De sacrificio y propósito| Crítica SIN SPOILERS a Vengadores: Infinity War

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Vengadores: Infinity War no necesita presentación, pero puestos a introducirla habría que destacar que no solo es la coronación -no culminación porque hay vida para el cine de superhéroes después de IW- de 10 años de meticulosa planeación cinematográfica puesta en 18 películas, sino que también es el evento más grande de la cultura pop en los últimos años.

Marvel ha construido un imperio cuyo logro más notable ha sido acercar a los superhéroes al público que nunca se interesó por las publicaciones en cómic impreso. El gusto por este tipo de historias dejó de ser un pasatiempo de nicho y pasó a ser parte de la cultura general, cosa que su competencia más cercana, DC/Warner, no ha podido lograr ni valiéndose de sus personajes más populares. Y esto es en parte porque La casa de las ideas ha sabido cimentar un metauniverso paso a paso. De entrada ya por eso vale la pena asistir al cine a ver esta película que seguro marcará un suceso importante para quienes disfrutamos del cine.

La premisa de Infinity War es sencilla: Thanos, un ser poderoso que se dedica a conquistar mundos y destruir a la mitad de su población, está en una cruzada por conseguir las 6 Gemas del Infinito, objetos inmensamente poderosos que están vinculados a las leyes del universo y que juntas vuelven a su portador omnipotente. Los únicos que podrán hacerle frente a esta amenaza serán los Vengadores, los Guardianes de la Galaxia y sus aliados que tendrán que luchar en distintos frentes por todo el espacio profundo.

El tema central de la película es el sacrificio. ¿Qué estás dispuesto a entregar para defender lo que quieres o para alcanzar tus objetivos? Tanto buenos como malos se enfrentan a este problema. Ambos bandos tendrán que decidir si vale la pena sacrificar aquello que aman por un propósito más grande que ellos.

Con tantos personajes en pantalla, lo mejor de la película es su capacidad de lograr un collage que armonice el tono de cada una de las películas individuales y no una mezcla que las homogeinice y diluya sus particularidades. Cada personaje mantiene la esencia del filme del que proviene, aportando su propia naturaleza al resultado final. Así, por ejemplo, los Guardianes de la Galaxia mantienen la composición, tanto narrativa como estética, de sus cintas con música de los 80´s, fotografía retrofuturista y humor negro algo más subido de tono que el que utiliza, haciendo una comparación, Thor.

Y cuando dos universos de superhéroes distintos se encuentran, suman para crear algo nuevo y no restan para adaptar uno al tono de otro. Esto a su vez provoca que haya interacciones interesantes entre los personajes, como el compañerismo entre Rocket Racoon y Thor o la animadversión de Dr. Strange hacia Tony (tal vez porque le recuerda a su yo antes de convertirse en el Hechicero Supremo).

Otro gran acierto de la película dirigida por los hermanos Russo es haber tomado nota respecto a las críticas negativas que se han lanzado hacia los distintos villanos de los largometrajes del universo cinematográfico de Marvel, siempre uno de sus puntos más débiles. Para esta entrega se intentó darle un trasfondo a Thanos que lo hiciera sentir más como un personaje tridimensional y menos como una botarga a la que hay que golpear para ganar. Le dieron un propósito más allá de simplemente querer poder; una brújula moral que, aunque el espectador no esté de acuerdo con ella, guía sus acciones con lógica y le hace reaccionar de manera determinada ante las distintas situaciones; y, sobre todo, relaciones interpersonales. Thanos se mostrará como un antagonista con motivaciones y sentimientos. Quizás no esté al nivel del Jocker de El Caballero de la Noche pero ciertamente parece un Thanos diferente del que apareció en películas anteriores.

Pasando a aspectos menos favorables de la cinta, el ritmo narrativo en ciertos momentos se siente irregular. Los personajes son divididos en grupo (como ya ha sucedido en los filmes de Marvel que conjuntan a demasiados personajes) y cada uno de estos tiene mini misiones distintas con lo que la trama general avanza lenta porque hay encargos que resultan interesantes y dinámicos y otros que dejan la sensación de que están ahí porque los personajes necesitaban hacer algo aunque en realidad no contribuyan demasiado a que avance la historia.

Otro problema, y uno que los Vengadores vienen arrastrando desde su primera edición, es la desproporción de grado de poder de los personajes por conveniencia para la trama. Un superhéroe puede ganar contra un secuaz más o menos poderoso y tres secuencias después caer ante enemigos que no eran tan fuertes, todo depende de lo que la trama requiera para aumentar la tensión. Esto de nota especialmente en la Bruja Escarlata, un personaje que pese a su potencial ha sido constantemente desperdiciado a tal punto que en la mayoría de sus escenas se dedica a lanzar rayos por las manos con poco efecto y a ser noqueada por estar distraída.

El acto final es lo más trepidante y deja un impacto en el espectador quien deseará que Avenger 4 llegue ya. Como opinión muy personal, apuntar que espero que las consecuencias de este final sean permanentes y no solo un bache en el camino que los superhéroes terminarán por revertir, así quizás el mensaje sobre el sacrificio tenga un mayor impacto, aunque siendo objetivos, ni Disney ni Marvel permitirían una cosa así.