNA y aquella que tenía el sello del Movimiento de Regeneración Nacional (MRN), protagonismo de ambas que como se verá limitaría las posibilidades competitivas de los otros contendientes. El MNA se había propuesto conquistar Rectoría con uno de sus más destacados miembros, un académico que previamente había sido director de la División de Ciencias Económico-Administrativas (Dicea). Con toda antelación se tenía ya el trazado del plan. La victoria parecía estar al alcance de la mano. Pero en el primer semestre del 2018 aún no podía preverse el desenlace del entramado de la telenovela política nacional, ni menos todavía el derrumbe priista. Muchos analistas como Alfredo Jalife habían apostado al “fraude algorítmico” para vencer a Obrador. Sólo que la élite política y los poderes de facto no se atrevieron a consumarlo. No porque no lo tuviesen en la agenda sino precisamente por eso; sencillamente no dispusieron de margen alguno para ponerlo en práctica: el estancamiento de la economía, la deuda pública (un nivel de endeudamiento por encima de la mitad del producto interno bruto [PIB]), la incierta renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), altas cotas de inseguridad, violencia, corrupción, impunidad, delincuencia fuera de control, lo hacían una operación de muy alto riesgo[5].

La UACh: pieza clave en la política del Tlatoque

En el programa del MRN se han fijado dos metas:

(a) El rescate del campo, y (b) la autosuficiencia o soberanía alimentaria.

Desde luego que el obstáculo mayor para lograr estos objetivos estratégicos son justamente las restricciones del TLCAN y el propio Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) –tal como se muestra en los dos epígrafes que encabezan el presente texto–, lo cual convierte a la UACh en pieza clave para la política del Tlatoque. Cierto que la UACh es una mina de conocimientos científico-técnicos en agronomía[6], y que el país cuenta con 44 000 egresados (Nieto) especialistas en la materia que pueden hacer grandes contribuciones en la realización de las metas fijadas. Pero más allá de esto, la UACh es importante por su capital simbólico; es considerada “la catedral de la agronomía” en México, Latinoamérica y otros subcontinentes. Obrador no puede darse el lujo de prescindir de la UACh y sus agrónomos. De aquí que quizás el mismo cargo del secretario de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader) estaba en juego, o en riesgo, dependiendo del éxito o fracaso que se tuviera en la conquista de la Rectoría, con un candidato afín al MRN y no al MNA. No se pierda de vista que el Secretario ha estado bajo presión desde que fue designado para formar parte del gabinete de Obrador, siendo vetado entonces por Víctor Toledo (el actual secretario de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales) y el influyente columnista Luis Hernández Navarro[7] .

Echemos una mirada a vuelo de pájaro al tablero político de nuestra Institución. Penetremos desde ya en el mundo (Lebenswelt) de la (inter)subjetividad de los actores. Si cinco eran los contendientes que iban a disputarse por vía democrático electoral la Rectoría de la UACh, el secretario de la Sader –que en cuanto hijo de nuestra alma mater lleva la marca de Caín– advirtió que si cada uno de los cinco mantenía su candidatura el voto se fragmentaría, y fácilmente el candidato del MNA podía obtener el triunfo. ¿Qué hacer? Obvio, buscar la unidad de cuatro de ellos. Si esto se concertó o no por interpósita persona, es irrelevante. Se trataría de conminarlos para que firmaran un compromiso de unidad. Sólo uno de ellos aceptó firmar dicho compromiso; los restantes tres se rehusaron. A partir de ese momento, naturalmente, José Solís, único firmante, se convertía en el candidato apadrinado por el secretario de la Sader. El asunto ha dado pie para creer que se violó la autonomía y que pese a todos nuestros rituales poliárquicos se trató de una imposición disfrazada. Trataremos más abajo este problema. A los tres que se negaron a firmar, ¿debemos considerarlos como “héroes” defensores de la autonomía universitaria o como políticos (zoon politikon) ingenuos (en un sentido premaquieveliano)? Atendiendo a su posterior conducta nos inclinamos por esto último. En la reunión que tuvieron con el secretario no respondieron a botepronto; se vieron muy dubitativos. Pudieron pedirle un día de plazo para que los cuatro deliberaran y resolvieran si era posible o no presentar una candidatura única. ¿Cómo podía hacerse la selección? Con el más democrático de los procedimientos: el sorteo. Muy tarde se dieron cuenta de su error, cuando decidieron formar una coalición: la “Triple alianza”, que enseguida cambió su nombre –revelándose el error cometido– por el de “La Unión”. ¿No era justamente esto lo que el secretario les solicitó?

