¿Qué hay detrás de la huelga en Chapingo?

La campaña en contra de las trabajadoras y los trabajadores de la Universidad Autónoma Chapingo (UACh) es muy efectiva, el clima de odio se fomenta de manera constate por varios grupos políticos dentro y fuera de la Universidad; desde luego, tienen su lugar los representantes de los diversos partidos políticos, entre el PRI (Partido Revolucionario Institucional) y el Morena (Movimiento de Regeneración Nacional).

¿Pero cuál es el meollo?, ¿de qué se trata realmente?, ¿quiénes son los responsables?, ¿en verdad se quieren apoderar de los recursos de la Universidad?

El problema no es sencillo, pero tiene solución, no sólo a corto plazo, sino de manera permanente. Si hacemos lo que nos toca –no tengo duda–, bien podríamos pasar una buena temporada sin huelgas.

Como en todos los grandes problemas, para solucionarlos se requiere la participación de todas y todos, en particular del estudiantado; se requiere que el personal administrativo y de apoyo trabaje, que el personal docente enseñe, que la burocracia y los mandos medios funcionen, que el alumnado estudie.

Con todo, me parece muy bien que algunas alumnas y alumnos reclamen su derecho a la educación, pero ese reclamo, duro y severo, también debe ser para el personal docente y para las autoridades, incluso para sus compañeras y compañeros; de no hacerlo, de centrar sus reclamos en los trabajadores, sólo sería una acción hipócrita, clasista y sin fundamento.

Creo en el derecho a la educación, me parece fundamental que se esgrima como premisa en la Universidad. Tenemos, pues, derecho a la educación, pero no sólo eso, tenemos derecho a una buena educación. Para ello debemos exigir que trabajadoras y trabajadores cumplan; pero también que las maestras y los maestros lleguen a clase, a tiempo, que expliquen adecuadamente, que no centren su calificación en un solo criterio como en el examen: la memoria.

Que funcionarias y funcionarios no estén recibiendo un bono por no hacer nada, por su cercanía con el rector en turno. La corrupción no sólo es que se lleven el dinero, también lo es la omisión y la ignorancia, pero sobre todo la incompetencia. La política parece que es luchar por un botín, pero en realidad debe servir para el bien común, para el bienestar de todas y todos.

He dicho en otros documentos que la huelga es un recurso de los obreros, que el objetivo es detener la producción de mercancías y que los patrones se vean presionados a negociar porque sus ganancias se esfuman; pero en la Universidad no ocurre eso, así que la huelga no tiene sentido. De sobra sé que nadie quiere la huelga, ni una sola de las trabajadoras y trabajadores: todos desearían estar en sus puestos haciendo lo que saben.

Otro elemento a considerar en el análisis son los grupos de poder dentro de la Universidad, que se han apoderado del Consejo Universitario. Así, asumen roles que no corresponden a las funciones del propio Consejo; por ejemplo, querían administrar los fondos de extensionismo, varios millones de pesos, que pueden tentar a cualquiera: el conflicto del año pasado se centra en eso. En este caso, la huelga, pretenden asumirse como la patronal en algún sentido, pero el único representante legal de la Universidad es el rector, tal como lo hizo valer el año pasado.

Entre los grupos de poder hay profesionales de la mentira, de la difamación, aquellos que avientan la piedra y esconden la mano. Debemos hacerles frente, denunciarlos si es posible. Las fake news (noticias falsas) son una constante, antes de Internet generaban volantes anónimos, hojas carta con firmas falsas acusando de cuanta cosa se les ocurría, las dejaban en los pasillos, los baños, las tiraban a altas horas de la noche; ahora usan perfiles anónimos en redes sociales.

La libertad de expresión debe ejercerse con responsabilidad, con pruebas, los abusos deben ser canalizados a las instancias y autoridades correspondientes; si son acusaciones públicas, sin pruebas, sólo buscan dañar la imagen de las personas; debemos ponderar la ética, el ejercicio de nuestras libertades con responsabilidad.

La Universidad necesita, sin duda, un proceso de transformación urgente. Debemos iniciar los trabajos de un Congreso General Universitario (CGU) donde se refunde la muy noble Universidad Autónoma Chapingo con toda la herencia de la Escuela Nacional de Agricultura (ENA) como legado.

Este proceso de refundación implica, necesariamente, revisar la pertinencia, o no, del “tercio” en el Consejo, dado que su representación es inasible: si por su trascendencia se requiere, por ejemplo, la opinión de las comunidades para tomar una decisión, los consejeros de Fitos van a Fitos, los de Zootecnia a su Zootecnia… pero los del “tercio” no le consultan a nadie y, en caso de que lo hagan, esa comunidad o ese universitario habría sido consultado dos veces. En los consejos de los Departamentos de Enseñanaza, Investigación y Servicio (DEIS) no hay consejeros por el “tercio”, sólo en la Prepa. Por eso se debe revisar a fondo.

