La adaptación que logró ser todo lo que el libro odia | Critica a Fahrenheit 451 de HBO

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La historia nos transporta a un futuro cercano donde los bomberos no apagan los fuegos sino que los provocan y su principal objetivo son los libros físicos, además de los rebeldes que se empeñan en guardarlos. En una dictadura que controla estrictamente la información, todo el conocimiento de la humanidad que esté contenido en hojas de papel queda reducido a cenizas para que ni sus palabras ni sus ideas incordien el status quo de una sociedad que ha preferido dejar de lado el cuestionamiento de su propia existencia por el hedonismo absoluto. Si las ideas feministas molestan a los ultra-conservadores, quememos todo el material escrito sobre el tema. Si el pensamiento de los  ultra-conservadores lastima las susceptibilidades de las minorías sexuales, hay que desaparecerlas con fuego. Sin posturas no hay conflictos, sin conflictos no hay dolor ni actitudes subversivas y la población gasta su tiempo corriendo autos a altas velocidades, consumiendo contenidos rápidos y superfluos, programas de televisión diluidos y en general buscando cualquier distractor para evadirse de la realidad y esquivar los problemas inherentes al hombre como el miedo a la muerte o el significado de la felicidad.

En papel, en el que contiene a la novela original de 1953 escrita por Ray Bradbury, Fahrenheit 451 es una de las obras de ciencia ficción más importantes de la historia y forma parte de una especie de “santa trinidad” que sentó las bases de lo que hoy conocemos por novela distópica. Pero en pantalla, Fahrenheit 451 de HBO es un despropósito de proporciones bíblicas que no sólo no transmite las ideas  de Bradbury sino que hace exactamente todo lo que el escritor criticaba en su obra.

Protagonizada por Michael B. Jordan (Black Panther) y dirigida por Ramin Bahrani, la adaptación cinematográfica se toma libertades creativas entendibles para modernizar una historia que, por ejemplo, no contemplaba la existencia de internet. Y si bien lo logra en forma porque el mundo visualmente se siente más o menos creíble, que no original, en fondo desecha todas las grandes ideas del material original y las diluye en una película palomitera de acción y romance donde prima repetir frases del libro sin darles ni contexto ni coherencia por encima de la crítica social que verdaderamente encierran.

Bradbury ya no decía en su novela: “Los clásicos reducidos a una emisión radiofónica de quince minutos. Después, vueltos a reducir para llenar una lectura de dos minutos. Por fin, convertidos en diez o doce líneas en un diccionario”. Y en este caso, hechos una descafeinada adaptación fílmica.

Convengamos que incluso el giro que se le da al protagonista, Guy Montag, de un hombre de mediana edad casado y aburrido en el libro a un joven cadete de bombero famoso y exitoso en la película, es ya de por sí un desacierto porque involucra que la trama no se centrará en un ciudadano común, un hombre de a pie, sino en un individuo privilegiado que decide rebelarse contra todo en lo que cree por un interés romántico más bien poco desarrollado durante las casi dos horas de metraje, alguien que en lugar de buscar un cambio verdadero porque ha tocado fondo, lo hace por impresionar a la chica de turno, sumándose así a la ola de relatos distópicos frívolos pseudo-adolesentes que plagan las salas de cine como Divergente, La Quinta Ola o Maze Runner.

Si el discurso de Bradbury planteaba como solución para liberar al ser humano de la opresión el memorizar los libros para legarlos a las futuras generaciones, el planteamiento de la cinta de HBO es hacer triunfar a la rebelión a base de una tecnología genética vagamente explicada y aun peor manejada durante toda la trama.

Y las discordancias siguen y siguen. La película en síntesis resulta una pésima adaptación pero tampoco logra mantenerse de pie por sí misma, con diálogos vergonzosos y huecos argumentales por todos lados. Quizás su único mérito sea haber logrado incluso desperdiciar las capacidades de un excelente actor como lo es Michael Shannon, poniéndolo como el antagonista de un film tecnófobo absurdo y mal ejecutado.