Madre

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Madre,
que el llanto alguna vez fuese tuyo alimento del día, 
que de llanto fui concebido:
Fui yo como una gota que de tus ojos nació, 

fui yo grano de sal en el mar de tu vientre.

Madre,
en el rostro te florece una rosa blanca,

una sonrisa que tibia permanece en las tristezas

entre las mejillas reluce la dentadura que tiene alegría y vida.

Madre,
que de tierra somos tus frutos, tierra húmeda;

como la que por las tardes de lluvia pisamos.
De tu huerto florece el amor, la fortaleza. 

De tu huerto has cosechado un vientre fino de lirios y un gorrión de altos cielos, de tu huerto salieron y ante las tempestades tu nombre en el alma claman.

Madre,
que hoy me disculpo, no te traigo flores, diamantes ni metales.

En  cambio en el alto vuelo que vivo letras te doy, letras de tiempo, 
de aquí y ahora, letras que brotan como aquel llanto que 

algún día alimento tuyo fue.

Te llevo en los ojos,

madre, aunque ciego esté.

 

Autor: José Iván Cervantes Ibarra