Si matas algo lo matas todo o lesbianas en el espacio|Crítica a Las estrellas son legión

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El mundo que te rodea es un organismo palpitante, lo que te vuelve a ti un parásito que habita en las entrañas de una bestia gigante que a cambio de alimentarte y protegerte de las inclemencias del espacio profundo, exige de ti que, literalmente, des a luz las piezas que le hacen falta cuando lo requiera, desde engranajes de carne hasta criaturas no humanas que hacen las veces carroñeros en los intestinos del mundo-nave que llamas hogar. Este es el contexto de Zan y su historia se centra en una misión de la que no se acuerda. Despierta en una enfermería sin recuerdo alguno -vamos, que no recuerda ni su nombre-, a su lado hay una mujer que dice ser su hermana pero que le produce tanto desconfianza como una atracción sexual irrefrenable. Lo único que ella le cuenta es que para recuperar su memoria debe abordar el Mokshi, otro mundo-nave que se resiste a ser conquistado y que, de hecho, Zan ya ha tratado de invadir en múltiples ocasiones pero siempre con el mismo resultado: regresar a casa sin memoria.

Este es el planteamiento principal de la novela de ciencia ficción Las Estrellas son Legión de la autora estadounidense Kameron Hurley editada en febrero de 2017 y traducida al español en otoño del mismo año. Cabe destacar que Hurley no es una novata, de hecho es ganadora del premio Hugo, uno de los más prestigiosos del panorama literario en lo que a ciencia ficción se refiere, y con esta excepcional space opera demuestra porqué es tan relevante en la escena actual.

Ya de primera encontramos las particularidades que hacen de este relato autoconclusivo algo fuera de lo normal en el metauniverso que alberga a la historia. Si bien los relatos biopunk (que combinan la biología con la tecnología en futuros distópicos) no son nuevos, sí lo es la manera en que la sociedad interactúa con ella. Las habitantes de los mundo-naves conviven en una relación simbiótica con aquello que las rodea a tal grado que todo se recicla, incluso los cuerpos humanos que en ocasiones son utilizados para hacer pergaminos con la piel, como abono para el planeta o, incluso, como alimento. Otro ejemplo es cómo los mundos se van degradando a medida que son víctimas de una especie de cáncer y en consecuencia afectan a las distintas tribus que viven en su interior, enfermándolas y propiciando los nacimiento mutados. Los partos inducidos por la propia nave quizás sean la característica más singular porque condicionan la vida de las mujeres a parir algo que ellas no deciden en momentos que no eligen y según las creencias de cada personaje, este hecho las puede hacer sentir esclavizadas o bendecidas o, simplemente, resignadas.

El relato está contado desde la perspectiva en primera persona de Zan y de Jayd quienes se intercalan capítulos. Los de la primera nos ayudan a descubrir el mundo desde cero porque Zan sabe tan poco como el lector. Sus partes son un viaje del héroe con la caída y el ascenso de este tipo de historias, pero con situaciones realmente imaginativas y, por supuesto, cruentas. Hurley no se censura al momento de hablar de vísceras, fluidos corporales y muertes terribles porque el mundo de Las Estrellas son Legión es implacable; pero también tiene sus notas de esperanza en la relación que Zan va tejiendo con las amigas que se hace por el camino, personajes secundarios complejos, todas mujeres muy diferentes y con motivaciones distintas pero que con la convivencia van uniéndose. Jayd en cambio se enfoca más en las intrigas políticas y el suspenso psicológico. Ella es el gran amor de Zan pero también la persona que más la ha traicionado, esto lo sabemos por los monólogos internos de la propia Jayd que, cabe aclarar, se vuelven un tanto desesperantes en la medida en que aunque ella sabe toda la verdad se pasa capítulos completos sin hacer ninguna mención concreta de lo sucedido o del supuesto plan que elaboró con Zan antes de que ésta perdiera la memoria, un recurso literario que puede resultar un tanto tramposo en aras de no revelar la trama antes de tiempo y que por momentos estanca la historia de Jayd.

Si bien el detonante de los sucesos es el romance, este no es el tema principal. De hecho la autora ha dicho que se trata de una alegoría al aborto y cómo superarlo. Los partos, como se ha mencionado, son un tema fundamental aquí, se usan para poner sobre la mesa el debate de la autoridad que las mujeres tienen sobre su cuerpo, de si se debe reconocer su derecho a abortar o si el propio aborto es un atentado contra la vida. Huelga decir que en ningún momento se trata de un panfleto aleccionador pues de manera natural se nos presentan las dos posturas con sus pros y contras.

También habla sobre la conformación de las personas con base en los recuerdos. ¿Somos la suma de lo que nos pasó o de lo que decidimos hacer con lo que nos pasó? Por ejemplo, a Jayd la mueve el amor por Zan y por su gente, pero ha estado tanto tiempo viviendo bajo una jerarquía basada en el miedo que parece creer que el fin justifica cualquier medio, incluso dañar a quienes le importan. Y por otro lado está Zan, que como ha perdido la memoria es capaz de reinventarse a sí misma.

Critica al clasismo, al racismo y a la rapiña humana también están presentes en el relato haciendo del viaje de Zan y Jayd uno también intimista y reflexivo. Una historia que apartes iguales tiene acción, curva de desarrollo de personajes y un word building impecable. Por si fuera poco, al final no deja cabos sueltos y el cierre es agridulce. Quizás si algo se le puede achacar es la pasividad con la que Zan acepta de buenas a primeras hacer todo lo que le piden pese a su amnesia y que en el segundo acto el ritmo decae un poco. Por lo demás, es una novela que merece cien por ciento ser leída y analizada.

Para terminar, decir que otra de sus particularidades es que se trata de una historia con solo personajes femeninos, no se hace mención a ningún hombre, de ahí que un crítico la llamara “lesbianas en el espacio” de manera peyorativa pero que Hurley muy hábilmente tomó con humor y lo usó como subtítulo para promocionar la novela. Es más, en España existe una versión especial con una sobrecubierta que pone esa frase como si se tratara de el verdadero título. La razón de mencionarlo al final de esta crítica, aunque se trate de un aspecto fresco y relevante, es la intención de que el lector no crea que el libro solo vale porque es un manifiesto feminista en una era donde la reivindicación de papel de la mujer es tema central de la agenda mediática. Sí, el trabajo de Hurley es un manifiesto feminista, pero también es un libro de ciencia ficción en toda regla y una bocanada de aire fresco por sí mismo.