Así, pues, si sólo atacamos a las trabajadoras y a los trabajadores sin revisar nuestros grandes problemas, nuestra postura es hipócrita, clasista o pagada, acción porril que para nuestra vergüenza se fomenta por los grupos de poder que sólo quieren su beneficio personal –ustedes saben quiénes son.

 

Explicación del problema

El problema es que tenemos todo el dinero en una bolsa: el capítulo mil. Todos los sueldos se pagan de esa bolsa. Como por obra de Houdini u otro mago, el dinero desaparece y al final, en los años recientes, faltan 60 millones de pesos, cifra nada despreciable.

¿Quién se lleva ese dinero si, como sabemos, los trabajadores administrativos solicitan homologación desde hace más de diez años?

Tenemos algunos puestos directivos que no tienen soporte presupuestal: ¿cómo? ¿Se paga sin que haya dinero para esos pagos? Pero, ¿quién acuerda que se pague?: el Consejo. ¿Cuántos puestos son? Varios, por ejemplo, los subdirectores de Investigación, algunas jefaturas y coordinaciones. La autoridad debe informarnos de cuántos puestos directivos se trata, a cuánto ascienden esos pagos y si en las medidas de austeridad se está contemplando su reducción. El problema parte, pues, desde la autoridad. Se debe revisar a fondo lo que estamos haciendo y tomar las medidas correctivas.

Otro problema es que, según parece, somos muchos, tanto personal académico como administrativo pero, ¿es verdad si nos faltan profesores en varios departamentos, empezando por Industrias? Tal vez nos hagan falta unos 50 nuevos maestros; es decir, hay grupos que no tienen mentores y deben ser atendidos. La autoridad señala que somos posiblemente más de cien maestros por arriba de la plantilla autorizada pero, ¿todos damos clases? Es decir: ¿cada persona que está contratada en Chapingo como profesor da clases?: no. ¿Y cómo cuántos son esos profesores que no dan clases?: más de cien. ¿Y por qué no dan clases?: porque no quieren o no están capacitados. ¿Y cómo entraron?, ¿acaso ahí también hay corrupción? La autoridad nos debe aclarar eso.

Por ahí circuló una tabla donde se ven sueldos muy jugosos de maestros, de 30 mil pesos los más altos; pero se les olvidó un detalle: hay que pagar impuestos. ¿A cuánto asciende eso?: a casi el 40 por ciento directo al salario. por otro lado debemos preguntarnos, ¿Llega ese dinero a la bolsa?, ¿llega el sueldo de cada maestro a la bolsa para pagarle?: No. ¿Por qué?: porque no está actualizada la plantilla –el padrón de cuántos maestros tenemos, cuáles son sus categorías y su antigüedad–. ¿Cuándo fue la última vez que se actualizó la plantilla? Eso lo debe decir la autoridad, pero por lo que se sabe, tiene mucho tiempo, tal vez más de 20 años.

Quiero decir que se deben pagar sueldos a profesores que tienen categorías altas con una plantilla que tiene categorías bajas; más aún, algunas prestaciones dependen de los años de servicio y si tienen muchos años, entonces se paga más. ¿A cuánto asciende el pago por años de servicio y de antigüedad que paga la Universidad? Eso nos lo debe decir la autoridad, pero no debe ser poco.

Así, pues, pago tras pago se va quedando flaca nuestra bolsa y parece que no sabemos por qué se esfuma el dinero. En tanto casi nadie sepa qué está pasando es más sencillo manipular la información. Si no interesa, la Universidad esconden los datos y se acusa a algunos de abuso y desmedida.

Si estamos informados podemos tomar mejores decisiones. La autoridad debe decirnos cuánto recibe para pagar a los funcionarios y cuánto paga; cuánto recibe para pagar a los maestros y cuánto paga; cuánto recibe para pagar a los trabajadores y cuánto paga. De esa forma veríamos con claridad quién se está chupando el presupuesto y, desde luego, eso nos permitiría tomar las medidas correctivas necesarias.

En éste, como en todos los casos, la transparencia debe ser regla obligada, toda la información de la Universidad debe ser pública; todo mundo tiene derecho a saber en qué se gasta el presupuesto y si se está haciendo un uso adecuado de los recursos.

 

Las medidas para la solución

Debe haber un compromiso escrito de quienes aspiran a la rectoría para darle solución a este punto. Se debe actualizar la plantilla del personal ante las instancias correspondientes. Se debe considerar, de manera emergente, reducir el pago a funcionarios que no tengan soporte presupuestal. El sindicato de trabajadores debe proponer una agenda a mediano plazo con metas claras y compromisos de eficiencia. Los estudiantes deben comprometerse a ser vigilantes de este proceso.

 

La Universidad abierta

La Universidad debe integrarse con las voluntades de trabajar por el bien común, que no se violenten los derechos de nadie. Debemos informarnos y participar en la solución de los problemas; no podemos ser ajenos, nuestra apatía no sólo permite que las cosas no mejoren, sino que beneficia a los corruptos. La abstención es un cheque en blanco para las mafias.

 

  1. Los datos señalados serán solicitados a la administración vía transparencia, aunque es posible que su respuesta sea negativa con el pretexto de la huelga.