Los perdedores reescriben la historia| Crítica a Cobra Kai

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Si la historia la escriben los ganadores, Cobra Kai sería el otro lado de la moneda, la versión de los hechos que se omite para que las acciones del protagonista parezcan más válidas, y por lo tanto él o ella más simpático, y las del antagonista se tomen como conductas sin justificación, todo esto en este juego de reduccionismo propio de las películas de Karate Kid de los ochenta con un Daniel-san venciendo a los matones de su escuela y quedándose con la chica porque ha sido bueno y lo merece.

Cobra Kai comienza 34 años después de los sucesos de Karate Kid 1. El protagonista en esta oportunidad es Johnny Lawrence quien tras haber perdido la final del torneo de 1884 no fue capaz de restituir su confianza. Actualmente es un hombre sin aspiraciones que se aferra a los buenos días de su juventud, bebe sin control, hace trabajos domésticos para pagar la renta y tiene una mala relación con su hijo y su ex-mujer. Sin embargo, cuando un joven le pide ayuda para aprender a defenderse, él reabrirá el dojo Cobra Kai y empezará un camino de redención en el que se cruzará con su viejo enemigo Daniel LaRusso convertido ahora en un exitoso empresario. El elenco original regresa en esta secuela que es distribuida por el servicio de paga YouTube Red.

El mensaje de la serie tiene que ver con evitar que los errores del pasado determinen nuestro futuro y lo que mejor que hace Cobra Kai es ejemplificarlo al reescribir los hechos de las películas originales desde el punto de vista de Johnny, transformándolo del prototipo de bully de escuela a un anti-héroe carismático a través de una historia donde se descubre su pasado con un padrastro abusivo, su falta de atención por parte de su madre y cómo fue que a pesar de no ser una mala persona su sensei en Cobra Kai terminó fomentando su ira y llevándolo a tomar malas decisiones. En contra parte, nos muestra los defectos de carácter de Daniel bajándolo del pedestal del perfecto héroe ochentero al plano de los mortales, en especial cuando se trata de su incapacidad para dejar sus rencores de secundaria en el pasado y su torpeza al educar a sus hijos. Incluso en ciertas secuencias Daniel resulta realmente antipático.

Pero a pesar de todo, los papeles no se invierten. Ni Daniel ni Johnny son puramente buenos o malos con lo que sus personajes se vuelven profundos, tridimensionales e interesantes. Quizás lo mejor de la trama es la relación entre estos dos y el proceso de descubrimiento por el que atraviesan para darse cuenta de que no son tan diferentes.

Luego están los aprendices que aportan el tan esperado toque de nostalgia en este tipo de secuelas y que a su vez logran reproducir la esencia del Karate Kid original. Miguel Diaz que acude a Johnny en busca de ayuda para dejar de ser maltratado en la escuela y que representa todo aquello de lo que el joven Lawrence se burlaba. La relación entre ambos personajes es entrañable, con un Díaz carente de fuerza el mantra de Cobra Kai y el estilo de pelea agresivo de su sensei lo harán empezar a confiar más en sí mismo y manejarse mejor en la vida. Y como la serie va de equilibrio, por otro lado tenemos a Robby Keene, un muchacho con demasiada ira que termina siendo entrenado por Daniel y las lecciones del señor Miyagi para encontrar balance en su vida.

Pero si hay algo en lo que la serie peca es tratar a los antagonistas y a los conflictos de instituto como lo hizo la saga original. Específicamente Kayler y su grupo de matones son personajes completamente unidimensionales. que están ahí para hacer sufrir a Díaz y al resto de secundarios hasta que estos sean capaces de levantar cabeza. Y a menos que dentro de otros 30 años repitan la fórmula y rediman a Kyler en su propia serie, esto carece de sentido y traiciona lo que el argumento está intentando hacer con Johnny. Los problemas y romances que involucran a los personajes en la escuela son predecibles y en todo sentido clichés uno tras otro, aunque los secundarios en sí son lo suficientemente simpáticos para pasar esto por algo.

Cobra Kai es un ejercicio muy bien logrado que rescata la esencia de Karate Kid y la somete al paso del tiempo y la modernidad. Funcionará tanto para los fans de la saga original como para aquellos que nunca se hayan acercado a las lecciones de escoba y encerado del señor Miyagi porque la serie es perfectamente capaz de pararse por sí sola.