Divagaciones sobre la Tierra. II Parte

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Consulta la primera parte en el número 105 de Molino de Letras: Tierra. 

Samantha Belén Martínez Maya[1]

 

El constructo social: la conciencia humana  y sus herramientas de socialización

Los cazadores y recolectores que todavía vivieron durante el siglo xx, dejaron como huella de curiosidad sistemas tribales con estructuras acéfalas en su organización social. Es decir, donde los liderazgos y toma de decisiones fueron constantemente rotativos y determinados por la vida climática de las estepas, selvas o tundras, que tuvieron que desafiar en pos de su sobrevivencia, delegando a la unión sexual los lazos familiares, la capacidad pensante de algún miembro de la tribu, la capacidad de luchar, pero, sobre todo el cooperativismo;  virtudes necesarias para poder llevar a cabo el porvenir de las aldeas, pero sólo un tiempo determinado, el tiempo que eran necesarias sus habilidades.

Evans Pritchard, antropólogo inglés que pudo constatar esta forma de vida, dejó un legado muy profundo que desafía los pensamientos evolucionistas decimonónicos, acerca de aseverar que el liderazgo o el empoderamiento son formas “naturales” de la vida social. Además de dejar bien en claro que los liderazgos son de diversa índole para que las estructuras no se vuelvan piramidales.

Sus estudios con los Núer y las aportaciones de otros dos como él, llamados Rad-Cliffe Brown y Meyer Fortes, además de sus alumnos en Oxford, observaron diferentes clases de tribus al norte de África, entre las más conocidas los Tallensi, los Zulúes, los Azande. Sus obras se reconocen como las fundadoras de la antropología política,  al abordar cómo funciona el  poder, la autoridad y la organización en sistemas que no lo hacen alrededor de la estructura conocida como Estado.

De todas estas tribus, hablaré más sobre Los Nuer, la tribu anarquista[2] por excelencia, y no por carecer de reglas, como tantos alegan alrededor de este término, simplemente es una diferencia estructural y otro entendimiento del mundo que, por fortuna, desafió a evolucionistas unívocos, que empoderaron pensamientos de corte seudobiologicista, como el del sociólogo Herbert Spencer, quién fue el que defendió la postura de “sobrevivencia del más apto”, para insertarlo a la vida social, como si todos los grupos de la humanidad tuviéramos que tener el mismo fin y esas tribus no fueran más que un estadio previo de las configuraciones políticas del Estado y, evidentemente, de la conciencia humana que hoy conocemos.

El caso de estas tribus nos habla de su voluntad de hacer su vida política de esa forma; de que no funcionaban así sólo por aislamiento, ya que sabían que alrededor de ellas había una vida totalmente distinta, por haber sido presa de conflictos colonialistas alrededor de los intereses de Inglaterra, la cual a su alrededor finalmente sí transfirió su ideología y dividió estos grandes territorios causando un conflicto interno por intereses petroleros.

Parte del problema, pienso, es la interiorización de los conceptos políticos que aprendemos en la vida cotidiana, aquellos  que nos hacen ir asentando las verdades como tal; pero al estudiar las etnografías de estos antropólogos se puede apreciar la complejidad de estos sistemas rotativos de poder, donde la estabilidad de la aldea está por encima del interés de algún grupo en particular. Y donde incluso descubren que los rituales, o la forma de ritualizar, también generan núcleos de jerarquías poco adaptables a su vida. ¿Por qué?, porque un shamán debe contar con el reconocimiento de una comunidad para poder dirigir o ser guía de la vida espiritual; pero estamos hablando de otras prioridades, como ser cazador, mudarse constantemente, entrar en guerras “pactadas” para redistribuir los territorios, un sinfín de actividades que minimalizan los rituales haciendo coherencia con las acefalias en sus núcleos  más profundos de organización, mucho muy distinto al empoderamiento y dictatum que la Iglesia católica obtuvo a través de guerras y distintas clases de alianzas con las monarquías y con los Estados, incluso en la época moderna, que no dejaron más que otras huellas de control y opresión ideológica que todavía rondan por muchas cabezas.

