Cuenta una leyenda alemana que el 26 de junio de 1284 desaparecieron 130 niñas y niños, una leyenda que terminó en un cuento que todos conocemos: El flautista de Hamelín. Son varias las teorías que intentan explicar el origen de la historia, desde la que indica que el flautista era un demonio, hasta la justificación histórica.

Según ésta última, era común que la nobleza de la época comprara o secuestrara a niñas y niños para poblar las tierras conquistadas de Europa del este. De ser así, el flautista del cuento sería en realidad un “localizador”, un vil tratante de personas.

Esta terrible realidad devino leyenda que terminó en cuento infantil: un flautista que se deshace de una plaga de ratas y, en venganza por no haber recibido recompensa, se lleva en prenda a la infancia –un cuento en el que madres y padres terminan por ser los responsables de la tragedia. Unas versiones dicen que las niñas y los niños terminaron presos en una cueva, de la que nunca más volvieron; otras, que terminaron ahogados en el río, como las ratas.

Sería muy triste que, dentro de algunos siglos, la infancia del futuro tuviera en sus manos un cuento que formalizara la leyenda de niñas y niños que un día cualquiera terminaron en jaulas –o ahogados al naufragar su patera–, cuando intentaban llegar a los países del norte.