La mejor parodia de la vida laboral| Crítica a Aggretsuko

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Retsuko vive en Tokyo, tiene 25 años y es soltera. Hace 5 años que trabaja para una empresa y desde que empezó lo hizo, literalmente, con el pie equivocado. Y como además es una panda roja que no quiere ni sabe cómo exteriorizar su malestar y prefiere agachar las orejas ante sus jefes abusivos, los chismes de sus compañeros y el exceso del trabajo al que es sometida, su único escape es un pequeño cuarto de karaoke donde se vuelve una estrella del Death Metal.

Aggretsuko o Aggresive Retsuko es una comedia anime distribuido por Netflix y creada y dirigida por Rarecho, un hombre que además presta su voz para las canciones de Deth Metal en la serie y que aprendió a entonar este tipo de música con tutoriales en YouTube. Retsuko surgió como una mascota de la compañía Sanrio, la misma que es propietaria de Hello Kitty, a la que se le dotó de una historia curiosa por parte de los fans hasta convertirse en la perfecta parodia del oficinista.

La serie no destaca en el apartado técnico, es más, la animación en Flash a veces es tan estática que el espectador pensará que la pantalla de su dispositivo se ha congelado. Sin embargo, es magnifica como parodia de la vida cotidiana.

Ya la primera secuencia marca el tono de la serie: Retsuko saltando por un sendero de flores de cerezo, celebrando el inicio de su carrera profesional, y en seguida torciéndose el tobillo. Las cosas no serán ni de cerca como nuestra protagonista idealizó.

El ambiente laboral de Retsuko, el de los salaryman de Japón, no difiere demasiado del que se vive en México -el término Godín pega mucho en este caso-. Ella tiene que convivir diariamente con un jefe cerdo, cómo no, machista, intolerante y, aunque capaz, demasiado holgazán para participar en las responsabilidades de la empresa la mayor parte del tiempo. Con una compañera hipopótamo que se autodenomina una eminencia en los chismes y que no dudará en divulgarlos a la menor provocación, sean ciertos o no. Y con una variedad de personalidades entre amigos, aduladores de los jefes e hipócritas.

Pero también en el transcurso de los episodios vamos a descubrir que Retsuko, en parte, es culpable de su propia desgracia. Si Retsuko es responsable en su trabajo y acata sin chistar las órdenes, es más por miedo a abandonar su vida de conformidad que por convicción propia. Ella tiende a compararse con otros compañeros y al hacerlo decide que no es ni tan buena ni tan capaz. Su baja autoestima la lleva a tragarse más de un enojo porque siente que debe aferrarse a la poca estabilidad que tiene pues no encontrará nada mejor. Es por esto que en todo momento intenta mostrar una cara servicial y evitar las confrontaciones, algo que los japoneses llaman tatemae, o la fachada que uno muestra en el ámbito profesional y que dista de la personalidad real.

El único lugar donde Retsuko piensa que puede ser ella misma es en el cuarto de karaoke o en un cubículo de baño donde a ritmo de estridente Death Metal canta sus frustraciones y donde, de hecho, se encuentra más realizada que en su trabajo de contabilidad.

A base de adorables animales antropomórficos la serie habla de tropiezos, conflictos personales, relaciones amorosas, desafíos laborales, de lo que hay que hacer para pagar la renta, pero, sobre todo, es una catarsis del estilo de vida moderno para los oficinistas de veintimuchos o treintaipocos que se enfrentan diariamente a un sistema laboral que los hará identificarse con Retsuko o, al menos, con sus gritos en Death Metal.