¿Cuáles eran sus opciones?

  1. La renuncia de dos de ellos en beneficio de un tercero. Esta opción ya era extemporánea, pues en el Reglamento para Elección del Rector se establece que aquellos candidatos que deseen renunciar tendrán que hacerlo 25 días antes de la fecha del plebiscito. Por lo tanto, el nombre de los tres aparecería en la boleta.
  2. Realizado el plebiscito, los votos de dos de ellos se sumarían a los votos de un tercero: los de A y B se agregarían a los de C. Esto no lo contemplaba el Estatuto General; tampoco el Reglamento para Elección del Rector y no existía ningún precedente en la historia de nuestra democracia que lo pudiera justificar. Querer ampararse en una ley federal, la Ley General de Procedimientos y Procesos Electorales, fue un desatino.
  3. La única opción válida era que los candidatos A y B comunicaran a sus seguidores y simpatizantes que pese a que su nombre aparecería en la boleta no votaran por ellos sino por el candidato C. Es probable que Axayácatl y Caletti hayan accedido a eso, lo que explica que al final Martín se aproximara en los resultados a Abel. (Ver apéndice).

La contundencia de la victoria

¿Qué fue lo que coadyuvó al triunfo de José Solís? Si se observan las encuestas que se hicieron en fechas distintas, las tendencias de intención del voto no dejaban lugar a dudas. Solís subía y los restantes bajaban[8]. Lo que determina el triunfo verisímilmente no fue tanto el apadrinamiento del secretario sino la preexistencia de un terreno abonado. El MRN ha tenido simpatizantes en la UACh desde hace varios años, simpatizantes que se incrementaron con el triunfo de Obrador a parir del primero de julio del pasado año. Indiscutiblemente, el fenómeno del tsunami obradorista había alcanzado la isla. Estuvieron además en el campus central, oficialmente, previo a la contienda electoral, no haciendo proselitismo expresamente, pero sí abordando temas diversos en sendas conferencias tres voceros autorizados del MRN: Alejandro Encinas, economista (exsecretario general del Sindicato de Trabajadores de la Universidad Auónoma Chapingo), Fernández Noroña, sociólogo, y Armando Bartra, sociólogo rural. Este último dictó una conferencia sobre la Cuarta T en la Dicea, poco antes de la elección de director en esa División. En la Dicea, por cierto, ganó la elección un contendiente alterno al del MNA, tan sólo unos días antes de los comicios para rector. Ciertamente, un signo desalentador para esta formación política y sus seguidores.

Nuevamente en calidad de padrino, la generación del séptimo año de la licenciatura elige al propio secretario de la Sader, quien acepta gustoso, y en correspondencia les invita una comida a todos sus integrantes el día de la foto generacional. La promoción de José Solís iba viento en popa. Súmese a esto las expectativas de empleo que quizás pudiera ofrecerles la Sader a estos alumnos que en unos cuantos días dejarán de serlo. No debe olvidarse que hasta los setenta la antigua Secretaría de Agricultura y Ganadería –después Sagarpa, hoy Sader–, era parte del mercado de trabajo de nuestros egresados; así que si el actual secretario ha insinuado que habrá empleos no está haciendo sino confirmar una añeja tradición. Lo que se alega, cierto, no es su visita o su presencia en la UACh, sino el momento en que la hace. ¿Se violaba la autonomía? ¿Era injerencismo? Que juzgue el lector.