Piense usted en la configuración del bien y del mal, si los dioses no son la prioridad de un grupo hacia donde se mueve el sentido de justicia y otras curiosidades profundas, pues estos individuos anarquistas, hoy casi extintos y alterados profundamente por la vida occidental al igual que otras especies biológicas, están en guerra debido a que cuentan con franjas fronterizas ricas en petróleo, que los han llevado a la militarización de sus territorios y a que ese legado cultural dejara de ser pieza clave para los puristas del centralismo y el Estado, que arguyen en las instituciones políticas derivadas de sus propios preceptos  el orden más elocuente de funcionamiento social, pese a la sobrepoblación planetaria, pese al malestar de los centralismos y la desigualdad en el acceso a cosas básicas como empleos, servicios de salud, alimento, agua; pese a la ruptura de los tejidos sociales, pese a la desaparición de las etnias por todo el mundo, pese a que sabemos que nos movemos por el orden imperante de la economía que merma nuestro sentido moral y que, precisamente, la economía está asentada sobre los bienes de la naturaleza.

Es evidente que al ser avasallante el acontecer de la vida moderna estos grupos quedan reducidos a una suerte de habitantes  con una vestimenta o una cosa “excéntrica” interactuando por ahí. Sin embargo, para estudiosos del tema la pregunta es ¿por qué hay individuos que prefirieron la acumulación, asentarse y tener conflicto por el territorio y caer en la centralización para el orden de la vida? ¿Por qué hay tribus de cazadores que, ojo, no carecen de vida política, ni les es indiferente, porque entonces viene la exclusión de la tribu, estar fuera por desobedecer el orden; pero prefieren no acumular, vivir cazando, con agricultura móvil, además de fusionarse de distintas formas sexuales, creando núcleos familiares distintos (si es que varios piensan que ahí sólo puede estar el origen de la jerarquización a trastiempo), creando pactos de guerra para restablecerse.

Es decir, se alejaron mucho de que su devenir fuera la creación de un Estado, con las características que nosotros conocemos y que hoy nos tienen al borde de la angustia porque sabemos que la democracia es todo, menos justa o representativa y que buena parte de sus conflictos están en la lejanía de la institución y el habitante que pretende hacer uso de ella.

Para David Graber –antropólogo también y de los pocos que han desarrollado escritos sobre anarquismo– estos grupos también son su fascinación. Ya que sabemos que biológicamente la especie es Hommo sapiens, que por cultura podemos decir, grosso modo, cómo diferimos unos de otros; pero el planteamiento es claro ¿por qué unos acumularon y otros no, bajo la conciencia de que podían hacerlo? En su ensayo “Fragmentos de una Antropología Anarquista” aborda las aportaciones y discusiones hechas por neurobiólogos y filosófos políticos; lo que pudo hacer diferente a esas personas, es su capacidad de sociabilizar. Lo que fue previo, no es ese orden que algunos han pensado alrededor de las tribus como organizaciones previas a un Estado, esa “totalidad imaginaria”, como él la llama, que también es una utopía y es una concatenación de ideas, no es un marcaje en nuestra sangre o adn. Decir que somos “animales políticos” no apela a un instinto, sino a la necesidad de dominar esa parte individual para separarnos de nosotros mismos y entrar en sociedad. Por tanto, las posibilidades de que haya otros tipos de macroestructuras políticas convergiendo durante el siglo xx, hace crítica a esos fundamentalismos de corte occidental, que todavía es común escuchar en planteamientos evolucionistas o biologicistas en nuestro entorno, como si la gente no pudiera ser consciente de su propia conciencia y sólo tuviera que seguir a “líderes”, sólo pudiera funcionar piramidalmente para que la aspiración sea la ascendencia a la autoridad –que no es lo mismo que gozar de poder– o sólo pudiera funcionar a partir de fronteras cerradas.

El extremo crudo de toda esta situación que movió distintas clases de fascismos y terminó en una de las peores guerras de exterminio, son ideas a fin de cuentas.

Estas tribus de nostalgia casi historicista, con su forma de vida muy singular y lejana a los sistemas centralizados de poder, podrían ser claves importantes para plantearnos otra clase de fundamentos políticos, y que hoy tal vez hace ruido, debido a la crisis de los Estados modernos por casi todo el mundo, a ese desmantelamiento atroz de la filosofía política, a partir de la actividad económica, y tan compleja de llevar a cabo.

Ellos, en cambio, son producto del error de esos sistemas de ideas, están en guerra en nombre de otros, y por intereses de un aceite que tardó millones de años en formarse, con todos los fósiles y huesos, producto del ciclo de las rocas, del que dependen buena parte de las transacciones y futuro de muchos Estados-nación de herencia europea, por un aceite que se formó al interior de las rocas.

