‘Roma’ y… a la comentocracia le hace falta barrio

Recomiendo ver Roma, se nota el oficio y la producción; no obstante, sugiero discreción: si hace caso a la comentocracia podría llevarse una gran decepción… recuerde que le hace falta mucho barrio.

No creo en la creación estética inocente, aunque considero que rebasa con mucho la intención del autor que a veces puede decir sorprendido: no había visto ese enfoque; ante la crítica. La obra de arte cobra vida propia y toma su rumbo, cada uno de nosotros nos enfrentamos a ella desde nuestra cultura o experiencia de vida.

México no ha cambiado tanto como parece, aunque la mal llamada “clase” media se da cuenta de pronto de otras realidades. Como la mayoría de quienes integran la comentocracia –entre otros: periodistas, analistas de todo tipo, locutores y comentaristas de radio y televisión– creció en familias que, como en Roma, gozaban de personal de servicio de tiempo completo, no es extraño que los recuerdos de aquellos años de infancia les resulten maravillosos.

Así, pues, Roma puede ser el palíndroma que pone a salvo de la cursilería a la película, aunque sin duda la comentocracia no puede dejar de ver el amor, ese sí incondicional, de Cleo. Sin embargo, la mayoría estamos del otro lado, somos hijos o hermanos de Cleo, vivimos en miNezota y llegamos de cualquier parte del México profundo.

Algo pudimos ver en el espejo de Los Olvidados, nuestro espíritu de alguna forma fue evidenciado en Macario; Roma nos muestra otra realidad de cerca, es una película de premios, las escenas de los exteriores están, como dice la frase popular, “de película”, desde luego en el cine, las esquinas, las calles y las tiendas; porque para las escenas en Neza sólo bastó con ir algunos kilómetros más allá del bordo, otrora tierra de la Loba, ahora tierra de otros lobos, también priistas: sigue igual.

Creo que Roma es una película de mujeres, acaso de la soledad, pero de mujeres; la presencia masculina en la película es la imagen del abandono, tenemos mucha madre, pero muy poco padre; tal vez pinche padre que, como bien se ve, es muy distinto a pinche madre.

Como un cuento donde son prescindibles los antecedentes, donde no es relevante describir la totalidad, los “halcones” pueden ser vistos como marginados que odian sin causa, no se aprecia la mano del agente al servicio de una potencia internacional: Echeverría.

Si Los Olvidados, a diferencia de Los Miserables, nos dice que no hay futuro, que no hay esperanza, Roma es un doloroso retorno a la idea, tal vez muy mexicana, de que en este país nada cambia.

Considero, pues, que debe verse Roma con discreción. Debemos recordar que en principio la publicidad es falsa, promueve cualidades inexistentes de los productos, de otra manera no habría necesidad de la publicidad. Me parece que Cinemex y Cinépolis cayeron en una trampa al negarse a proyectar la película; algo que resulta muy sospechoso, la han impulsado. No creo en la casualidad o la ingenuidad facilona, desde otro punto de vista parece que formaron parte de una gran estrategia publicitaria a favor de Roma.

El respetable público, implacable como siempre, pondrá a Roma en su lugar: una buena película con algunas escenas inexplicables y otras prescindibles.