Infinitud e inabarcabilidad de la autonomía

Para terminar: ¿Qué debemos entender por autonomía universitaria? La autonomía es autogobierno y como todo en este mundo, la autonomía es autonomía relativa. Todos sabemos que no supone extraterritorialidad. Como institución pública no tenemos, por ejemplo, el estatus de una embajada. Es más, la universidad pública es un aparato de Estado. Nuestra calidad es la de un Organismo Descentralizado del Estado. La cabeza de sector de la UACh es la Sader. Lo que nos distingue de las relaciones de subordinación que mantienen con la Sader los otros organismos que dependen de ella es el estatuto autonómico del cual gozamos. Tal estatuto hace que aquella relación de supeditación quede suspendida, lo cual abre el margen para el autogobierno. El autogobierno, “unidad organizada de acción y decisión”, se sustenta en la Ley que Crea la Universidad, nuestra Ley Orgánica (el Estatuto General Universitario) y las leyes (reglamentos derivados: el Reglamento para Elección del Rector, el Reglamento General de Posgrado, etcétera). En el Estatuto General se describe cómo ejercer el poder al interior de la institución, cómo debe estar dividido, las relaciones jerárquicas entre cada una de sus instancias, cómo elegir a las autoridades que eventualmente han de ocuparse de la administración del gobierno, por cuánto tiempo, en qué casos y mediante qué procedimientos se puede revocar el mandato del rector (vicerrectores) o los directores de los departamentos, divisiones, unidades y centros regionales, etcétera[9]. Con el autogobierno está garantizada la libertad de catedra, investigación, difusión de la cultura, extensión, vinculación. El presupuesto que nos asigna la Federación se distribuye en función de las necesidades de cada una de las unidades académicas que conforman la UACh, así como de sus programas institucionales, a través de los cuerpos colegiados y órganos competentes.

Si la autonomía no equivale a extraterritorialidad eso significa que las conductas de todos sus integrantes están sometidas al orden jurídico imperante; “nadie por encima de la ley, nadie al margen de la ley”. La UACh sólo puede sancionar aquello que contravenga su institucionalidad y reglas que internamente la rijan. Pero la autonomía no es algo que esté dado de una vez y para siempre, o simplemente esté plasmada en el papel; la autonomía es un derecho volátil que se debe ejercer prácticamente y defenderse siempre que haya lugar.

A manera de colofón

En la última elección de rector en la UACh, ¿se violó la autonomía?, ¿hubo injerencismo? ¿Nuestra democracia es un mero ritual carente de realidad efectiva? La última elección ¿fue una imposición disfrazada o el producto de la voluntad de la comunidad universitaria? Dar respuesta a estas interrogantes compete a la totalidad de estudiantes y académicos de la Institución.

Apéndice

Resultados finales:

Abel: 24.4

Axayácatl: 5.32

Caletti: 2.36

Solís: 43.33

Martín: 23.35

Abstenciones: 4.13

Votos nulos: 1.04

                                                                           Exhacienda de Chapingo, julio de 2019

[1] JJ, Lomelí,“Una lección de democracia”, Crítica Social, septiembre de 2018).

[2] JJ, Lomelí, “El Estatuto Universitario…”, Tzapingo, número 277, agosto 2015).

[3] JJ, Lomelí, “Incumplimiento del debido proceso en la elección de Director del Departamento de Sociología Rural”, Tzapinco, número, 281, junio 2016).

[4] JJ, Lomelí, “El retorno del caudillo” en varios, “La sucesión presidencial en 2006”, UACh, diciembre de 2005, y Carlos Elizondo, “Los pantanos de la transición”, Reforma, noviembre 24,1995).

[5] Ilán Semo dice: “que los contingentes del crimen en México son probablemente el primer frente de los soldados de la globalización”.

[6] Antonio Turrent Fernández, La Jornada, 18 junio de 2019.

[7]JJ Lomelí, “Una controvertida controversia. Ven los árboles sin percatarse del bosque”, Crítica Social, UACh, septiembre 2018.

[8] (Véase Daniel)

[9] (Idem, Tzapinco, número 277, agosto de 2015).