Podemos despedirnos nostálgicamente de estas creaciones sociales, obligados a entrar a las nuevas lógicas estatistas profundamente autoritarias como el caso del nacionalismo trumpista y al desconsuelo, que al menos mi persona siente, de ver nuestra desinformación y poca formación en temas políticos, teniendo en puerta las siguientes elecciones para México, que nos está llevando a caminos sumamente peligrosos, por imponer la lógica capitalista en cada rincón del planeta Tierra, que al final es la única casa que conocemos y es un elemento que asociamos a la maternidad, tal vez por sentir de muchas maneras el respaldo y sobrevivencia que nos brinda y que, en tanto humanos, seguimos sin saber actuar como habitantes del único planeta que cuenta con las condiciones necesarias para todas las formas de vida, las ideas, los sentimientos, los inventos que dentro de ella alberga.

Es irrisorio cuando al anarquismo se le quiere tachar por su desobediencia o transgresión, ya que eso es parte de casi todos los núcleos humanos. Parece que lo común es aferrarnos solamente a tener la razón, una razón desinformada que sólo sirve para ser críticos de este pensamiento, que es de los pocos que autocritica la ética humana antes de verterse en contra de “todo”, y que reconoce que si hay autoritarismo no habrá libertad.

Pero yo no puedo decirte qué pensar. Puedo aspirar a decirte cómo pensar para que encuentres tu propia forma y reconozcas el planteamiento que cada quién tiene, cuando escucha la palabra “opresión”. Y de ahí tomar partido en organizaciones que converjan por los mismos planteamientos.

Por eso, no puede ser avasallante ni unidimensional, como otros movimientos sociales pretenden que es defender a un líder y a partir de sus “virtudes” viene la trifulca, pero también la defensa de intereses ajenos, que luego le pesan a la población. Cuando dicen, pero si él/ella antes eran de otro partido, ¿cómo pudo traicionarme? pues sí, porque él/ella no es. Detrás de él hay deudas públicas, pactos que duran a veces décadas, presión de otras naciones, por eso el planteamiento akrata habla de autogobernarse primero, si quieres hacerlo para con los demás. Converger y no imponer.

Y el liberalismo actual, pese a que su palabra lo enmarca, está dejando de ser la vía. Entre otras tantas variantes, podemos ver la explosión, estas manifestaciones de corte anarquista por tantos lugares del mundo, al igual que explotaron ante las dictaduras industriales del siglo xviii y xix, particularmente hoy, enfocadas al despojo y contaminación de territorios naturales –comenzar por verlo– que se manifiesta a nivel mundial, producto de ese férreo orden globalizante que preocupa, porque nos puede regresar a un estadio colonialista, donde sólo quienes tengan el control de los recursos, podrán llevar una vida digna y vivible, sin estar esclavizados, en caso de no morir bajo una catástrofe ambiental que se llevaría a muchas más especies con nosotros y no sabemos a qué grado puede dar un poco de luz y sensatez sobre nuestro porvenir.

Pero  para mover estos grandes aparatos que involucran filosofía, ciencia y organización, tendríamos que comenzar por nosotros mismos, cambiando nuestro propio comportamiento consumista, teniendo pautas de acción real. O también, reducirnos a la jaula virtual de la melancolía, donde los likes y tendencias que se generan nos hacen sentir un poco más vivos o revolucionarios, aunque alrededor pareciera que el tiempo está contado para la vida del único planeta que conocemos: el planeta Tierra.

Fuentes:

https://es.scribd.com/document/265921020/LA-TEORI-A-OCEA-NICA-DE-PAUL-RIVET

https://actualidad.rt.com/ciencias/180785-verdadero-origen-indigenas-america-sur

http://www.abc.es/ciencia/abci-confirman-propia-tierra-trata-evitar-cambio-climatico-sin-exito-201704051900_noticia.html

http://arqueologiamexicana.mx/mexico-antiguo/tlazolteotl-una-diosa-mexica

http://arqueologiamexicana.mx/mexico-antiguo/xochiquetzal-y-tlazolteotl-diosas-mexicas-del-amor-y-la-sexualidad

El Mito de Gea

www.ciesas.edu.mx/publicaciones/clasicos/libros/Sistemas_politicos_africanos.pdf

https://cabezasdetormenta.noblogs.org/files/2013/02/David-Graeber-Fragmentos-de-Antropologia-Anarquista.pdf

[1] Ciudad de México, 1989. Estudia Antropología Social en UAM-Iztapalapa. Contacto, dudas o comentarios respecto a este escrito: sam_cipactli9@hotmail.com

[2] En su sentido más clásico, como lo plantea Bakunin. La anarquía que plantea el cooperativismo, el intercambio de otros bienes que no son monetarios y una fuerte disposición social a no centralizar las figuras de poder alrededor de estos comportamientos. Por ende, las instituciones, en caso de existir dentro de estas tribus, son mucho más endebles, para no ser éstas el eje de estricta desigualdad entre  los individuos.