Equis… ¿somos chavos?

 

A casi cincuenta años de la emisión del primer capítulo, el programa El Chavo sigue siendo parte de las conversaciones casuales y ensayos culturales que año con año se realizan no sólo en México sino en el mundo –América Latina, sobre todo. Actualmente es una de las marcas más lucrativas y reconocidas que posee Televisa, la mayor empresa mexicana de medios de comunicación. ¿Qué le otorga vigencia cosmopolita a un personaje ideado en condiciones socioeconómicas y culturales diferentes a las de hoy en día?

Roberto Gómez Bolaños Chespirito (nacido el 21 de febrero de 1929 en la Ciudad de México y fallecido en Cancún el 28 de noviembre de 2014) fue un prolífico escritor reconocido primordialmente por dos de sus personajes: el Chapulín Colorado y el Chavo del Ocho. Curiosamente, en las entrevistas hechas durante los últimos años de su vida, el mismo Chespirito analizaba las diferencias entre las personalidades de sus creaciones: “Aunque yo –Chespirito– haya sido muy miedoso […] el Chapulín Colorado es el más valiente… Si bien, después de todo lo vivido, tengo que aceptar algo: debí haber sido el Chavo del Ocho, el personaje más amado, porque es una caracterización que me ha ganado el cariño de la gente”.

La forma en que se creó la psicología y la indumentaria del Chavo apelaba mucho a la sensibilidad del auditorio: con ropas roídas y calzado de segunda mano; un sentimiento constante de abandono debido a la ausencia de sus padres; hambriento infatigablemente; la carencia de un hogar propio –en varios episodios se mencionó que el barril es solo su escondite– y, finalmente, la implícita responsabilidad social que tienen los integrantes de la vecindad donde vive para fungir como sus tutores.

La empatía que logró proyectar el Chavo –junto a la mayoría de los personajes que integraron la serie– consiguió que el programa se emitiera del 20 de junio de 1971 al 12 de junio de 1992, un récord inimaginable para una comedia de ahora y de ese entonces.

Durante los años de emisión, El Chavo exteriorizó ciertas actitudes que fácilmente fueron discutidas por parecer inapropiadas para el público en general: uso de violencia física y psicológica para solucionar los problemas, alusiones al maltrato animal, discriminación social, etcétera. Sin embargo, existen autores que consideran a estos aspectos como parte de las “situaciones universales” que justifican al personaje, convirtiéndolo en atractivo e identificable para la audiencia siempre que no se rebasen ciertos límites tolerables de violencia.

De igual manera, como parte de la fórmula de su éxito y consolidación, se ha mencionado la campaña casi monopólica que ejerció Televisa para su promoción y establecimiento en el televidente mexicano promedio que –durante los sexenios de Luis Echeverría a Salinas de Gortari– se encontraba en un ambiente muy similar al del personaje de Chespirito.

Integrado al imaginario colectivo de Latinoamérica, querido y criticado por muchos, El Chavo es un referente de comedia obligado para un colectivo de países. Su aporte puede ser cuestionable, pero hay un hecho que Antonio Toga y Jhonatan Sánchez señalan en el podcast Letras al viento: hay que verlo sin prejucios, revalorarlo.